Marcelo ortiz / músico y compositor

"Lo único que el cerebro no olvida es la música"

| 03 de Septiembre de 2017 - 00:00
Marcelo Ortiz / músico y compositor
FOTO: Foto: Marco Salgado / El Telégrafo

Nació en el cantón Chillanes, en la provincia de Bolívar, este músico vivió en Canadá y se especializó en musicoterapia desde los años 80. Aplica esta técnica, principalmente, en niños y niñas que padecen autismo.

Nadie discute los múltiples beneficios de la musicoterapia porque como medio terapéutico es más antigua que la propia música. Este método puede activar todas las áreas cerebrales de forma simultánea y esta característica convierte a la musicoterapia en una herramienta útil.

 Además, ha resultado ser efectiva en  programas de rehabilitación y educación. Marcelo Ortiz, músico y compositor ecuatoriano, estudioso de la etnomúsica, regresó al país luego de una larga estadía en Canadá, con el objetivo de impulsar la musicoterapia en el país.

¿Cuándo se involucró en este campo?

Tomé conciencia de la musicoterapia  en Canadá cuando realicé mis estudios musicales en las universidades de ese país. Tengo, además, estudios de cuarto nivel en la interpretación de piano y con el transcurso del tiempo me  interesé mucho en la música de tradición europea. Lo que se llama comúnmente la música clásica y en la música de los pueblos (la etnomusicología). Por consiguiente, me interesé en Ecuador y América Latina, en general. Antes de que dejara Ecuador fundé, junto con mi hermano, quien también es pianista, una escuela de música para niños. 

¿Cuál era el propósito?

Bueno, tengo que comentarle que sin tener mayor experiencia y conocimiento, porque era empírico lo que hacíamos, logramos acercar la música hacia la educación y el aprendizaje en los niños con un enfoque hacia la terapia. Entonces, lo aplicamos a finales de la década de los ochenta en las clases que impartía en Canadá. Luego emprendí  investigaciones sobre la musicoterapia en ese país.

¿En qué países se ha desarrollado más la musicoterapia?

En Francia, Canadá y Argentina. Estos tres países se han especializado en este campo y han profundizado en el conocimiento de la influencia de la música en el cerebro humano para mejorar determinados aspectos.

¿Cuáles?

Por ejemplo, trabajé durante mucho tiempo con niños autistas. Se sabe que el autismo no es uno solo, sino que depende de cada una de las personalidades del paciente. Entonces, la música ayuda a calmar la convulsión interior que produce, de modo que se pueden usar ciertas armonías y  notas que producen un efecto anestésico y psicológico.

¿Qué notas serían?

Por ejemplo, la escala de sol menor, que se utiliza con un cierto esquema terapéutico y produce un efecto instantáneo de tranquilidad interior.

¿Cuántas sesiones tienen que tomar los niños para ver los resultados?

Es un tiempo indefinido, pero se supone que un niño autista puede hacer un grupo de sesiones que van desde dos o tres veces por semana hasta tener un resultado que se establece cuando el paciente se comunica con el mundo exterior. Además, es necesario realizar una evaluación del paciente que determine la severidad de su caso y establecer un protocolo de intervención. En otras palabras, no existe un número determinado de sesiones ya que cada persona es diferente. Los resultados pueden ser muy rápidos y otras veces muy lentos. Lo que sí se puede constatar casi inmediatamente es su capacidad de control y su exploración sensorial con el mundo exterior.

¿La musicoterapia también funciona para las personas que sufren ansiedad y depresión?

Claro que sí. Además, hay que indicar que la musicoterapia es prácticamente desconocida en nuestro medio y diría yo, hasta cierto punto en el mundo entero, por el hecho de que tenemos acceso a la música de una forma mucho más directa, rápida y sin costo alguno. Porque cualquier persona puede acceder al tipo de música que desea. Por ejemplo, si estoy intranquilo elijo determinados ritmos; si estoy nervioso escucho otros. La musicoterapia tiene una función diferente como un masaje terapéutico, como la terapia por los colores o la terapia por el arte.

¿En las personas de la tercera edad también tiene efectos benéficos?

La musicoterapia se aplica a todos los problemas neuronales que una persona puede presentar. En relación al alzhéimer incluso, se ha descubierto que lo único que el cerebro no olvida es la música.

¿Por qué?

Porque cuando existe una formación musical desde temprana edad, se desarrollan, en el cerebro, una suerte de protuberancias que están identificadas para cada actividad que la música necesita. Para el ritmo se desarrolla una determinada sección del cerebro; para el timbre otra; para la memorización de sonido, una diferente, etc.

¿En Ecuador hacen falta más especialistas en este campo?

Sí, y además en diversas partes del planeta la musicoterapia comienza a adquirir mayor relevancia. Ciertos centros de salud en Canadá tienen asignado a un musicoterapeuta que visita los hospitales, semana tras semana, para determinados trabajos con personas o pacientes.Puedo contar una anécdota sobre este tema: es tal el efecto de la musicoterapia  que en los años ochenta había un musicoterapeuta que iba, con regularidad, a un hospital en Montreal. Iba todas las semanas para tocar un poco de música a un paciente que estaba en coma desde hace 10 años. A las pocas semanas, el paciente se despierta y el musicoterapeuta se le acerca para preguntarle si tenía conciencia de que estaba tocando para él. Entonces, el paciente le contestó: claro, sí. Me acuerdo perfectamente y es por eso que me desperté, porque tu música ya me cansó.

Es una anécdota real.

¿Qué instrumentos utilizan los musicoterapeutas?

Cada uno utiliza el instrumento que más le conviene o que más conoce. Yo utilizo un grupo de instrumentos de percusión, como los aerófonos, los xilófonos y el piano.

A mi criterio, este último es uno de los más flexibles en la aplicación de una terapia musical, ya que al ser un instrumento híbrido ofrece la posibilidad de explorar estructuras musicales. Además, la persona puede memorizar el teclado y diferenciar entre teclas negras y teclas blancas, lo que facilita su exploración musical por medio de la improvisación. (I)