Lunes, 14 Noviembre 2016 00:00 Historias electorales

Especial

Pese a la protesta social y las supuestas irregularidades cometidas, la salida del líder del PRE fue inconstitucional

EL TELÉGRAFO, 1996. Roberto Isaías Dassum, poderoso asesor económico del gobierno de Abdalá Bucaram.
EL TELÉGRAFO, 1996. Roberto Isaías Dassum, poderoso asesor económico del gobierno de Abdalá Bucaram. Foto: Archivo / El Telégrafo

Para unos analistas, la oposición derrocó al ‘Loco que ama’; otros afirman que secundó el poder estadounidense, pero todos coinciden en que la vía legítima era entablar un juicio político y que el pueblo escogiera a su nuevo mandante.

Redacción Política

Desde finales de 1996 ya se avizoraba una situación tensa en Ecuador, pero fue en febrero de 1997 cuando llegó el clímax hasta la caída de Abdalá Bucaram. Era su sexto mes en el poder y, luego de varios escándalos, la popularidad del Jefe de Estado decayó abrumadoramente. Era la más baja que se había registrado desde el regreso del país a la democracia en 1979.

Bucaram llegó con una aprobación del 66%, según mostraba Cedatos, pero en febrero ese porcentaje se derrumbó al 7%. La inconformidad social era evidente, las protestas se convirtieron en un hecho común. Para el analista Marcelo Medrano, el problema fue que la población se sintió engañada cuando las medidas aplicadas en el Gobierno se inclinaban a favorecer la tendencia neoliberal.

Una de las acciones sin precedentes fue la toma de la Catedral en Quito, por varios días, en señal de descontento. Además, había un malestar general que se empezó a posicionar: Bucaram no estaba capacitado para manejar el país. Para Gerardo Vásquez, catedrático de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, esa postura fue aprovechada por los políticos socialcristianos.

El constitucionalista Jacinto Velázquez no responsabiliza a un solo partido, pero sí a los opositores concentrados en el Congreso. “Un golpe de Estado como el que se vivió requería financiamiento; además, causó vergüenza mundial, fue un acto asqueroso”. Ni en la Constitución vigente, en 1996, ni en la actual se contempla que los diputados deben elegir a un presidente de la República, esa es potestad del pueblo directamente en las urnas.

La vía constitucional para la destitución era el juicio político, para ello se requería de una mayoría en el Parlamento que no existía.  

El 5 de febrero el expresidente Febres-Cordero junto a Jaime Nebot salieron a las calles y los legisladores socialcristianos exhortaban a la gente a reclamar. Mientras los ánimos se caldeaban en la vía pública, en el Congreso también se libraban protestas y sesiones acaloradas. La oposición estaba compuesta por 24 diputados del PSC, 6 de la Democracia Popular, 6 de Pachakutik-Nuevo País, 3 independientes, 2 de la ID, 2 del MPD y 1 de CFP.

El 5 de febrero los detractores exigieron al presidente del Parlamento, Fabián Alarcón, que se instalaran en sesión extraordinaria para decidir el futuro del Ecuador. Ya se hablaba de reemplazar a Bucaram.

Velázquez Herrera resalta que las libertades públicas fueron respaldadas, no se registraron agresiones y las personas pudieron protestar sin represiones. Aunque la mayoría pedía la destitución, fue Franklin Verduga (PSC), quien presentó la moción. Los congresistas decidieron que Bucaram estaba incapacitado mentalmente para gobernar. “Los beneficiados de esa canallada fueron los partidos políticos que participaron. Todas las autoridades de control fueron cesadas, todos sin juicio político”.

Los ánimos se caldearon cuando se especulaba sobre la detención del presidente del Congreso Nacional, lo que fue desmentido por las Fuerzas Armadas. En 2010, Paco Moncayo dirigió una carta a Abdalá Bucaram Pulley detallando su participación, en ese entonces como Jefe del Comando Conjunto, en la salida del poder de su padre. En ese documento, el militar retirado y hoy candidato presidencial deslinda responsabilidades y ratifica que estuvo comprometido con la democracia.

En los exteriores del Palacio de Gobierno se observaban tanques de guerra, barricadas y cientos de militares que impedían el paso de miles de manifestantes que se lanzaron a la calles de Quito.

En su relato, Moncayo cuenta que le recomendaron a Bucaram dejar el palacio presidencial para evitar un derramamiento de sangre de los ciudadanos y que una operación de las FF.AA. le permitió salir ileso hacia Guayaquil, desde donde reclamaba su puesto como presidente de la República.

Además, comenta que Rosalía Arteaga le pidió el respaldo para asumir el cargo. Sin embargo, el Congreso Nacional designó a Fabián Alarcón Rivera como presidente interino. También indica que Heinz Moeller, jefe del bloque socialcristiano, le informó que Jaime Nebot Saadi planteaba la solución que se aplicó: destituir a Bucaram, nombrar un interino y luego convocar a una consulta para ratificar las decisiones tomadas. Para Jacinto Velázquez, las Fuerzas Armadas ecuatorianas fueron cómplices del derrocamiento porque guardaron silencio.

Marcelo Medrano sostiene que no fue una maniobra de los partidos políticos, sino que lo definitivo provino de Estados Unidos. “Cuando Bucaram perdió el apoyo estadounidense y el embajador de ese país (Leslie Alexander) declaró que el gobierno de Bucaram ha sido muy corrupto, de alguna manera justificó lo que estaba pasando. Unos 2 o 3 días antes de la caída, los políticos de derecha no se habían movilizado. Los que estaban en las calles eran los movimientos sociales”.

La declaración de incapacidad mental de Bucaram Ortiz demostró que la situación política del país era bastante sensible. “Esa fue una figura para justificar que Bucaram tenía que salir, sin evidenciar que era el pueblo el que lo sacaba”.

El derrocamiento, incluso, fue aprobado por la Iglesia católica. El secretario de la Conferencia Episcopal, Antonio Arregui, manifestó entonces que el clero agradecía a Dios, porque con la salida del gobernante de turno se buscó una “fidelidad a la Carta Política del Estado”. (I)

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El hecho relevante

Rosalía Arteaga, la única mujer que llegó a la Vicepresidencia y estuvo 3 días en la Presidencia

La vida política de Rosalía Arteaga comenzó en el gobierno conservador de Sixto Durán-Ballén: fue nombrada Ministra de Educación, la primera mujer que alcanzara ese cargo hasta ese momento.

Con 10 meses de trabajo se dio a conocer por sus planteamientos. Pronto se convirtio en un personaje conocido, lo que le sirvió de trampolín para ser contemplada como vicepresidenciable.

Su principal motivación para aceptar ser binomio de Abdalá Bucaram fue el ofrecimiento de que manejaría el frente social y aportó en la elaboración del plan de gobierno para ese sector. El quiebre del binomio ocurrió al poco tiempo de iniciar el gobierno de Abdalá Bucaram. Arteaga enfatizó que no se cumplió con el ofrecimiento, porque el mandatario puso a su hermano Jacobo a liderar todo el frente social.

Otros choques de posturas fueron por la pena de muerte, a la que la exvicepresidenta se opuso, así como el alza al precio del gas, lo que generó protestas. Según la exvicepresidenta, Bucaram estaba consciente de que el 50% de votos obtenidos provenía de ella, en especial de la Sierra.

Una compilación de la Constitución generó el vacío legal para que ella asumiera la Presidencia, tras la caída de Bucaram. “Mucha gente ha dicho que esto se generó para que Dahik no asumiera la Presidencia”, pero no niega que había diferencias con distintos legisladores del PRE.

Para Arteaga, el Congreso tenía la capacidad de   destituir a un presidente, aunque enfatiza que las razones son discutibles, pero no podía elegir nuevo gobernante, ni en esa época ni en ninguna otra. Se saltaron el orden de sucesión democrática, dice. Este acto lo atribuye, aparte de las ambiciones, al machismo. Para ella, la prueba está en que antes y después de ella no hubo problemas.

Recuerda que ella fue presidenta por sucesión, por encargo de Bucaram y luego el Congreso le encargó el poder. Hasta que en una reunión con las Fuerzas Armadas decidieron posesionar a Fabián Alarcón Rivera como presidente interino, figura inexistente en la Constitución de entonces.

Arteaga señala que no siguió un proceso nacional o internacional porque era consciente de la difícil situación de Ecuador. “Puse por delante de mis intereses personales los intereses del país”.

En la actualidad se desempeña como periodista y activista por los intereses de las mujeres. (I)

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El hecho relevante

Pedir perdón a Perú y las denuncias de corrupción empañaron el mandato de Abdalá Bucaram

Una de las aspiraciones de Bucaram era cerrar los problemas limítrofes con Perú, por ello designó una comisión negociadora para que se encargara del tema. Su hombre de confianza fue Jacinto Velázquez Herrera, aunque no era parte de su grupo y había sido su rival en las elecciones.

Para limar asperezas, Bucaram viajó a Perú y dio un discurso en el Congreso de ese país. “El único camino real que existe es el perdón, porque de lo contrario seguirán corriendo los ríos de dolor, sangre; y ese es un río que no queremos compartir”.

Estas declaraciones causaron un fuerte rechazo entre los políticos, quienes señalaron que eran un atentado contra el trabajo realizado en defensa del territorio ecuatoriano.

La comisión estuvo integrada por Galo García Feraud, Luis Valencia Rodríguez, Édgar Terán Terán y Marcos Gándara Enríquez. Según la perspectiva de Velázquez, la postura de Bucaram respecto al conflicto con Perú era no ceder territorio.

Otro aspecto que generó turbulencia fueron los supuestos casos de corrupción. El primer escándalo fue la ‘Mochila Escolar’, a través del cual se acusó a Sandra Correa, ministra de Educación, de presunto peculado por la compra de 100.000 mochilas.  

El costo del contrato fue de $ 40’000.000 y, según la prensa, no hubo licitación y el Estado solo recibió 3.000 mochilas, por lo que se estableció un sobreprecio de $15’000.000. Esta denuncia hizo que apresaran por 3 meses a Correa, luego fue liberada y no obtuvo una sentencia. Hoy sigue un proceso legal en contra de la prensa por linchamiento mediático.

También se registraron irregularidades en las aduanas, según el embajador de Estados Unidos en Ecuador, Leslie Alexander. Él recibió denuncias de ciudadanos norteamericanos por el cobro de una cuota especial para ingresar su cargamento al país.

En esa época también se especuló que Jacobo Bucaram, vástago del mandatario, hizo una fiesta para celebrar que reunió $ 1’000.000 por presuntas injerencias en las aduanas. Esto fue desmentido por su hermano menor, ‘Dalo’ Bucaram, quien señaló que el hecho nunca se comprobó.

Tampoco se confirmó el escándalo que se armó tras el derrocamiento del ‘Loco que ama’. Se decía que sus allegados se llevaron sacos de dinero. Paco Moncayo, actual candidato presidencial, indicó que él no fue testigo del hecho. (I)

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Domingo, 13 Noviembre 2016 17:10

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