Los partidos y movimientos no mantienen la equidad de género al elegir a sus cabezas de listas

- 25 de enero de 2017 - 00:00

Si bien la normativa vigente exige que haya paridad, las organizaciones políticas prefieren -en su mayoría- que hombres ocupen el primer puesto entre sus postulantes a la Asamblea Nacional. En Carchi, por ejemplo, hay 11 tiendas que se disputan 3 curules en el próximo Legislativo: ninguna tiene a una fémina liderando la nómina.

Ecuador ha tenido un avance significativo después de la aplicación de la ley de cuotas que exige la paridad de género para la conformación de listas de partidos y movimientos políticos.

Esa ley, considerada como un hito en la historia de Ecuador, obliga a los partidos a incorporar mujeres en sus candidaturas, las cuales deben ser alternadas con las de los hombres. Eso ha ayudado a que ahora haya más legisladoras. Actualmente la Asamblea está liderada por tres mujeres.

Sin embargo, la normativa no ha solucionado totalmente la brecha de género. El problema se mantiene en quiénes encabezan las listas a nivel provincial.

Así lo detecta Paulina Recalde, directora de la encuestadora Perfiles de Opinión, al ver los datos que publicó el Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre el número de participantes femeninas para las próximas elecciones.

Ella considera que lo relevante, más que la composición de las candidaturas, es ver qué pasa si al llegar al cargo, independientemente de ser mujer u hombre, se preocupan del tema de género. “Yo no creo que sea suficiente solo con el hecho de que si una mujer accede aquello implique ya una justicia o una equidad con las mujeres, sino que el tema de género sea incluido en el quehacer político de mujeres y de hombres”. La analista política  trae a su memoria un balance con enfoque de género que el CNE publicó en 2014.

En aquella ocasión las candidaturas principales las obtuvieron los hombres con el 58%, mientras que  las mujeres lograron el 42%. Pero cuando se trató de suplentes el 56% de puestos fue ocupado por mujeres y el 44% por hombres.

Por lo tanto, lo que se revela hoy en la conformación de listas no es nuevo. Recalde lamenta que los partidos sigan incurriendo en la estructuración de listas con hombres como titulares y mujeres como suplentes.

Para Recalde, aunque exista la participación y formación de féminas en distintas áreas, la política es otra actividad que revela el nivel de discrimen y de condiciones inequitativas que aún soporta el país. “Se necesita de un avance mayor para tener esta conformación bastante equitativa, que las mujeres no sean solo las candidatas suplentes, sino que cuando resulten electas tener en cuenta que no son las piernas de la legisladora las que están en la Asamblea, que es una mujer y una persona la que está ahí”.

Para Carlos Santiago Coronel, director de proyectos del Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (Ciees), la cuestión parte de cómo los partidos u organizaciones forman sus cuadros, secundado por el tema de edad y la participación de nuevas generaciones. Él considera que habría que conocer si la ciudadanía está dispuesta a escuchar y a elegir mujeres.

De acuerdo a su análisis, cree que los desafíos que presenta Ecuador se centran en la mirada conservadora sobre el rol social de la mujer. “Creo que eso está eventualmente presionando para que los partidos no confíen en incorporar o crean que es más seguro tener candidatos hombres que candidatas mujeres”.

Como hay 43.000 electoras mujeres más que hombres, Coronel cuestiona si ellas están votando por mujeres o cuáles son los elementos que impiden a la población dar su voto a una mujer.

A Coronel le inquieta la idea de estudiar si estas candidaturas femeninas terminan matizadas por lo masculino. Es decir, si su discurso termina presentándose a una posición varonil para generar mayor impacto en el mercado y para lograr intención del voto.

Una interrogante en especial que tiene Coronel es si las organizaciones políticas y la ciudadanía en su conjunto están demandando y formando nuevos liderazgos.

Más allá de contar con una líder femenina, cree que se debe considerar representaciones de distintos grupos de edad, no necesariamente que apunten a jóvenes candidatos de 30 hasta 40 años, sino de  contar con aquellos que expongan ideas frescas. “Estos dos elementos son un matiz importante de considerar cuando se habla de la participación femenina en el sistema electoral”.

Al examinar, por ejemplo, los datos sobre la nula presencia de mujeres presidiendo candidaturas en Carchi, asegura que esta provincia tiene un comportamiento tradicional. El especialista señala a un partido conservador que ha liderado por años esta jurisdicción, que contrasta con otras, como Los Ríos o Santa Elena, donde el comportamiento es más abierto y por ende tienen mayor equidad de género en la conformación de las listas.

Andrea Crespo, directora de Artes Literarias y Narrativas del Ministerio de Cultura y Patrimonio, indica que la representación política de partidos es una consecuencia de la representación social que ha seguido generando estereotipos, donde lo público todavía sigue siendo un espacio en donde lideran los hombres.

La también activista por los derechos de la mujer sostiene que, aunque se esté inmersa en espacios de participación, se corre el riesgo de que su credencial y carrera pública queden en entredicho por ser mujer.

“En el momento en que una mujer se vuelve pública puede ser atacada, puede ser sometida, por ende, las violaciones tienen a veces el horrible y terrible estigma de inquirir: ¿Y cómo iba vestida?”.  Crespo asegura que su campo de acción aún se lo ve en el ámbito privado y no en lo político. (I)

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