Miércoles, 23 Noviembre 2016 00:00 Séptimo día

Ciudadanía

La familia Alvarado trabaja unida en la cocina desde 2001

Las labores en la cocina de la casa de los Alvarado Triviño empiezan a las 06:00. Doña Esther cocina; su esposo, Carlos, reparte, y sus hijas (Mayra y Magaly) ayudan a servir.
Las labores en la cocina de la casa de los Alvarado Triviño empiezan a las 06:00. Doña Esther cocina; su esposo, Carlos, reparte, y sus hijas (Mayra y Magaly) ayudan a servir. Fotos: Leiberg Santos / El Telégrafo

Los 4 miembros del hogar ayudan diariamente para vender 70 almuerzos. La sazón es de doña Esther Triviño.

Mario Rodríguez Medina

Manta.-

Tiene el casco puesto. Media hora antes de salir a repartir los 70 almuerzos que prepara Esther Triviño, su esposa, Carlos Alvarado ya está listo. Pero él no se desentiende de las artes culinarias. Además de ir a comprar cualquier ingrediente que falte, está atento para meter mano y ayudar en la preparación de los platos.

El menú de hoy es caldo de pata, con dos opciones de segundo: guatita o pescado al aceite. Se apresura a picar cilantro (también conocido como culantro o yerbita) para la guatita. El olor a este delicioso plato envuelve el hogar de los Alvarado.

La sazón de doña Esther es reconocida en diversos puntos de Manta. Carlos realiza 6 viajes para repartir los 70 almuerzos. Lo hace principalmente a obreros de las construcciones que hay en la urbe.

Cuenta que empezó con el negocio de catering hace 15 años. “Buscaba una manera de ayudar a mi familia económicamente y empecé a hacerlo con lo que más me gusta: cocinar. Ahora todos estamos vinculados a esta actividad”.

Su hablar siempre va acompañado de una sonrisa y aunque es ameno para conversar, cuando está en su área de trabajo se concentra. Dice que su primera idea era tener un restaurante, “pero es mejor así, entregando a domicilio porque de esta forma me complico menos”.

Además de él, a Esther la ayudan Mayra y Magaly, sus hijas, quienes colaboran picando algún ingrediente o poniendo la comida en las tarrinas.

Su actividad empieza a las 06:00, cuando alista los ingredientes. Sale a comprar “las presas”, como ella dice. Sea pollo, carne, chancho o pescado, “todo lo adquiero el mismo día porque me gusta que esté bien fresco”. Las legumbres las consigue los martes, a las 05:00, mientras que los granos diariamente, por las tardes.

Sus almuerzos cuestan $ 2,50, incluida la tarrina.

Mariuxi Zambrano es una de sus compradoras. “Me gusta la comida de doña Esther porque es saludable, de casa, no muy sazonada”.

Para la dueña del negocio, el plato menos rentable es el ceviche de pescado, “pero lo hago cada dos semanas porque a las personas les gusta mucho”.

Yahaira Zambrano es otra de las personas que se dedican al negocio de catering. Cuenta que empezó a entregar comida en empresas por pedido de su esposo, Ramón Chila.

“En una reunión con sus compañeros, a mi esposo le dijeron que yo cocinaba rico y luego me preguntaron si les podía mandar la comida. Lo analicé y así empecé con este negocio”.

Su comida es una mezcla de la gastronomía del campo con la de la playa, aunque su especialidad son los mariscos.

Los viernes hace la lista de lo que va a preparar la siguiente semana. “A la gente le gusta mucho el arroz colorado, con camarón, calamar, chancho, pollo... aunque lo que más me piden es el pescado ‘hornado’ con aceite”. Destaca que así, con este ingreso económico (el almuerzo lo vende a $ 2,50), “ayudo en mi casa”. (I)

Ramón Chila ayuda en la repartición de los almuerzos que hace su esposa, Yahaira Sabando. Cuenta que el plato más pedido es el pescado ‘hornado’.

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