Viernes, 07 Octubre 2016 00:00 Crónica a pie

Crónica a pie

De las manos de Francisco a la hoguera bárbara...

De las manos de Francisco a la hoguera bárbara...
Foto: Karly Torres / El Telégrafo
Jorge Ampuero. Periodista

La alianza con el sol no siempre le funciona a Francisco Jiménez, en especial ciertos días que el cielo amanece con cara de aguacero. Pese a esto, el hombre, guayaquileño de 36 años, no deja de mostrar su sonrisa de 4 dientes con grandes intervalos. Es que al mal tiempo -piensa- hay que ponerle buena cara, sobre todo cuando se han vivido cosas inconfesables por medio Guayaquil.

Pero hoy el sol ha cumplido su palabra y cae sobre sus muñecos, decapitados y a medio confeccionar, con generosidad ilimitada.

“No siempre me dediqué a hacer años viejos; esto solo lo hago hace 10 años. Cuando era muchacho anduve fregando la vida, me metí a pandillero. Mi banda era la rebeld people (gente rebelde) y andábamos cometiendo fechorías por todos lados, en especial en el cerro Santa Ana, donde todo el mundo me conoce como Cartel, pero eso ya terminó, me di cuenta de que no iba a llegar a ningún lado”. Las palabras de Francisco se interrumpen por el ruido de los buses que bajan por la calle Seis de Marzo, rumbo al sur o suroeste de la ciudad.

Viste un jean viejo, unas zapatillas que piden urgente relevo, una camiseta azul y las únicas herramientas que utiliza con esmero son sus manos, embadurnadas de una sustancia pegajosa y algo transparente.

“Esto que ve aquí no es almidón, sino harina con agua, más barata y sirve igual para pegar”, comenta, mientras acaricia el molde de un muñeco al que solo llama Pepudo Cero, porque es el que sirve de base para confeccionar todos los superhéroes conocidos, desde Batman hasta el Capitán América, “menos Hulk, porque ese man es más pepudo, tiene otras características”.

Son las 10 de la mañana y por la Seis de Marzo otros muñecos asoman en otros portales, yuxtapuestos y sin miedo a la competencia.

Según Jiménez, por la zona hay cerca de 30 talleres, en los que meten manos desde el más chico hasta el más grande, toda la familia. “Yo trabajo solo, como me ve. Antes me ayudaban unos pelados, a los que daba trabajo para que dejaran la droga, pero comenzaron a hacerme huevadas”.

Del lado de al frente un flaco desgarbado le grita “Vieja, ¿todo bien?”. El hombre vuelve a sonreír y aclara que el apelativo es por lo de las canas que de un tiempo a esta parte han comenzado a salirle por los cuatro costados de la cabeza.

La jornada, como todos los días, la comenzó a las 07:00. Así lo hace desde el mes de julio, para poder ganarle tiempo al tiempo y terminar este mes. De allí, a esperar pacientemente que los clientes lleven sus muñecos, de los cuales tiene por lo menos 60 guardados en una bodega, en la parte superior de su taller -una casa de construcción mixta-, que no es propio, sino alquilado. Todos -según él- le han costado harto trabajo, en especial ahora que está solo.

“Lo más complicado es darles el detalle. El proceso consta de tres partes: armar el molde, pegar las partes y darles el detalle, es decir, delinear las formas de las caras y los cuerpos con pintura de caucho”.

El año pasado se quedó “guindado” con algunos muñecos, razón por la cual este año no tenía muchas ganas de hacerlos. Dice que ha invertido cerca de $ 400 en los materiales que utiliza: papel periódico, papel café, cinta de embalaje, harina, fibra de vidrio, resina y plumafón, este último más idóneo para formar las cabezas. “Ahora ni los periódicos regalan”, dice, en tanto echa una mirada al cielo en espera de que el sol, por dos días, cumpla su promesa y le seque los muñecos que tiene arrimados a los postes de su taller.

Jiménez afirma que cada año hay monigotes diferentes, porque la tendencia la marcan aquellos que salen en las películas de moda: los Pingüinos de Madagascar, los Minions, Batman, Los Avengers, todos los que la gente identifica. “Por un muñeco de 3,20 metros la gente llega a pagar hasta $ 300”.

Con los que sí nunca se mete ni piensa meterse es con los políticos, porque, según él, no se venden mucho y uno de ellos genera un problema adicional: el alcalde de la ciudad, Jaime Nebot.

“Si usted hace un Nebot enseguida vienen los robaburros y se le cargan. Le piden papeles de todo, aun cuando estamos es en los portales, no en la vereda. Ya sabemos que es porque hemos hecho muñecos del alcalde. El año pasado me armaron bronca y se me quisieron llevar un torso de un muñeco gigante. Ya lo tenían trepado en la camioneta, pero logré bajárselo, tanto trabajo que cuestan, para eso mejor pago la multa”.

Mientras exhibe sus argumentos para evitar a los políticos, hunde sus manos en un balde de harina grumosa y las desliza sobre las costillas del Pepudo Cero, del cual no se conoce a quién representará. Lo que sí es notorio es que se halla encadenado a las rejas de las ventanas, pues la zona es algo más que roja y, cierta vez, al propio Jiménez, expandillero de medio Guayaquil, lo dejaron sin muñeco. (I)

Etiquetas:

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense