Martes, 04 Octubre 2016 00:00 Mundo

La derrota del secretario general, Pedro Sánchez, provoca la mayor división en la historia del socialismo español

El PSOE se inclina por la abstención a Rajoy

Los militantes del líder español del PSOE, Pedro Sánchez, se reúnen frente a la sede del partido en Madrid.
Los militantes del líder español del PSOE, Pedro Sánchez, se reúnen frente a la sede del partido en Madrid. Foto: AFP

La comisión gestora señala que será el Comité Federal el que defina la posición del partido sobre la formación de un gobierno conservador. El presidente del grupo se opone a terceras elecciones.

Gorka Castillo y agencias. Corresponsal en Madrid

La comisión gestora del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que preside el presidente asturiano Javier Fernández, se reunió ayer por primera vez, pero para tratar temas orgánicos y sin decidir si facilitará un gobierno de la derecha para poner fin al bloqueo político en España.

No obstante, Fernández adelantó que su partido mantiene la resolución del Comité Federal de votar en contra de Rajoy, si bien precisó que “abstenerse o apoyar no son la misma cosa” y que “la peor de las soluciones es ir a elecciones”.

Pero Fernández afirmó que el órgano que dirige “no es una dirección política”, por lo que corresponderá al parlamento del partido, el Comité Federal, fijar una posición, en una fecha por determinar.

La guerra interna del PSOE concluyó a la medianoche del sábado con daños quizá irreparables en una formación con 135 años de historia. Los vestigios del socialismo español ahora son dirigidos por una gestora compuesta por 10 miembros bajo la estricta supervisión de la presidenta andaluza del partido, Susana Díaz, tras la dimisión del secretario general, Pedro Sánchez, quien defendió el ‘No’ rotundo a permitir un nuevo gobierno del conservador Mariano Rajoy.

La misión a la que tendrá que enfrentarse la administración interina será decidir la manera menos traumática de explicar a su militancia, mayoritariamente favorable a Sánchez, la abstención de los 85 diputados socialistas del Congreso para facilitar la formación de un gobierno a Rajoy, quien evalúa someterse a una nueva sesión de investidura. En caso de no hacerlo antes del 31 de octubre, España volvería a celebrar elecciones generales en diciembre, las terceras en un año, y las consecuencias para el PSOE se presentan aterradoras.

Con una militancia en pie de guerra, la amenaza de unos comicios podría significar el derrumbe completo de un partido sobre el que ha pivotado la débil democracia española desde hace más de 40 años.

“Hemos llegado a un punto de comportamiento sectario, no quiero decir que todos lo hayan cometido, pero la situación del partido es de un desgarro tremendo”, describía José Antonio Pérez Tapias, ya exmiembro del Comité Federal del PSOE

De esta forma, se desvanece por completo cualquier posibilidad de que los socialistas intenten formar un ejecutivo de cambio con Unidos Podemos y otras formaciones parlamentarias, tal y como pretendía Pedro Sánchez.

Las reacciones en el resto de formaciones políticas a este cambio de rumbo del PSOE no se hicieron esperar, excepto en el PP. Quien alabó el traumático desenlace del Comité Federal fue el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, para quien la salida de Pedro Sánchez supone el fin del bloqueo institucional al que, a su juicio, había llevado la negativa del exlíder socialista a facilitar un ejecutivo presidido por Mariano Rajoy.

“Los españoles no tienen más tiempo ni merecen más bloqueo. Nadie está por delante de España. Solo saldremos adelante con cambios y diálogo”, declaró.

Todo lo contrario de lo que pudo escucharse en Unidos Podemos. Para Pablo Iglesias, el triunfo de Susana Díaz en el PSOE “significa que han ganado los partidarios de dar el gobierno al PP y a la corrupción”. (I)

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