Desempleo de las mujeres en América Latina: un reto clave para el futuro

- 08 de marzo de 2017 - 00:00

La incorporación de las mujeres al mercado de trabajo de América Latina y el Caribe ha sido una tendencia constante y positiva durante las últimas décadas. Pero en 2017, en tiempos de aumento del desempleo y la informalidad, nuevamente surge la necesidad de insistir en la igualdad de género para generar más y mejores empleos para las 255 millones de mujeres en edad de trabajar que viven en esta región.

Casi la mitad de esas mujeres, 126 millones, ya forman parte de la fuerza laboral, lo cual es un logro importantísimo alcanzado a lo largo de muchos años. Una vez más, sin embargo, es importante recalcar que no podemos bajar la guardia.

Durante el último año, cuando la marejada de crecimiento lento o en algunos casos de franca contracción económica que azota la región impactó de frente al mercado laboral, produciendo una abrupta alza del desempleo y también el deterioro de algunos indicadores de la calidad del empleo, fue evidente que la situación afectaba en mayor medida a las mujeres.

La tasa de desocupación promedio regional de las mujeres subió a niveles que no se veían desde hace más de una década en América Latina y el Caribe, a 9,8%, es decir al borde de los dos dígitos. Si se mantienen los pronósticos de falta de dinamismo económico la tasa promedio puede pasar del 10% en 2017.

Esa tasa de desocupación de las mujeres subió 1,6 puntos porcentuales, por encima de la variación de los hombres, que aumentó 1,3 puntos porcentuales. De los 5 millones de personas que se incorporaron a las filas de desempleo, 2,3 millones eran mujeres. Esto significa que hay unas 12 millones de mujeres que están buscando empleo en forma activa, pero no lo consiguen.

La participación de las mujeres en la fuerza laboral continuó aumentando durante el último año. A nivel nacional (rural+urbano) la tasa de participación de las mujeres pasó de 49,3% a 49,7%. Esto es siempre una buena noticia. Pero aún así continúa muy por debajo de la de los hombres, que es de 74,6%.

La contrapartida negativa fue que la tasa de ocupación de las mujeres, que mide el nivel de demanda de mano de obra, disminuyó de 45,2 a 44,9%. La de los hombres también experimentó una baja parecida, aunque es bastante más elevada, en 69,3%.

El último informe de Panorama Laboral de América Latina de la OIT, también destacó que la menor actividad económica se ha reflejado en tendencias a la disminución del número de trabajadores asalariados, aumento de los empleados por cuenta propia, disminución en los salarios formales, que forman parte de las señales de un aumento en la informalidad.

Las estimaciones más recientes sobre informalidad de las mujeres indican que casi la mitad de la fuerza laboral femenina está en estas condiciones, que habitualmente implican inestabilidad laboral, bajos ingresos, falta de protección y derechos.

Alrededor de 70% de las mujeres se desempeña en el sector de servicios y comercio, donde las condiciones precarias aparecen con facilidad, incluyendo la carencia de contratos. Además unas 17 millones de ellas realizan diversos trabajos de índole doméstica. (O)

José Manuel Salazar-Xirinachs
Director Regional de OIT para América Latina y el Caribe   

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