Las redes sociales, ¿nido de cobardes?

- 15 de marzo de 2017 - 00:00

José Mujica, expresidente de Uruguay, estuvo en Ecuador como veedor de los comicios. El líder político hizo un pronunciamiento respecto de las redes sociales en el que sentenció: “A veces las redes son el nido de los cobardes que no dan la cara”.

Los temas penales ahora se ventilan en las redes sociales. ¿Somos una sociedad de abogados-litigantes? ¿Pero quiénes son esos sujetos para José Mujica?:

Cobardemente buscan en los recovecos del lenguaje, los cromos y las palabras, impunidad para sus expresiones injuriosas, aun cuando su objetivo es destruir la honra y desorientar.

En las redes sociales, los infamadores, ‘hábiles’ al no atreverse a imputar las ofensas o agravios de forma directa, se dan modos para fabricar, tejer, acomodar y luego publicar lo que no se atreven a decir.

El mágico ocultamiento tras el anonimato de las redes sociales otorga un poder mítico al calumniador, y pretende que sus aseveraciones sean consideradas ‘sagradas’; quienes no comparten sus ‘argumentos’ son vejados y bloqueados.

Estos comportamientos son considerados por la doctrina penal como calumnia oblicua o indirecta y sí están sancionados por el Código Orgánico Integral Penal. Todo calumniador, calumnia a sabiendas, pero en ocasiones lo hace sesgadamente. Esa conducta -injuria oblicua- es más peligrosa por revelar una monumental cobardía. El agresor, pensando en la impunidad, no se atreve a decir las ofensas en la cara o revelar la real intención de sus palabras.

Los infamadores ‘hábiles’, por ejemplo, difunden maliciosamente un hecho falso como si fuera cierto y al final agregan un inocente mensaje: “solo comparto con ustedes para que no se difame”, y hasta lo cierran con una expresión tan trillada como hipócrita: ¡Bendiciones!

Los infamadores ‘hábiles’ buscan cobardemente la impunidad ante la ofensa dejando una puerta abierta que otorga un sentido ‘recto y justo’ al descrédito y la deshonra generados por su mensaje.

La calumnia, como delito, y las expresiones de descrédito o deshonra, como contravenciones, se consideran conductas prohibidas por el Código Orgánico Integral Penal. El honor de las personas tiene protección constitucional. En las redes sociales se viola minuto a minuto el principio constitucional de inocencia de las personas agredidas.

Al ingeniero Jorge Glas Espinel, en las redes sociales, le acusan de corrupción. En su contra, no hay denuncias sustentadas. En internet hay un montón de denuncias sin pruebas. Los maliciosos denunciantes advierten que judicializarán todo cuando exista una justicia independiente -léase justicia controlada por ellos-, imparcial y que garantice la igualdad ante la ley.

El presidente de la República, Rafael Correa Delgado, confía en la honestidad y conducta sin la más mínima contradicción del ingeniero Jorge Glas Espinel. Sintonizados con el respaldo presidencial, más de dos millones quinientos mil ecuatorianos en las urnas -en primera vuelta electoral- le dieron un voto de confianza a Jorge Glas Espinel, vicepresidente constitucional de la República.

La razón: el pueblo de Ecuador no traga cuentos; es un pueblo tranquilo, noble y talentoso, pero no es bobo. (O)

Atentamente
Juan Rogelio Campaña Zurita