Domingo, 03 Septiembre 2017 00:00 Séptimo día

¿Quiénes alcanzan el estado de máxima felicidad?

¿Quiénes alcanzan el estado de máxima felicidad?

Cuando se experimenta este sentimiento, las personas pierden la noción del tiempo, se involucran más en sus tareas y potencian su crecimiento interior.

Andrea Rodríguez Burbano

Los seres humanos reúnen todas las condiciones para ser dichosos. La capacidad para la felicidad es innata y se atribuye a lo que hacen y piensan.

Es así que al estado de máxima felicidad también se lo conoce como flow o de fluidez, el cual produce tanto placer y bienestar que el individuo tiene la impresión de perder la noción del tiempo. Hay quienes lo describen como un estado subjetivo que se experimenta cuando las personas están completamente involucradas en una actividad tan gratificante que son capaces de olvidarse del entorno que les rodea. Este término, acuñado por el psicólogo Mihalyi Csikszentmihalyi, también hace referencia a un nivel de rendimiento máximo que permite alcanzar un desempeño óptimo en cada tarea laboral.

La psicóloga Marina Castro  lo describe como el momento en que las personas están más identificadas con el presente, es decir, con el ahora, y no existe margen para el pasado ni para el futuro. La especialista, quien hace referencia a la investigación de Csikszentmihalyi, indica que al alcanzar el estado de fluidez (flow), la autoconciencia disminuye, porque, de alguna manera, las personas están tan absortas en lo que hacen que incluso se olvidan de sí mismas. 

Incluso, hay científicos que viven a diario en este estado, en el cual experimentan la sensación de estar descubriendo algo nuevo, aunque ya lo hayan hecho en reiteradas ocasiones.

Castro advierte, además, que la felicidad no es, de ninguna manera, un estado de ánimo que se consigue de la noche a la mañana, porque, en realidad, está más relacionada con experimentar una vida plena y, al mismo tiempo, utilizar todas las capacidades y talentos.

El ecuatoriano Mario Llerena, físico e investigador del Observatorio Astronómico de Quito, dice que ha vivido en repetidas ocasiones la sensación flow. “En el campo de la astronomía y la astrofísica en el cual trabajo tengo que estar muy concentrado para aportar al conocimiento. Son instantes en que realmente pierdo la noción del tiempo, incluso me olvido de comer, pero no lo hago como un sacrificio, es lo mejor que me puede pasar en el día”.

Llerena comenta que, con frecuencia, utiliza modelos físicos para conocer el comportamiento del universo y es durante este estudio que se siente en el estado flow.

“Los investigadores vivimos varios momentos flow en nuestra misión de aportar con nuevas ideas y conocimientos”.

Según la psicóloga Elena Graciela Sandoval, al vivir en un estado de fluidez continua, podemos estar más relajados y, por lo tanto, concentrarnos de mejor forma a un altísimo nivel.

Según Sandoval, es vital sentirse en un estado en el que todo fluye, porque, por lo general, estamos demasiado tensos en el día a día y las tareas que emprendemos no siempre se concretan y es entonces cuando nos sentimos frustrados.

Por otro lado —señala— en el otro extremo, están las personas desganadas o indiferentes que tampoco aportan y que pasan la vida sin sentirse ni tristes ni alegres. Para la psicóloga ecuatoriana, es completamente posible conseguir un estado de felicidad máxima y que no dependa de los estímulos externos. Es así que ser feliz se convierte en una decisión personal, porque para serlo únicamente hace falta tener la actitud y las ganas.

Como señala la psicóloga, la felicidad no debería depender de terceros; sino de una posición ante la vida, de una decisión personal. Aunque alcanzar este estado parece complicado, la especialista indica que existen ejercicios mentales, a través de los cuales las personas pueden situarse en el aquí y en el ahora para disfrutar más de la vida. “Es vital observar lo que pasa por nuestra mente y mirar las opciones que cada persona tiene”.

Uno de los caminos para conseguir este estado es el yoga, que se orienta a obtener la atención plena.

Precisamente esta práctica y la meditación conducen a las personas a la capacidad de fluir y mejorar el estado de ánimo.

Según Eduardo Arízaga, neurólogo, los individuos son capaces de llegar a este estado emocional en cualquier actividad que les produzca placer y disfrute, pero para alcanzarlo debe darse un equilibrio entre el desafío de la tarea y la habilidad de quien la realiza. De esta manera, si la tarea es demasiado fácil o demasiado difícil, el fluir no tendrá lugar.

Hay quienes consideran que las personas exitosas han conseguido desarrollar un sentido de  compromiso porque se involucran con el ahora. Es así que los seres que experimentan flow se sienten vivos, involucrados, pero sobre todo, plenos.

El neurólogo Eduardo Arízaga advierte que si la persona puede abstraerse de su propia historia y tiene un presente apropiado que le permita disfrutar el presente con alegría, puede alcanzar este estado ideal.

El problema —añade— es que el ser humano hace muy presente el pasado y vive con angustia el futuro.

“Si en algún momento logramos liberarnos del fantasma del pasado, es posible llevar una vida de felicidad y estabilidad”.

Para Arízaga, desde el punto de vista pragmático es muy irreal llegar a este estado sin la ayuda de ciertas prácticas como la meditación o de ciertas escuelas religiosas y espirituales.

“Sabemos que la práctica de la contemplación pasiva y feliz permite desterrar los sentimientos del pasado y evitar que estos perjudiquen el destino”.

Como lo señala Arízaga, son pocas las personas que han logrado la conquista de la felicidad e incluso quienes lo hacen únicamente se dan cuenta más tarde.

El cerebro y el origen de la felicidad humana

Hace 2 años, la Universidad de Kioto, en Japón, logró mapear el origen de la felicidad en el cerebro a través del uso de resonancias magnéticas.

Su estudio ha revelado que las personas felices tienen mayor cantidad de materia gris en  una región cerebral que se activa al experimentar lo que nos ocurre de forma consciente.

El hallazgo, de hecho, allana el terreno hacia una forma de medición objetiva de la felicidad y también señala que ejercicios como la meditación pueden potenciar este estado, como señala la especialista.

Según los científicos asiáticos, las personas sienten las emociones de diferentes formas; por ejemplo, algunas experimentan la felicidad de forma más intensa que otras cuando se les halaga.

 De todas maneras, el mecanismo responsable de la felicidad sigue sin estar muy claro.

Una de las interrogantes más recurrentes es si el cerebro está diseñado o no para la felicidad, porque, por lo general, las personas sienten las emociones de diversas formas.

Sobre este aspecto, Eduardo Arízaga explica que la felicidad es, principalmente, un proceso neuroquímico que consiste en la liberación de determinadas concentraciones de dopamina en las áreas que forman el sistema límbico del cerebro.

De acuerdo con la revista Tec Review, del Instituto Tecnológico de Monterrey, gracias a las investigaciones en neurociencias es posible saber qué ocurre en el cerebro al experimentar esa sensación llamada felicidad.

Se conoce, por ejemplo, que  cuando los individuos reciben un estímulo exterior que les agrada, un segmento del cerebro donde está ubicado el hipocampo, la amígdala y otras estructuras, libera altas concentraciones de dopamina, una suerte de mensajero químico, un neurotransmisor, que se encarga de enviar las señales del sistema nervioso central del cerebro. Este neurotransmisor es capaz de desatar toda una fiesta en el sistema límbico del cerebro humano, donde la felicidad termina por afianzarse.

 El cerebro registra esos momentos de bienestar y los lleva a querer repetir esa sensación.

Sobre este aspecto, un artículo publicado en el diario estadounidense The New York Times advierte que durante décadas se pensó que el sistema límbico era el único involucrado en emociones básicas, como la alegría, el miedo, la ira, el llanto, la repulsión o la sorpresa.

Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XX se tuvo más información que permitió saber que hay otras estructuras involucradas, sobre todo cuando hablamos de felicidad. Una de ellas es la corteza prefrontal, que en los humanos está más desarrollada que en los mamíferos. Sobre el tema de la felicidad hay muchas dudas, por ejemplo, hay personas que aunque tienen todo en la vida son incapaces de ser felices. ¿Por qué ocurre? Para los científicos, eso  puede ser una cuestión de actitud. Muchas veces los pensamientos originan los sentimientos. Así, por ejemplo, si una persona piensa que su hijo puede sufrir un accidente, el solo imaginarlo le generará una gran ansiedad. En algunos casos, los sentimientos también pueden aparecer solos y por eso no  siempre las terapias psicológicas funcionan, aunque en ocasiones resultan útiles para ayudar a ‘limpiar el clóset’ de su pasado y aplicar herramientas más efectivas para seguir adelante. Para Eduardo Arízaga, hablar de felicidad supone entrar en un campo subjetivo, porque, de alguna manera, la felicidad no es fácil medir y cada cual tiene su propio ideal.  Para algunos es comer todo el día, para otros será cumplir metas profesionales mientras que la felicidad en algunas personas es encontrar a su media naranja.

El estado de fluidez potencia las habilidades personales

La actividad que provoca estados de fluidez, sin duda, pone en marcha el uso de habilidades personales. De hecho, la teoría de flujo propuesta por Csikszentmihalyi establece una relación entre las propias habilidades y el desafío de la tarea, que puede conducir a un estado que podría llamarse también plenitud. Aunque parezca contradictorio el psicólogo Csikszentmihalyi ha detectado una paradoja: el trabajo es más propicio que el ocio para alcanzar lo que él llama estado flow.

Al parecer, una de las claves en este tema radica en que, para mucha gente, el ocio es un tiempo muerto, y el trabajo, todo lo contrario. Por ahora, los científicos están intentando determinar cuál es la relación entre el fluir y la felicidad.

 Algunos concluyen que podrían ser la misma cosa, pero todo indica que la conexión entre ambas es más compleja. (I)

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Hay científicos que experimentan este estado al realizar nuevos hallazgos.

+ En páginas 16-17

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Hay personas que sienten la felicidad

de manera más intensa que otras.

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La incapacidad para alcanzar la felicidad plena también radica en el cerebro.

DATOS

El vínculo entre el flujo y la felicidad depende  si la actividad productora de flujo es compleja, si conduce a nuevos desafíos y de esta manera al crecimiento personal y cultural.

Para la mayoría de personas es más fácil encontrar placer en el sexo e incluso en la violencia, aunque existe un sinnúmero de actividades más placenteras.

Para alcanzar la felicidad, hay que tratar de sorprenderse por algo cada día y dejar tiempo para la reflexión y relajación. (I)

El estado de flujo se nota cuando la persona es más productiva. Sus habilidades y talentos se encuentran en una comunión intensa.

tunuevainformacion.com

 

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