Martes, 27 Septiembre 2016 00:00 Mundo

El PP consolidó su poder en Galicia y crecen las posibilidades de formar nuevo gobierno

PSOE entra en guerra tras debacle electoral

El líder del Partido Socialista Español (PSOE), Pedro Sánchez, da un balance de las elecciones autonómicas en el País Vasco y Galicia.
El líder del Partido Socialista Español (PSOE), Pedro Sánchez, da un balance de las elecciones autonómicas en el País Vasco y Galicia. Foto: AFP

El líder socialdemócrata, Pedro Sánchez, desafía a los dirigentes críticos que tratan de destituirlo al convocar primarias el 23 de octubre y anunciar que no facilitará la investidura de Mariano Rajoy.

Gorka Castillo. Corresponsal en Madrid

Si las elecciones autonómicas celebradas el domingo en dos regiones del norte de España eran el termómetro que mediría las posibilidades del líder del PSOE, Pedro Sánchez, de formar gobierno, el examen no pudo ser más negativo para sus intereses.

En Galicia, donde la mayoría conservadora del Partido Popular (PP) controla el parlamento desde hace 8 años, los socialistas no sólo quedaron a años luz de los triunfantes conservadores sino que fueron rebasados en número de votos por una formación nueva como En Marea, la confluencia de Unidos Podemos con agrupaciones locales a favor del cambio. Por si esto fuera poco, la apuesta política de Sánchez adquirió en Euskadi un tono casi mortuorio tras recibir el peor resultado de la historia en un territorio donde el arraigo del socialismo institucional siempre pareció inquebrantable.

Ayer, en plena digestión electoral, Mariano Rajoy llegaba a la sede central del PP con un indisimulado gesto de satisfacción al ver cómo, ahora sí, crecen sus posibilidades de llegar a la presidencia del gobierno de España mientras que al PSOE parece haberle llegado su hora. Para evitar la inminente destitución que ya preparaban sus críticos dentro del partido, el cuestionado líder socialdemócrata aprovechó ayer el control que aún mantiene sobre algunos aparatos de poder en el PSOE para convocar elecciones a la secretaría general el 23 de octubre, 8 días antes de la fecha límite establecida para la formación de un gobierno que eviten los terceros comicios generales en un año.

Sánchez confirmó que “por supuesto” que se presentará a la reelección como líder del partido y defendió un PSOE “claramente de izquierdas y diferenciado del PP, con capacidad de diálogo y con un proyecto autónomo, fuerte y unido”.

Sánchez también reafirmó su intención de formar un gobierno alternativo, tras ratificarse en su rechazo al PP pero con la vista puesta en evitar terceras elecciones. “No hay más opciones. O se apoya a Rajoy, o terceras elecciones o gobierno alternativo de cambio”, dijo. Para lograrlo avanzó que abrirá negociaciones con Ciudadanos y Unidos Podemos, “las fuerzas del cambio”, dejando cerrada la puerta, por el momento, a los partidos nacionalistas vascos y catalanes debido a su decidida defensa del “derecho a decidir” y de las vías soberanistas. Una ecuación difícil de encajar y que ya muestra indicios de que obtendrá un sonoro fracaso.

Aunque fuentes cercanas a la dirección socialista calificaron la iniciativa de Sánchez como “una jugada maestra”, su capacidad de llegar a acuerdos para desplazar a Rajoy se ha restringido considerablemente al negarse Ciudadanos a negociar nada que no sea la abstención del PSOE para permitir la investidura del candidato del PP.

Su líder, Albert Rivera, cuyo partido no logró ni un solo representante en Galicia y Euskadi, lanzó un jarro de agua fría sobre las aspiraciones de Sánchez al insinuar ayer que espera que su gran rival dentro del partido, la andaluza Susana Díaz, y el resto de los críticos terminen por reconducir la posición actual de los socialistas hacia una negociación con el PP que facilite la formación de un gobierno y evite nuevos comicios en plena navidad.

En plena escalada de hostilidades internas en el PSOE, a Pedro Sánchez le queda el consuelo que ayer se hizo público la ruptura del pacto que unía a Podemos con los socialistas castellanos y que permitió ascender a la cúpula del poder regional a Emiliano García-Page, uno de los críticos más feroces del actual secretario general y partidario de facilitar un ejecutivo en España presidido por Mariano Rajoy.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, aseguró que esta ruptura es consecuencia de “un flagrante incumplimiento del acuerdo programático entre ambas formaciones, sobre todo en aspectos como la renta básica o la reversión de los recortes en ámbitos como el sanitario”. Fuentes de la formación morada indicaron a este diario que apoyar en estas circunstancias a García-Page, “uno de los barones socialistas más opuesto a la formación de un gobierno de cambio en España era incoherente” para la fuerza de izquierda.

Pese a la imagen cohesionada que ayer trató de mostrar la dirección de Podemos, también hubo fuertes disputas a la hora de analizar el fracaso relativo cosechado en las elecciones autonómicas gallegas y, sobre todo, en Euskadi, donde había ganado los dos últimos comicios celebrados pero que el domingo recibió un severo correctivo al caer a la cuarta posición en el parlamento regional con mayor capacidad legislativa de todo el país. (I)

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