Sábado, 16 Septiembre 2017 00:00 Guayas

El ‘encanto’ de Isidro Ayora está en sus hamacas de paja mocora

Las venta de artículos se desarrolla desde antes de la construcción de una carretera en este cantón.
Las venta de artículos se desarrolla desde antes de la construcción de una carretera en este cantón. Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

El tejer este tipo de artículos es tradicional en este cantón que compra parte de la materia prima a manabitas.

Redacción País Adentro

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El valor comercial de estos artículos varía según el tejido que se realice

El recuerdo más vívido, que tiene Gardino Amador Martillo Morán, de 86 años, es el de su abuela sentada tejiendo una hamaca de paja mocora, en el cantón Isidro Ayora, provincia del Guayas.

Gardino menciona que el negocio lo continuó y amplió hace 50 años pero que desde los 5 años él ya estaba involucrado en esta actividad que con el paso de los años resultó ser su herencia cultural.

El cantón, ubicado a 54 km de Guayaquil, fue conocido en la antigüedad como la parroquia Juan Soledad. Hoy en día es un punto de referencia provincial y nacional para el turismo de artesanías.

Gardino, parado junto a unos petates y en el centro de un centenar de materiales relacionados con esta actividad, afirma que en los años en que las carreteras no existían, los habitantes del poblado encontraron en los tejidos —tal y como lo hizo su familia— una alternativa a los trabajos de sembríos con algodón.

“Era normal ver a nuestros abuelos y padres sentados en los portales con la cabeza agachada tejiendo mientras que los niños no éramos ajenos a esta actividad ayudábamos en lo que nos pedían”, refiere.  

El hombre de cabellera con pocas canas —a pesar de la edad— menciona que las ventas de las hamacas eran otra cosa. Había compradores  quienes, con animales de carga, transportaban los productos hasta Nobol. Luego los trasladaban en lancha a casas de Guayaquil.

Gardino, sentado en una mecedora, está atento al paso de los buses interprovinciales para Manabí, y de los autos particulares que llegan al cantón con turistas. 

En la atención del negocio de Gardino lo acompaña su hijo, Franklin Martillo Alvarado. Permanecen de 06:00 a 22:00 para evitar robos.

En el proceso de venta está siempre Martillo, quien recibe a los posibles clientes y ofrece entre las manualidades los productos importados que también se venden junto a los nacionales.

“La diferencia entre una hamaca de tela y una hamaca de paja mocora es que la orgánica es más fresca e, incluso, con seis años de vida útil, se la considera más duradera”.

Dentro del inventario de objetos puestos a la venta están carteras,   sombreros, bolsos, sillas, alfombras, portarretratos y sombreros con la paja mocora y de distintos materiales vegetales y no vegetales.

El local vende de manera permanente varias docenas de hamacas de tela y unas ocho de paja mocora así como petates del mismo material con valores que oscilan entre los $ 5, $ 8 y hasta $ 45. Estos costos dependen del tipo de hilado con el que se trabajó. 

Las hamacas pueden costar unos $ 120 para dos personas y $ 150 las más grandes. En el caso de que sean de tejido suave pueden llegar a valorarse hasta en $ 300. La paja mocora se obtiene desde del cantón de Paján, provincia de Manabí.

La confección —en sus manos expertas— puede demorar, según el tipo de entrelazados que se realice, un mes de trabajo. Los productos se suelen vender en mayor cantidad en las festividades patronales o de cantonización, fines de semana y feriados. 

En este sitio, los puestos de ventas se han multiplicado en los últimos años, generando un panorama atractivo a la vista de los visitantes.

De este grupo de comerciantes se destaca Henry Martillo, quien ha dedicado 10 años de sus 42 de vida a la compra, venta y distribución de estas mercaderías. 

Martillo, menciona que se involucró en este negocio luego de perder su empleo en una avícola que funciona cercana al cantón.

“El trabajar aquí no solo mejoró mis ingresos económicos sino que me dio la oportunidad de pasar más tiempo junto a mi esposa e hijos. Además siento que ayudo a mantener una tradición no solo por la confección sino por las personas que se dedican a la venta”, refirió.

La jornada arranca desde las 06:00 hasta las 07:00 en el local  tiene una inversión superior a los  $ 4 mil, valores que pueden generar al mes unos $ 600 de ganancias.

Desarrolla su actividad junto a su esposa Karina Álvarez, con quien aprendió —con los años— que el cliente buscará reducir el precio por eso se puede regatear y así hacer una venta beneficiosa para ambas partes. 

Henry agregó a los artículos de venta otros objetos, como machetes, cunas para bebés, almohadas con lana de ceibo de Manabí y sombreros de la parroquia sabanilla del cantón Pedro Carbo.    

Para la familia ayorense Martillo  Álvarez, el secreto para comercializar hamacas está en ofrecer buenos precios con artículos de buena calidad como las que confeccionan con tela camiseta a $ 28. 

Gracias a la actividad artesanal a este rincón guayasense se lo conoce como el ‘cantón de las hamacas’ donde también se destacan las tortillas de maíz rellenas con queso o carne de cerdo y son otro atractivo de esta población fundada en 1832. (I).

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