Miércoles, 28 Septiembre 2016 00:00 Séptimo día

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Los técnicos locales carecen de horizonte laboral en Ecuador

Los técnicos locales carecen de horizonte laboral en Ecuador
Foto: Mario Egas / El Telégrafo

Los clubes de primera no suelen contratar entrenadores nacionales.

Redacción Fanático

Los entrenadores nacionales de fútbol no tienen peso dentro del fútbol ecuatoriano. Su gremio, la Asociación Nacional de Entrenadores de Fútbol (Anefe) tiene 33 años de vida, pero sus estatutos todavía no se ajustan a la nueva Ley del Deporte, vigente desde el 11 de agosto de 2010. Esta entidad no tiene aún una estadística de cuántos técnicos existen en todo el país, y cuántos de ellos cuentan con títulos profesionales.

Tampoco existe una normativa laboral que establezca un salario mínimo al que deban acceder los entrenadores calificados y aquellos que no tienen la certificación académica, un aspecto urgente de atender, según Edwin Cozar, director de la carrera de fútbol del instituto Tecnológico Superior que instituyó en Quito la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF).

Lo peor, sin embargo, es la falta de unidad que mantienen los instructores, algo que abona a la débil imagen que proyectan dentro del balompié local. Los pocos adiestradores nacionales que se mantienen dentro del mapa de la primera categoría luchan por su cuenta para abrirse un espacio y sostenerse en competencia.

De los 24 cuerpos técnicos que manejan en la actualidad a los 12 clubes de la serie A y a los 12 de la serie B, solo 11, es decir, el 45,8%, son dirigidos por ecuatorianos.

Esta realidad, de acuerdo con Cozar, está encaminada a cambiar, pues con la creación de los institutos tecnológicos de la FEF en Guayaquil, desde 2008, y el de Quito, que es autónomo desde 2014, Ecuador ya cuenta con entidades de educación superior que forman a entrenadores con aval académico.

El campo ocupacional para los aleccionadores no se remite al deporte profesional, añade Cozar; también existen plazas de trabajo en las reservas y divisiones formativas de los clubes de primera, en los elencos de segunda categoría profesional, en los conjuntos amateurs, en las ligas barriales, ligas parroquiales, ligas cantonales, federaciones provinciales, colegios, escuelas y universidades.

De acuerdo con un estudio de mercado que efectuó el Instituto capitalino para obtener la aprobación del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Ceaaces), en el país, sumados todos los ámbitos antes nombrados, existen 27.500 plazas de empleo disponibles, de las cuales solo el 15% está copado.

A esto se suman los emprendimientos que impulsan los instructores, como escuelas de fútbol o iniciativas informales de entrenamiento particular a ciudadanos en general.

¿Mala fama?

Fausto Carrera (66 años), quien se desempeñó por más de 2 décadas como futbolista en Universidad Católica y Deportivo Quito, considera que una de las razones por las que los directivos de los clubes profesionales no confían en los técnicos locales es que se ganaron la fama de regalar trabajo.

“Mi primera lectura es que no somos unidos y la segunda, lamentablemente, empezamos a regalar nuestro trabajo. Son mis amigos y admiro mucho a Luis Chérrez y Fabián Cubero, pero ¿usted cree que si en Deportivo Quito hubiera plata, ellos estarían dirigiendo a ese equipo? No, no estarían; habrían estado entrenadores extranjeros”, cita.

Añade que, en muchas ocasiones, los instructores ecuatorianos son llamados en casos emergentes, a manejar plantillas armadas por técnicos foráneos y cuando algún equipo está en los últimos lugares, con el riesgo de descender.

En esos casos, entiende, los timoneles ‘criollos’ aceptan porque las oportunidades para   dirigir son pocas, circunstancia que les obliga a no perder los escasos espacios que les abren.

A Carrera eso le pasó en Aucas. En el primer torneo, Carrera salvó la categoría, pero los directivos contrataron al paraguayo Carlos Jara, a quien no le fue bien, por lo que volvieron a llamar al primero. “En el segundo certamen no hice una buena campaña, por lo que me sustituyeron con el argentino Juan Amador Sánchez, con quien el equipo descendió a la serie B. Sin embargo, en su libro Historia de Aucas, Ramiro Montenegro, expresidente del club, dice que yo lo descendí. No entiendo por qué asevera eso”, manifiesta.

Y aunque no le consta, recuerda que algunos futbolistas le han mencionado sobre ciertos técnicos nacionales que les piden dinero para “asegurarles” contrato para tal o cual temporada. Agrega que si tuviera pruebas al respecto, lo habría denunciado ante la FEF.

En el presente, Carrera dirige la sub-13 de la escuela de balompié del argentino Hernán Mucarsel, que compite por Universidad Católica en el torneo nacional de esa categoría. También instruye de manera particular a 30 personas de distintas profesiones; cada una le paga $ 50 al mes por ser entrenados de lunes a viernes en las canchas sintéticas ‘Quito Fútbol 7’.  

Juan Carlos Burbano (47 años), quien dirigió a El Nacional por 6 meses en 2009, opina que no existe confianza en los estrategas nacionales por la falta de resultados, aunque esos se los exija al frente de equipos que no estructuraron; son contados los casos en los que timoneles ecuatorianos arman las plantillas y tienen contratos desde el principio de una temporada.

Cree fundamental que los adiestradores nacionales sean unidos y se apoyen en un gremio sólido o en representantes para tener mayores probabilidades de empleo. “Tal vez los foráneos tienen empresarios o se venden mejor, tal vez consiguen mejores resultados, pero eso no significa que el técnico ecuatoriano sea menos o sea más, simplemente no hay las oportunidades”, detalla.

Para el quiteño es menester que los estrategas nacionales se capaciten, no únicamente en fútbol, sino en campos que complementen sus perfiles, como pedagogía y psicología.

Es necesario, además, que los entrenadores definan un ámbito específico, porque no todos llegarán a dirigir a los conjuntos estelares de clubes de primera. En su caso, por ejemplo, prefiere laborar en la formación de niños y adolescentes. Actualmente trabaja en la escuela de fútbol del Quito Tenis y Golf Club.

Burbano dice que eligió trabajar en los semilleros porque a nivel profesional la presión hacia los timoneles es estresante, al punto que se exponen a quebrantos de salud.

Ni Carrera ni Burbano son afiliados a la Anefe, de la que saben muy poco; coinciden en que la apertura de los institutos de la FEF ayudará mucho a la capacitación de entrenadores nacionales.

Ambos se titularon fuera del país, años antes de que se inauguren dichos establecimientos. Entre 1987 y 1988, Carrera estudió en Sao Paulo (Brasil) y tiene el certificado de la Federación Paulista de Fútbol. Burbano estuvo 2 años en Buenos Aires (2005 y 2006) y se recibió en la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino (ATFA).

Miguel Bacigalupo (33 años), quien está a punto de hacer su tesis tras aprobar los 5 semestres de educación que exige el Instituto de la FEF en Quito, afirma que sabía la situación de los entrenadores ecuatorianos en torno a no tener mucha cabida en los clubes de primera, pero cree que con el Instituto de la FEF, esa realidad cambiará paulatinamente.

Asevera que seguir la carrera deportiva, prácticamente, le salvó la vida; sufría depresiones por bipolaridad y para no exponerse se quedaba en casa. “Encerrado comencé a ver mucho fútbol en la televisión, especialmente torneos sudamericanos. Ahí me convencí de que quería ser entrenador”.

Bacigalupo, que también es solista de rock, anhela ganarse un nombre desde abajo, expectativa que no todos los técnicos tienen clara y creen que únicamente se harán un nombre al mando de clubes grandes.

Sus primeras experiencias las vivió como miembro del cuerpo técnico de Los Dragones de la Universidad San Francisco de la segunda división de Pichincha y como aleccionador de la escuela permanente Pasión Fútbol. Su sueño es dirigir a Barcelona de Guayaquil y conducirlo a un cetro internacional.

En torno a la posibilidad de dirigir fuera de las fronteras ‘tricolores’, Edwin Cozar anuncia que desde 2017, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) regulará la presencia de entrenadores mediante la emisión de licencias tipo Pro, A, B y C, con las que los profesionales de cualquier país sudamericano podrán ejercer a escala regional.

“Técnico que no tenga esa licencia, no podrá trabajar en ningún otro país sudamericano. En nuestro instituto se le dará la licencia C a quienes aprueben hasta el segundo semestre; la B, a los que lleguen al tercer semestre, la A para quienes cumplan el cuarto y quinto. Y la licencia Pro para los que terminen la tesis y se titulen”, cita.

De acuerdo con Cozar, para otorgar las licencias, la Conmebol exigirá a los aspirantes de cualquier nación sudamericana  aprobar una malla curricular basada en la del Instituto de Quito. Mientras permaneció como extensión del Instituto de Guayaquil, el capitalino graduó a 18 personas, pero desde que es independiente ha titulado a 152.

El promedio de estudiantes mujeres es del 5%.

Fausto Carrera dirige al equipo sub-13 que compite por Universidad Católica. Considera que los técnicos nacionales deben proyectar una mejor imagen. Foto: Mario Egas / El Telégrafo

En Guayaquil

Jonathan Mendoza, técnico oriundo de Manabí, decidió no estudiar en el Instituto Tecnológico Superior de Fútbol (ITSF) de Guayaquil por el alto costo de las matrículas y las mensualidades, y por el nivel de los docentes. Prefirió prepararse en Perú, donde los valores son más accesibles y la metodología de enseñanza —según él— es mejor.

“Acá se gasta como $ 10 mil y usted sale solo como tecnólogo, cuando con ese valor puedo sacar un título universitario (...) la escuela de entrenadores de Perú es una buena opción, sale a un poco más de $ 2 mil y es virtual, solo debo presentar presencialmente la tesis”, explica.

Otro de los puntos que no le agradó fue el nivel de los docentes. “Creo que no todos están aptos, por ejemplo José Gavica; él terminó de estudiar y se quedó dando clases (...) haber sido buen jugador o buen director técnico no te garantiza ser un buen profesor”.

Asegura que los técnicos ecuatorianos —graduados de cualquier instituto— no tienen ningún respaldo para hacer respetar sus derechos laborales; en ese sentido reveló que la Anefe, no trabaja por los técnicos ecuatorianos. Explica que la asociación cobra $ 50 por afiliarse y, entre otros beneficios,  ofrecía una credencial para ingresar a los partidos del campeonato ecuatoriano.

Alejandro Ortiz, procedente de Bahía de Caráquez, se graduó en la tercera promoción del ITSF de Guayaquil. Actualmente está encargado de las selecciones de fútbol (masculina y femenina) de la Universidad Santa María, pero espera una oportunidad en un club de Primera Categoría. Para él, la calidad de enseñanza del ente está al nivel de las mejores escuelas de entrenadores del continente.

Para la expansión del campo ocupacional propone que la FEF, a través del Congreso Ordinario, elabore un reglamento para que los clubes del ascenso y de la Serie B solo puedan contratar técnicos ecuatorianos.

Al igual que Mendoza, Ortiz considera que la Anefe debe ser más activa, con el fin de trabajar por los derechos de los técnicos nacionales. “Las próximas semanas viajaré a Quito para reunirme con Espinoza (Jacinto) para ver de qué manera podemos sacar esto adelante”.

Ángel Flores, rector del ITSF de Guayaquil, reconoce que existen pocas posibilidades para los técnicos ecuatorianos en el país y asegura que en varias oportunidades ha conversado con estudiantes y egresados para que se unan.

El ITSF del puerto principal ha graduado a 210 tecnólogos en dirección técnica de fútbol, desde su apertura. Concuerda con Ortiz en que sería favorable establecer una regla que exhorte a los clubes del ascenso y la Serie B a incorporar únicamente a técnicos ecuatorianos. Dice que en el actual estatuto de la FEF se obliga a los clubes a registrar técnicos titulados. (I)

El manabita Alejandro Ortiz es director técnico de las selecciones masculinas y femeninas de fútbol de la Universidad Santa María de Guayaquil. Foto: William Orellana/El Telégrafo

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