Los actores populares volvieron a las calles

| 12 de Febrero de 2017 - 00:00

Cientos de personas acuden hasta los bajos de la CFN las noches de sábados y domingos para ver los divertidos sketches.

Un bus imaginario recorre la intersección de la avenida 9 de Octubre y Pedro Carbo, en Guayaquil, durante las noches de los sábados y los domingos.

A bordo, además del conductor y el oficial (quien cobra los pasajes), viajan un mecánico automotriz, un niño y otras personas.

En el trayecto, toman la unidad un vendedor de caramelos recién salido de la penitenciaría, una atractiva estudiante universitaria, una mujer embarazada y hasta un borrachito.

Este último va tan ‘chumadito’ y con botella en mano que confunde al reparador de autos de cabello largo con una dama.

Tampoco falta en el carro el escolar que paga un pasaje preferencial de $ 0,15, pero se le olvida pasar por debajo del torniquete para que no marque como un adulto.

Asimismo, está un gay que se queja por la cantidad de viajeros y porque lo ‘aprietan’ desde distintos frentes.

Este colectivo, sin número de línea ni nombre de cooperativa, es el único que arranca sonrisas, carcajadas y aplausos a unas 300 personas —cada día del fin de semana— en pleno corazón financiero de Guayaquil.

De pie, sentados, en el piso o en las escaleras de acceso a la Corporación Financiera Nacional (CFN), los ciudadanos observan con atención a los cómicos populares.

Las escenas que aquí se presentan no son fantasías y corresponden a uno de los sketches protagonizados por más de una decena de cómicos populares que regresaron a las calles del puerto principal hace unos años. Su presencia no es notoria a la luz del día ni en las primeras horas de la noche. Deben esperar a que se retiren los policías metropolitanos para empezar las funciones.

De aquí salieron algunos de los más importantes actores y comediantes de la urbe, como los hermanos Andrés y Héctor Garzón, Ney Ponguillo, Luis Aguirre, Manuel Escobar, Jorge León, Tomás Delgado (la ‘Vecina’) y Oswaldo Segura (conocido por su papel de ‘Felipito’ en la serie que llegó a la televisión, Mis Adorables Entenados).

Hoy toman la posta jóvenes como Alfredo Méndez, quien en el sketch ‘El bus’ interpreta al mecánico; José Saltos, quien cumple el rol de un agente de tránsito; Ángel Gamas, el chofer del automotor; Pedro Olvera, quien finge ser gay; Bruce Rodríguez, que interpreta a una mujer embarazada; Kléber Méndez y Reinaldo Vera, que hacen de asaltantes; Viviana Espinoza, la agraciada estudiante; y Julio Banchón, cobrador de pasajes, entre otros.

En su mayoría no tienen un título profesional en artes escénicas, salvo cursos realizados en la Casa de la Cultura, pero en cambio cuentan con talento suficiente, creatividad y una alta capacidad para improvisar durante cada presentación.

Así es como crearon ‘El empleo’; ‘Hija engañada’; ‘El gabinete’; ‘Apariencias’; ‘La correa’; ‘Papá, ¿por qué nos dejas?’; ‘Mellizas y rivales’; ‘Tonto y retonto’; ‘Si me llamas, no te contesto’ y otras piezas.

Cada una de esas obras tiene que ver con problemáticas sociales, lo que sucede en las familias, entre los grupos de amigos y todos los asuntos cotidianos de las personas.

Luis Vargas y su pareja no pudieron contener la risa con las picantes ocurrencias de Pedro Olvera conocido también como ‘Pancha, la pipona pelucona’.

Este mecánico conocía sobre las presentaciones populares, pero por distintas razones no había llegado hasta los bajos de la Corporación Financiera Nacional (CFN) para verlas.

Cuando al fin se decidió a ir, llevó a su novia y juntos disfrutaron de las ocurrencias de los personajes.

“Me gustó el carisma que transmiten los actores. Su trabajo es bueno. Lo hacen sana y honradamente. Divierten a la gente y eso nos ayuda a reducir el estrés”, precisó este maestro mecánico de 33 años.

A unos metros de Luis también estuvo el agente de tránsito Eduardo M., de 26 años, quien solicitó la reserva de su apellido. Con su niña en brazos y junto a su esposa soltó varias carcajadas. Fue su primera participación en un espectáculo con comediantes callejeros.

A su criterio, el Municipio debería otorgarles un espacio en la zona o en el malecón para que la ciudadanía disfrute sin costo de los shows.

Una historia similar

En esta esquina de la ‘Perla del Pacífico’ transitan miles de personas en las horas laborables.

Entidades públicas, como el Biess o el Registro Civil, instituciones financieras y cientos de oficinas privadas se encuentran a su alrededor.

Al caer la tarde, por estar a pocas cuadras del malecón es la ruta precisa y más segura para abordar un bus que conduzca a casa a los trabajadores.

Sin embargo, en las noches de sábado y domingo, es la vía obligada de millares de familias que caminan para encontrarse con la ría, el Hemiciclo de la Rotonda y otros espacios.

Aquí, un poco antes de las 20:00, empiezan a congregarse los actores populares. Llegan desde distintos puntos de la urbe. Uno de los primeros en arribar es Olvera, quien se sienta en las escalinatas de ingreso a la CFN para maquillarse.

Un lápiz labial barato, una peluca y un poco de rubor sin marca lo ayudan a convertirse en ‘Pancha’. A un costado están Alfredo Méndez, de 38 años, vocero del grupo, y el resto de sus compañeros.

Si hay algo en común de todos es que desde niños sintieron esa atracción por trabajar en las calles y veredas.

Méndez lo hace desde los 10 años; Freddy Solís a partir de los 14; Olvera desde los 13; Róbinson Mite desde los 15, y así sucesivamente los demás.

En su mayoría su primer contacto fue casual, pero al mismo tiempo definitivo. A tal punto que se vincularon a los pocos meses con quienes ya tenían más años presentando obras y comedias.

Pero no todo es carcajadas para ellos, pues los vendedores ambulantes no son sus mejores aliados. Estos últimos y sus clientes dejan regada la basura en los alrededores del ‘escenario’. Del mismo modo, los agentes metropolitanos les prohíben actuar en la vía pública. Solo lo hacen cuando ya se han retirado al momento de culminar su jornada.

Pero casi de inmediato les caen los miembros de la Policía Nacional, quienes les piden que abandonen la zona, por alterar la vía pública.

Frente a ello, los comediantes populares ya efectuaron una marcha para pedir que les permitan actuar.

“Fuimos a pedir autorización al Cabildo. La idea es no trabajar en las noches”, manifestó Méndez. El representante de los actores indicó que no fueron solo con ese fin, pues también llevaron una propuesta que consta de 3 puntos: primero, dejar limpio el sitio en donde actúan; que las funciones sean para niños, adultos y adultos mayores. Finalmente, el horario que proponen es a partir de las 16:00.

El libreto de las obras, sostuvo, podría ser coordinado con las autoridades municipales.

En los próximos días habrá una caminata similar rumbo a la sede del Ayuntamiento.

Ganancias en partes iguales

Cuatro presentaciones por cada día del fin de semana realizan los cómicos de la calle.

Las ganancias oscilan entre los $ 30 y $ 40 por cada una. Es decir que pueden conseguir entre $ 120 y $ 160 que serán repartidos por partes iguales entre los protagonistas.

Este dinero no es el único sustento de cada uno. Freddy Solís también es payaso; Olvera se dedica a actividades de mercadeo y publicidad; Saltos hace trabajos audiovisuales y fotografías; Róbinson Mite labora para un canal local y los demás también efectúan otras actividades para mantener a sus familias.

Ni a programas de televisión ni al teatro

“Me debo al público de la calle. Sería descortés irme y dejar lo que tanto me ha costado. No somos solo cómicos callejeros, somos parte del patrimonio vivo”, sostiene el actor que interpreta a ‘Pancha’. Él no se siente seducido por llegar a las pantallas ni a un recinto teatral.

Esa misma postura la tiene Méndez, dirigente de los comediantes populares. “Me quedo con el pueblo. De aquí nos salen contratos como mimos o como payasos”, puntualiza al tiempo de destacar que ello les representa más trabajo y, por ende, más ingresos.

José Saltos, en cambio, no descarta que dentro de unos años trabaje con sus 4 hijos en algún sketch, para el público de la calle. “La mayor, de 16, está en una academia de baile. La menor es bailarina de danza contemporánea. El segundo ya hizo actuación y al tercero le gusta el deporte, pero también los mimos”, expresa con entusiasmo.

Se toma unos minutos, mira al público que está a su alrededor mientras da la entrevista, sonríe y añade: “A futuro me veo trabajando con ellos. Quizás haremos cualquier tipo de arte”.

Las horas pasan en la avenida más importante de Guayaquil. Pasan los carros y los conductores se detienen unos minutos para escuchar a unos metros lo que dicen los protagonistas.

Los farreros que van a bordo de una chiva también saludan a los actores que aprovechan para gastarles una broma.

Aquí no hay un telón que caiga cuando culmina la obra, pero sí las ganas de trabajar y divertir a la gente los fines de semana. (I)

Humoristas se amparan en la Carta Magna para pedir respeto a su trabajo

El 26 de enero pasado, la Gobernación del Guayas contestó un escrito firmado por Tanya García, asesora de los comediantes de la calle, y se les informa que serán atendidos por las autoridades.

La jurista señaló que el objetivo es defender los derechos, en materia laboral de los humoristas, amparados en el artículo 325 de la Constitución, que se refiere al trabajo autónomo.

“Sus derechos están siendo vulnerados, pues los policías metropolitanos, cada vez, cuando los sacan de cualquier sitio donde están, aducen que violan las ordenanzas”. García añadió que muchas personas carecen de recursos como para divertirse en un cine o un teatro, por lo que hacerlo de manera gratuita y al aire libre no es una ilegalidad. (I)

Datos

“El teatro de la calle tiene más de 50 años en la ciudad. Esto es un atractivo para los turistas”, afirma Alfredo Méndez.

En otras ciudades del país los comediantes populares no tienen problemas para laborar por horas en una calle o vereda.

Una vez al mes reúnen un valor entre todos y compran comida para quienes viven en los portales.

A la intersección de 9 de Octubre y Pedro Carbo también llegan artistas de otros cantones. Allí comparten el espacio. (I)

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