El turismo familiar motiva a comuna Libertador Bolívar

| 02 de Septiembre de 2017 - 00:00
Los colores de las hamacas y las artesanías al filo de la carretera llaman la atención de los conductores.
FOTO: Foto: cortesía

En la Ruta del Spondylus los ciudadanos se capacitan en temas culturales y ecológicos para atender a los visitantes.

Preocupados por cuidar el medio ambiente y en busca de nuevas alternativas de desarrollo, los comuneros de Libertador Bolívar, en la provincia de Santa Elena, proponen alternativas para disfrutar de un turismo familiar con responsabilidad.

Este paradisíaco lugar está ubicado en la Ruta del Spondylus, en el kilómetro 50, entre Manglaralto y Montañita. Ofrece a los clientes la oportunidad de hospedarse en cabañas frente a la playa. Las familias ofrecen deliciosos platos con productos del mar en restaurantes a lo largo de la vía. Además, existen tiendas que promocionan artesanías de todo tipo.

Libertador Bolívar está poblada por familias dedicadas a la pesca. Luis Coronado, presidente de la comunidad, recuerda que en 1998 cuando fueron afectados por el Fenómeno de El Niño, pensaron que todo había terminado, pero en realidad en medio de la desgracia vieron en el turismo uno de los principales medios para salir adelante.

“Libertador Bolívar se regocija en la idea de progresar, pero cuidando el medio ambiente, ese legado que nos dejaron nuestros ancestros. Los moradores queremos tener ese vínculo entre los visitantes y nuestra cultura”, señala Coronado.

Este lugar se ha caracterizado por acoger un turismo familiar. No hay grandes discotecas ni bailes públicos como en Montañita, “la gente viene a descansar y a relajarse en cuerpo y alma”, enfatiza Coronado. Los visitantes disfrutan de caminar en la playa, cabalgan por senderos ecológicos, compran sus artesanías, degustan de la gastronomía y vuelan en parapente.

Los pobladores reciben capacitación en temas culturales y ambientales para compartir con los turistas. “Una de las características de los cholos peninsular es que somos pequeños, pero también grandes de corazón, amables con los visitantes que pasan a ser nuestros amigos”, destaca orgulloso Coronado.

Color y arte al filo de la vía

Cada miembro de la familia tiene una responsabilidad. Los hombres atienden los negocios y las mujeres tejen o preparan la comida para los turistas. Foto: Cortesía

Libertador Bolívar es una comuna colorida. Las hamacas y lámparas multicolores decoran el panorama y captan la atención de los conductores; las mujeres tejen, los hombres atienden.

Las artesanías hechas en concha, madera y caña cautivan por la creatividad aplicada. El sombrero de paja toquilla es infaltable, la materia prima es adquirida en Sinchal, una comunidad aledaña, ubicada en la pequeña cordillera. “Los costos son muy asequibles. Cada año, a partir de noviembre, nos vemos obligados a aumentar la producción para cubrir la demanda”, señala el artesano Tito Galdea.

Los artesanos de Libertador Bolívar son capaces de elaborar desde un pequeño banco hasta una casa con la caña guadúa. También trabajan con la madera, pero están conscientes de que para crear un juego de muebles se necesita tumbar un árbol de 40 o 50 años de antigüedad. Para evitarlo siembran la caña que en cuatro años estará lista para ser trabajada. Un juego de sala se puede adquirir en $ 500.

El parapente es uno de los deportes que más llama la atención de los visitantes y se lo practica en Playa Bruja. El recorrido se realiza con un piloto experimentado. El vuelo dura aproximadamente 15 minutos, no se necesita experiencia.

El uruguayo Matías con 18 años de experiencia volando en parapente se encarga de llevar de paseo a un pasajero. Él maneja la nave que vuela con la fuerza del viento. “Cuando surcas el cielo, sientes una relajación extrema única e incomparable”, señala Jimmy Reyna, de Daule, quien se lanzó sin pensarlo. (I)

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