Miércoles, 09 Noviembre 2016 00:00 Séptimo día

Carlos Ramírez Tamayo / gerente general Panadería California

Píllaro lo vio nacer y Guayaquil le ayudó a crecer como empresario

Píllaro lo vio nacer y Guayaquil le ayudó a crecer como empresario
Foto: William Orellana / El Telégrafo

Este emprendedor define su trabajo como complejo, pues debe manejar con tino las personalidades de sus 500 empleados, comprenderlos y ayudarlos, en esta pastelería que cumplió 75 años.

Redacción Séptimo Día

Carlos Ramírez Tamayo desde muy pequeño estuvo involucrado en las actividades laborales de sus padres, ambos agricultores, en su natal Píllaro, en la provincia de Tungurahua. Se desenvolvió en ese medio, tratando con obreros y aprendiendo a cultivar la tierra.

A los 11 años, siendo todavía un niño, su vida dio un giro, pues se radicó en Guayaquil con sus 4 hermanos (un varón y 3 mujeres).

Llegó a vivir con su tío Amador Tamayo, quien era propietario de la panadería Nacional, ubicada en Luque y Santa Elena. Allí permaneció hasta que cumplió los 16 años de edad.

Cuando su pariente adquirió la panadería Roma, en 1966, situada en Rocafuerte y Mendiburo, la fusionó con la que ya tenía, y entonces el aprendizaje de don Carlos creció en este tipo de labores.

Para ese entonces estudiaba en el colegio 5 de Junio y combinaba las actividades educativas con su trabajo que, al inicio, era solo limpiar las latas y poner el lugar en orden. Culminado el bachillerato, se  dedicó de lleno a este oficio. “Ahí comenzamos a trabajar con mis cuatro hermanos”.

Para 1984, ya con un capital,  compró la única panadería California que había en ese entonces a Julián Orellana, quien fue el fundador. Este local estaba y continúa ubicado en Aguirre y Boyacá. “A esa corta edad tratamos de tener creatividad e iniciativa y buscamos las mejores personas para trabajar. Con ellos aprendimos a hacer panes especiales, ricos, hasta que fuimos ganando clientela”.

Recuerda que el lugar era pequeño y todos los días pasaba lleno de consumidores, para los cuales casi no se daban abasto.

A su panadería, rememora, llegaban personas de todas partes de la ciudad y de todos los estratos sociales. Entre ellos cita a los políticos guayaquileños Raúl Clemente Huerta, León Febres-Cordero y Abdalá Bucaram, entre otros.

Las ventas se incrementaron entre los años setenta y ochenta, cuando los buses que llegaban desde el cantón Milagro estacionaban al pie de la panadería. “Era un lleno total porque había mucha variedad teniendo la panadería y pastelería; nos benefició mucho que en ese tiempo había poco tráfico y los clientes hacían hasta tres filas para estacionarse y comprar”.

El trato con los empleados de la empresa es primordial para Carlos Ramírez, gerente general de panadería y pastelería California. Ellos lo consideran como un padre y él parte de su familia. Foto: William Orellana / El Telégrafo

Abre su segundo local

Como la clientela había aumentado considerablemente y muchos ya reclamaban otro local, decidió inaugurar una panadería en Santa Elena y Sucre. Después le tocó el turno a la Alborada, donde abrieron la tercera. “En la actualidad contamos con 50 puntos de venta; estamos en Guayaquil, Durán, Playas, Santa Elena y Los Ríos”.

Pero Guayaquil definitivamente fue el mercado que más apertura les dio, por eso en esta urbe están concentradas 40 panaderías.

Don Carlos precisa que ahora la gente ha perdido una costumbre que estuvo muy arraigada por aquellos años y era la de ir muy temprano a comprar el pan, el café y el azúcar. “La cultura de la gente ha ido evolucionado; antes se vendía mucho el pan tostado, el pan al piso hecho en el horno de leña, de ladrillo; eso se ha perdido porque todo apunta a lo moderno. Hoy en día las personas van a los supermercados y allí compran todo”.

Aprendiendo de otros

Este empresario reconoce que la construcción de nuevos hoteles en la ciudad conllevó a tener mucha gente extranjera cerca, que ayudó a su personal. “Eran técnicos europeos que transmitieron mucho de su conocimiento a los nuestros; fue casi una escuela; ellos trajeron personal calificado”.

Si en estos tiempos se presenta un percance y se necesita que don Carlos meta mano para hacer pan no lo dudaría, de hecho así forjó su carrera empresarial.

Argumenta que él y su equipo de trabajo han sido parte de la “universidad de la vida” y siente un profundo agradecimiento hacia los clientes que le dieron su confianza a la hora de elegir dónde comprar.

Conquistar día a día a esa clientela ha hecho que siempre esté innovando y modernizando la planta donde elaboran una diversidad de panes y pasteles, entre los que se encuentran los tradicionales enrollados que los define como artesanales.

“Mantener una empresa como esta todos los días, no es solo cuestión de sostener un negocio, si no que tienes una familia. Ha sido una lucha fuerte y sacrificada porque pan debe haber las 24 horas”.

El gerente general de las panaderías y pastelerías California precisa que “en este trabajo no tenemos horario de entrada ni de salida, no hay sábados ni domingos, y por eso muchas personas han salido corriendo, entre ellos mi hermano (se ríe)”.

El Guayaquil que lo acogió

De esa ciudad que le dio cabida cuando apenas era un niño recuerda a la gente que era muy cordial y, además, sostiene que no había tanta inseguridad. “Mi tío compró un carro y no tenía dónde guardarlo y este dormía en la calle; de repente se robaban una plumita”.

En cambio cuenta que entre 1985 y 1990 fueron víctimas de tres asaltos en su panadería, en Aguirre y Boyacá, con clientes incluidos.

Desde que fallecieron sus abuelitos, padres y tíos, son pocas las veces que don Carlos ha regresado a la tierra que lo vio nacer: Píllaro.

De hecho, cuando ha ido, dice que la gente ya no lo reconoce y que muchos de sus amigos se radicaron en Quito, porque allá fue donde se convirtieron en profesionales.

Ramírez reitera que es bastante duro lidiar con tantas personas en su negocio, pero añade: “aquí (en la fábrica) hay gente linda”. (I)

DATOS

El gerente general de esta panadería tiene 64 años. Lleva 53 años dentro de este tipo de negocio.

Esta panadería cuenta con un horno túnel que, según el maestro panadero Germán Mendoza, tiene 32 metros de largo, y en el país solo existen 2.

Este aparato, según el técnico, es para procesos continuos y automáticos. Por ejemplo, allí elaboran pan para hamburguesas, hot dog, negros de dulce, molde de pan blanco e integral.

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