La mano extendida

- 12 de Julio de 2017 - 00:00

Realmente preocupa que el presidente Moreno no haya tenido el debido cuidado ni precaución cuando, en su mensaje de posesión, con la mejor de las intenciones, invocó a todos los sectores de la sociedad ecuatoriana a un diálogo abierto en procura de una lucha conjunta por los intereses nacionales. Y es que en ninguna forma reparó que en la mayoría de los casos iba a extender la mano a aquellas agrupaciones de las más rancias élites oligárquicas que, arrogándose cínicamente la representatividad del pueblo a través de políticos y partidos tradicionalmente corruptos, desde hace ya una década han venido destilando odio visceral contra el gobierno de la Revolución Ciudadana, responsable directo de la merma o clausura de la comisión de sus millonarios ingresos, que años atrás, con total libertinaje e impunidad, atracaban de los recursos del Estado.

En términos claros, ¿cabe siquiera dialogar con los PSC, PRE, MG, SP, ID, MPD, DP, esto es, consensuar con verdaderas mafias de la partidocracia ecuatoriana? ¿No son estos quienes, a raíz de la presidencia del extinto Roldós, evidentemente hundieron a la mayoría de ecuatorianos a supervivir en condiciones miserables? ¿O es que el presidente Moreno, por la conciliación nacional, ha perdonado y olvidado a los auténticos responsables del saqueo del petróleo, de la inmoral deuda externa, de la sucretización de la deuda privada, de la tramposa dolarización, del feriado bancario, de los evasores de impuestos, de los que repatrian fortunas a paraísos fiscales?, ¿dónde quedó el ofrecimiento de una operación quirúrgica para extirpar de raíz la corrupción, sea de quien sea o venga de donde venga? Porque si ya no existe tal compromiso, entonces, bienvenidos al diálogo: prófugos y autoexiliados, dictócratas, banqueros ladrones, periodistas asalariados, locos que aman, matracas, pichicortes y toda la caterva de politiqueros que nos gobernaron hasta principios del nuevo siglo; y por si fuera poco, habrá que invitar desde los infiernos a quien antes fungía ser el dueño del país.

De allí que asombra que el presidente Moreno, en vez de buscar opciones de colaboración a verdaderos ciudadanos patriotas y comprometidos con el país, como los hay, y muchos, dentro y fuera del movimiento que lo llevó al poder, tenga que acudir a verdaderos descalificados, como lo acaba de hacer con los excandidatos PSC y PRE, precisamente lo más representativo de la inmoral partidocracia en Ecuador, más aún con el agravante de que ambos, en la última contienda electoral, se convirtieron en sus mayores detractores y difamadores cuando impúdicamente pasaron a engrosar las filas de la candidatura del banquero.

Por lo expuesto, llama a indignación que mientras el presidente Moreno, en su loable gesto del perdón y olvido, busca acercamientos con los mandamases de las agrupaciones políticas in extremis opositoras, como los alcaldes de Quito y Guayaquil, los contertulios de estos en la Asamblea, de la mano con los medios mercenarios ‘libres e independientes’, cada vez intensifican la sucia campaña por tumbar al mismísimo Vicepresidente elegido democráticamente por los ecuatorianos.

¿Acaso esto no se llama conspiración? Queda claro, señor Presidente, que ni bien extendió su mano, con ímpetu carnicero, un poco más y se la van a cercenar. Lo cual resulta muy obvio cuando, en aras de la armonía y la paz, se quiere dialogar, consensuar o negociar con pérfidos y facinerosos. (O)

Jacinto Alejandro Henríquez Barzola