Viernes, 25 Noviembre 2016 00:00 Cartas al director

Por la fiesta de la cultura

Cartas al Director

Cayambe, 22 de noviembre de 2016

Sr.

Licenciado Orlando Pérez
Director de diario EL TELÉGRAFO
Presente.-

De mi consideración:

Voy a referirme a la lectura en el sentido más conmovedor y complejo: la lectura literaria; aquella que invade toda la poderosa imaginación humana, trasladada a la palabra escrita, que crea mundos y recrea universos, que inventa dioses y describe rostros mortíferos impresos de infernales manías; que novela historias trágicas y épicas, realistas y fantasmagóricas; románticas y apasionadas, históricas y vivenciales, míticas y ciertas; inverosímiles y mágicas, morales y criminales, policiales y políticas; anecdóticas y paradójicas, humanas e inhumanas, misteriosas y horripilantes.

Esas lecturas que atrapan al lector mientras descansa al amparo del sosiego; que absorbe el tiempo de quien lee y los minutos se hacen horas o las horas minutos y el día acaba y la noche comienza y continúa con el libro en las manos y con la mente ansiosa en saber cómo será el fin de la historia; y que genera elucubración del pensamiento propio ante la invención y decisión ajena del que escribió la historia.

Esto es el leer novelas y cuentos. Es más bien un poco o un poquitín de lo muchísimo que ocasiona el itinerante y fascinante mundo lector de novelas y cuentos.

Pero también quiero hablar del mundo del lector que lee poesía. Aquí, la palabra es un juego alucinante y armonioso de pensamientos fugaces o eternos; aquí, la palabra es magia o sufrimiento, vericueto o camino; amalgama o síntesis, imán o tejido, tormenta o brisa. Aquí, en la poesía, la palabra transmite nostalgia y pesar con melancolía o duradero gozo musical y festivo; la palabra trasciende en el desvarío significativo con pudor enfermo o placer dichoso, con cautela y calma sombría o éxtasis de alborozo y vigor con brío.

La poesía y su lectura es todo eso que tiene rima, ritmo y sonido; voz y pausa, entonación y suspenso; embriaguez y preguntas, sosiego y atolondramiento, musicalidad y ensimismamiento; imaginación con desmesura o placidez efímera; es estética al aburrimiento o un donaire al estremecimiento. (O)

Atentamente
Diego Jarrín Terán
C.C. 1707006886

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