Miércoles, 09 Noviembre 2016 00:00 Séptimo día

La anorexia y la bulimia también afectan a los niños

La pérdida del apetito puede ser por causas fisiológicas o nerviosas. Todo niño tiene problemas para comer algún alimento, pero si ya no quiere ingerir nada podría afectar su crecimiento y su desarrollo neuronal.
La pérdida del apetito puede ser por causas fisiológicas o nerviosas. Todo niño tiene problemas para comer algún alimento, pero si ya no quiere ingerir nada podría afectar su crecimiento y su desarrollo neuronal. Foto: Carina Acosta / El Telegrafo

Comer excesivamente o no hacerlo son factores de riesgo en los menores.

Redacción Séptimo Día

“No como verduras porque no me gustan”, “no como carne porque dicen que es malo”, “no como arroz porque engorda”, estas frases son cada vez más frecuentes en los niños y aunque es común que se nieguen a ingerir ciertos alimentos, esta selectividad no debe pasar desapercibida por los padres.  

Todo menor tiene dificultad con la ingesta de algún alimento, pero se considera un trastorno si hay una intensa selectividad, si no quiere comer absolutamente nada o si desea hacerlo en grandes proporciones.

Para la pediatra Aliz Borja, un trastorno alimenticio es cuando un niño no quiere nutrirse de acuerdo con lo programado, al ciclo normal que se espera acorde a su edad.  

Los desórdenes más comunes son la anorexia fisiológica y nerviosa, la bulimia nerviosa y la alimentación selectiva. En la primera el niño se niega a comer rotundamente; en la segunda el menor come a atracones y a veces se provoca el vómito y, finalmente, la alteración en la cual el niño elige cuáles alimentos comer y cuáles no.

La anorexia fisiológica se presenta debido a alguna enfermedad como una hepatitis aguda, apendicitis, parasitosis y anemia, entre otras.

También sucede —según Borja— cuando los padres maltratan al menor para que coma, cuando le obligan a ingerir platillos que no le gustan.  

La anorexia nerviosa se presenta en niños grandes y su principal causa es el miedo a engordar. Sin embargo, para Elizabeth Haro, psicoterapeuta clínica, la anorexia nerviosa también se presenta en nenes de corta edad, pero relacionada con la ansiedad, la depresión, la tensión o por algún tipo de pérdida en la familia, incluso la de una mascota.

Según la nutricionista Andrea Borja, últimamente sucede que los menores, a partir de los 6 años, empiezan a hacer una ingesta selectiva de sus comidas excluyendo los alimentos por su textura, por su color o porque han escuchado de los adultos que no es bueno comerlos. Por ejemplo, que el carbohidrato es malo o que se debe ser vegetariano.  

Si el niño o el adolescente empieza a bajar de peso o si este es del 75% al que le corresponde de acuerdo con su edad, si deja de crecer, si después de comer se esconde (podría ser para vomitar), si su cabello se hace frágil, su piel se torna amarilla y si llegada la menstruación hay amenorrea (ausencia del periodo), los padres deben acudir a especialistas, pues son síntomas de que algo anda mal en la alimentación de su hijo o hija.

De acuerdo con Haro, los menores también sufren de bulimia nerviosa pero no siempre se provocan el vómito. Este trastorno suele estar acompañado de obesidad, pues ingieren compulsivamente grandes cantidades de comida. Las causas suelen ser emocionales y psicológicas.

Todo lo que ocurre en el hogar influencia en el niño y, según Haro, afecta a su sistema nervioso y puede traducirse en la forma en la que come.

La alimentación está muy concatenada con la parte emocional y cognitiva. Un niño alimentado adecuadamente rinde bien en lo académico, pero uno con algún tipo de carencia calórica o vitamínica tendrá cansancio constante, e incluso podría padecer de anemia.

Según la pediatra Borja, la alimentación se la debe inducir en los niños como un juego, no como una obligación. “Es importante poner un horario de comidas, que ingiera poco pero frecuente y sano. Podría alimentarse cada 3 horas con algo que le guste como una galleta, un jugo o una fruta”.

Los padres deben recordar que la comida debe ser de buen sabor y apariencia. Los niños mayores de un año ya se fijan en los detalles de su alimento, como en los colores y los olores.

Puede haber una lista de alimentos que no le gusten, pero se puede intentar distintas formas de preparación.

Por otro lado, la nutricionista aclara que la información del sobrepeso y la obesidad se está saliendo de las manos. Ella destaca que “es bueno cuidarse pero no dejar de comer”. (I)

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