Lunes, 28 Noviembre 2016 00:00 Historias electorales

Especial

En cinco horas se consumó la caída del 'dictócrata'

Alfredo Palacio es posesionado como presidente de la República por la nueva titular del Congreso, Cynthia  Viteri, en Ciespal.
Alfredo Palacio es posesionado como presidente de la República por la nueva titular del Congreso, Cynthia Viteri, en Ciespal. Foto: Archivo / El Telégrafo

El PSC tuvo el control político de la crisis: con nueva mayoría legislativa posesionó a Palacio como Presidente.

Redacción Política

El control del Legislativo, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo Electoral, como derivación de los acuerdos parlamentarios de Gutiérrez con el PRE y el Prian, causó malestar en varios sectores políticos, desde donde comenzaron a calificarle de dictador.

En una concentración pública, el Presidente rechazó las protestas sociales y el calificativo de dictador. Ahí se autodeclaró ‘dictócrata’: “Sí, soy un dictócrata, porque para la oligarquía soy un dictador y para el pueblo un demócrata”.

Pero sus declaraciones carecían ya del peso político requerido para un presidente en funciones. Las protestas crecieron y llegó el 20 de abril de 2005. Alrededor de las 10:00, el comandante de Policía, Jorge Poveda, renunció; a las 11:00 el ministro de Defensa, Nelson Herrera, llegó apresurado al Palacio de Gobierno y le pidió a Gutiérrez que renuncie, pues el Alto Mando militar le había retirado su respaldo. Gutiérrez se negó a renunciar y aseguró que la acción de la cúpula militar y de seguridad era de complicidad con los conspiradores del golpe de Estado: las élites económicas y políticas.

Mientras tanto, en una accidentada sesión en la que hubo agresiones, una mayoría de 58 legisladores, reunidos de forma excepcional en Ciespal, destituyó al presidente del Congreso, Omar Quintana (PRE), y eligió en el cargo a Cynthia Viteri, del PSC. Además, resolvieron la destitución de Lucio Gutiérrez, basados en una cláusula de la Constitución que permitía al Congreso remover al Jefe de Estado, por ‘abandono del cargo’. En su lugar, el vicepresidente Alfredo Palacio asumió la Presidencia, constituyéndose en el octavo mandatario del país en menos de diez años.

El 20 de abril, Gutiérrez se refugió en la embajada de Brasil en Quito; 4 días después viajó a Brasil. Posteriormente renunció al asilo político otorgado por Brasilia y fue a EE.UU. a denunciar la ilegalidad de su destitución, llevando su caso a varios organismos internacionales, como la OEA y la ONU.

Poco después se refugió en Perú y posteriormente en Colombia, donde pidió asilo político. El 13 de octubre renunció al asilo y el 14 regresó a Manta (Manabí), donde fue detenido. Hasta el 3 de marzo de 2006 estuvo preso en la Cárcel 4 de Quito. (I)

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EL HECHO RELEVANTE

El ascenso de la radio y la pérdida de credibilidad de la televisión durante la caída de Lucio Gutiérrez

La escasa importancia que le dieron los medios de comunicación del país a las primeras marchas de los ‘forajidos’ puso en tela de duda la tarea de entes mediadores de la ciudadanía.

En la crisis de abril de 2005, la población movilizada pronto advirtió que los medios tradicionales, en especial la televisión, no representan los intereses de los ciudadanos, sino que se representaban a sí mismos y a los intereses de las élites políticas y económicas del país. Espontáneamente, la gente empezó a llamar a las radios para quejarse de la TV.

En ese contexto surgió radio La Luna, en Quito, que enseguida se convirtió en un canal de expresión de los inconformes, quienes manifestaban su ira. Los micrófonos estuvieron abiertos durante todo el día para recibir las llamadas de miles de oyentes.

Para el politólogo Mario Ramos, “los grandes medios de comunicación nacional, en especial la televisión, durante la crisis política, se parcializaron, con matices, a favor de la oposición. Eso explica que los ‘forajidos’ hicieran esfuerzos por castigarlos durante la rebelión: no porque defendieran a Gutiérrez en sí, sino porque fue evidente su manipulación”. La realidad de la TV no era la que la gente estaba viviendo cada noche.

El papel de radio La Luna fue notable: se convirtió en el medio informativo de los ciudadanos, receptando las opiniones y quejas de la gente. Además, se jugó como actor político, gracias al discurso convocante de sus periodistas. Asumió el liderazgo movilizador, al receptar la voz ciudadana que cuestionaba al Gobierno, a los partidos y actores políticos que defendían sus intereses personales. Ahí se criticaba duramente la injusticia, la desigualdad social, la falta de credibilidad de las instituciones, de las élites y la incapacidad de Gutiérrez para gobernar.

Por la radio pasaron comentarios y opiniones de ciudadanos que demandaban la toma de decisiones sobre los tonos y símbolos que se usarían en las movilizaciones y en las marchas de las cacerolas vacías. Además, se pedía juzgar y procesar a los culpables del régimen y de la crisis política. Del 13 al 20 de abril de 2005, los ciudadanos se convirtieron en radioyentes permanentes de La Luna.

La situación llegó a su punto culminante el 20 de abril, cuando desde radio La Luna se dirigieron las protestas en los puntos estratégicos, se neutralizó la entrada a Quito de los partidarios del Gobierno y se bloqueó la salida del país de Lucio Gutiérrez. (I)

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Domingo, 27 Noviembre 2016 15:31

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