Domingo, 25 Septiembre 2016 10:47 Mundo

Las elecciones regionales deciden el futuro político de España

Las mesas electorales abrieron a las 09:00 locales. Los 1,7 millones de electores vascos y los 2,7 millones de gallegos podrán votar hasta las 20:00.
Las mesas electorales abrieron a las 09:00 locales. Los 1,7 millones de electores vascos y los 2,7 millones de gallegos podrán votar hasta las 20:00. Foto: AFP
Gorka Castillo, corresponsal en España

El enredo interminable de la formación de un gobierno de España podría tener los días contados. Sobre todo, si uno de los dos partidos políticos que aspiran a gobernar, el PP y el PSOE, fracasa en las trascendentales elecciones autonómicas que se celebran este domingo en Galicia y Euskadi. Ambos comicios han adquirido un carácter tan decisivo en los inminentes contactos que preparan las fuerzas parlamentarias para armar un ejecutivo sólido tras nueve meses de vacío que hasta el conservador Mariano Rajoy y el socialista Pedro Sánchez, los dos candidatos irreconciliables, decidieron sacar toda su artillería pesada de Madrid para continuar con su intercambio de golpes en estas dos regiones del norte de España. Nunca antes había sucedido algo semejante.

Si los pronósticos demoscópicos aciertan, algo poco probable a la vista de los últimos resultados electorales en España, los dos partidos mayoritarios sufrirán considerables retrocesos en ambos territorios.

En Galicia, donde el PP gobierna con mayoría absoluta desde hace 8 años, el triunfo conservador no corre peligro aunque nadie se atreve a pronosticar si esta vez lo logrará con la rotundidad de las citas anteriores. El elemento novedoso es la presencia por primera vez en unos comicios autonómicos de Unidos Podemos que, tal y cómo está evolucionando el escenario español, se interpondrá en la lucha bipartidista que siempre ha caracterizado a la política gallega. La formación de Pablo Iglesias cuenta aquí con un componente favorable como fue su apacible confluencia con corrientes locales a favor de un cambio bajo el nombre de “En Marea” y que en otras provincias españolas ha lastrado su empuje arrollador. Las encuestas les sitúan a la altura del PSOE en intención de voto aunque de nada servirá un probable pacto entre ambas formaciones si el PP repite su holgada mayoría.

En caso contrario, Mariano Rajoy verá como pierde uno de sus bastiones preferidos del país y con él, buena parte de sus deseos de reintentar en octubre un asalto a la presidencia del gobierno.

Este panorama gallego poco o nada tiene que ver con el que se dibuja 350 kilómetros hacia el este de la península ibérica. Euskadi es territorio vedado para el PP. Sus resultados electorales siempre han sido mediocres, quizá por su nula gestión del arraigado sentimiento que existe en esta comunidad por una identidad propia. Como en Cataluña pero con algunas y significativas diferencias. La más importante reside en que será aquí donde Pedro Sánchez puede estar jugándose su supervivencia al frente del PSOE.

Al abrigo de la formidable industria siderúrgica que floreció a mediados del siglo pasado, el socialismo español cinceló aquí una impresionante plataforma de apoyo proletaria. Cientos de manos llegadas de Extremadura, Andalucía o Murcia convirtieron al PSOE en un muro de contención frente a las aspiraciones nacionalistas de crear un Estado propio. Incluso frente a la violencia de ETA. Pero todo esto ha cambiado. El debate atávico de los vascos entre independencia y España parece agotado.

Y a este escenario ha aparecido una formación como Elkarrekin Podemos (EP) que se presenta en Euskadi con un discurso tan vigoroso que hasta los augures de las dinámicas electorales se encuentran descolocados ante la posibilidad que ni siquiera el trasvase de votos entre fuerzas nacionalistas y nacionales que siempre se produce en función del alcance territorial de los comicios será esta vez capaz de frenar.

La comunidad vasca vive hoy enfrascada en una transformación de conceptos que no existe en el resto de España con la excepción, quizá, de Cataluña. El antagonismo identitario clásico de los vascos, el que enfrentaba a nacionalistas y constitucionalistas españoles por el cetro político y que tanta sangre derramó, se ha diluido a favor de una puja entre el reconocimiento de la plurinacionalidad de España frente al independentismo y entre un eje muy nítido por la defensa de un equilibrio del bien colectivo y el bien individual. Y aquí es donde el PP y el PSOE han quedado descolocados.  Los conservadores viven sentados sobre un polvorín de disputas internas sobre el fin de ETA y declaraciones intempestivas sobre los inmigrantes que agitan negativamente a toda la formación. Los socialistas, casi siempre segundos tras los nacionalistas conservadores del PNV, tampoco han sabido cómo adaptarse.

Hasta hace unos años, el 60% de la población vasca que se reconocía socialista o socialdemócrata no tenía duda que su voto era para el PSOE. Estudios realizados tras la irrupción vigorosa de Podemos han detectado que los la formación de Pablo Iglesias le ha arrebatado dos tercios de ese electorado. Y si los socialistas sufren la debacle que todas las encuestas pronostican, el futuro de Pedro Sánchez quedará al borde del despeñadero, sin posibilidad alguna de ganar ese Comité federal de urgencia en el que pretende liquidar la incendiaria oposición que tiene dentro de su partido.

Ante este panorama puede comprenderse que los dos grandes aspirantes a presidir el gobierno de España encaren los comicios vasco y gallego con el mismo temor que en Holanda despertaban los tercios de Flandes. (I)

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