Comercio justo

- 21 de Junio de 2017 - 00:00

Recorriendo el agro ecuatoriano, conversando animadamente con todos los niveles de productores agropecuarios, de los más sencillos aprendo y recuerdo grandes verdades que en su momento se vuelven grandes enunciados para desarrollar una adecuada política agropecuaria.

Ya hemos mencionado que la intermediación es el enemigo letal de la agricultura, logrando en sus ganancias la mayor parte de toda la cadena productiva, mientras que el productor muchas veces solo alcanza a cubrir costos de producción en el mejor de los casos.

En 1958 nació en Holanda una corriente para hacer más equitativa la relación comercial entre productores y consumidores, conocida como comercio justo, se ha convertido en una forma alternativa de comercio promovida por grupos sociales, políticos, ecologistas, pacifistas, Organización de las Naciones Unidas (ONU). El fin es mantener una relación comercial basada en el respeto, transparencia, con sustentabilidad económica, social y ambiental entre ambas partes, es decir, entre productores y consumidores de los países que manejan este concepto. Es importante recordar que en Europa ya existen muchas empresas importadoras que se manejan con los postulados del comercio justo.

En nuestra realidad regional, cabe mencionar que se ha realizado comercio justo desde tiempos precolombinos, desde las actuales costas manabitas las balsas manteño-huancavilcas surcaban las costas hasta la actual Panamá para comercializar con los diferentes pueblos de esa ruta, productos agrícolas, artesanías en oro y plata, piedras preciosas -como la esmeralda-, cerámicas utilitarias. De allí la genética del manabita por el comercio y el trabajo visionario.

En la región andina de Sudamérica, desde tiempos ancestrales, se realiza comercio justo entre las comunidades. En la ciudad de Cuenca muchas veces tuve la oportunidad de disfrutar junto a buenos amigos de la Feria de Ganado los jueves, donde se comercializan especies, desde aves, cerdos y cuyes hasta ganado mayor, incluso variedad de comidas criollas, emulando claramente como se hacía desde tiempos ancestrales.

Hoy por hoy, por la necesidad de mejorar el nivel socioeconómico de los productores, se buscan alternativas de comercio justo. Una forma original y concebida a partir de la Ley de Economía Popular y Solidaria (EPS) y desarrollada por la Dra. Olga Gray en la ciudad de Quevedo, provincia de Los Ríos, es la red de tiendas populares, ejemplo digno de ser emulado por los demás GAD del país.

Considero que es tiempo de que las organizaciones agropecuarias industrialicen sus propias materias primas y nos volquemos a la agroindustria asociativa. Que los maiceros fabriquen balanceados, los lecheros empaquen bebidas lácteas, los arroceros presenten su gramínea en empaques atractivos y con marcas propias, y todos pensar en exportar a países que manejen el concepto de comercio justo.

Recordemos que si el sector agropecuario está bien, está bien la economía del país. (O)

Atentamente

Pedro Pablo Jijón Ochoa

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