El expenal García Moreno está cargado de 'malas vibras'

| 29 de Enero de 2017 - 00:00
El tiempo promedio de todo el recorrido es de 90 minutos. Dos servidores del Ministerio de Justicia que ofrecen información especializada.
FOTO: Foto: Carina Acosta / El Telegrafo

El recorrido por los pabellones es impactante. Hay visitantes que reportan malestares tras conocerlos.

Primero fueron sus amigas y después sus hermanos; en menos de un año todos habían visitado el expenal García Moreno, en el centro de Quito.

Aunque a Carmen Granda no le faltó ocasión para recorrerlo, pospuso la visita por temas familiares. Finalmente el día llegó y como ella lo describe fue una experiencia “bastante inusual”, porque a los pocos minutos de iniciar el recorrido por el pabellón B, comenzó a sentirse mal. Primero sintió un ligero mareo y lo atribuyó a la falta de ventilación del lugar, pero el malestar en lugar de desaparecer, se tornó más intenso.

“Fue bastante incómodo, porque, a diferencia de otras personas, yo sentía literalmente que me ahogaba y, por último, sentí que mi cabeza iba a estallar; el dolor era insoportable”. Carmen no pudo finalizar la visita; salió a tomar aire y prefirió quedarse afuera.

En el exterior, comentó su malestar a un joven que trabajó en este lugar y él solo atinó a decirle que seguramente “tenía mal aire”.

Para el psicólogo Óscar Ortiz, del Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, quien, además, trabajó 28 años en el expenal, hay muchas personas que experimentan malestares tras ingresar a este lugar.

“Los visitantes suelen hacer este tipo de comentarios; tal vez el 98% de las personas que han ingresado dice que este sitio es bastante denso y pesado”. Según explica, esta sensación puede estar relacionada con la predisposición que tienen los ciudadanos al ingresar al antiguo presidio. En algunos casos —detalla— hay una gran dosis de sugestión, lo que puede traducirse en malestares inexplicables. Uno de los sitios más cargados de energía negativa es el Pabellón B, en particular, en la celda 15, donde se observa una cruz tallada sobre la pared que hace referencia —según comenta Ortiz— a las muertes violentas que tuvieron lugar en este espacio.

Carlos Cepeda, quien cumplió una condena de 4 años en este lugar, comenta que “el ambiente en el expenal siempre fue pesado”.

“En los pabellones siempre hubo varios asesinatos y también suicidios. Recuerdo que un compañero se suicidó con la mujer cuando ella vino a visitarlo; lo hicieron en su celda”.

Durante el recorrido hay zonas donde, según el psicólogo, tuvieron lugar hechos cargados de violencia y dolor.

Uno de ellos es el Área de Separación Temporal, el lugar hacia donde eran conducidos los presos que cometieron algún delito en el interior del centro.

Según Óscar Ortiz, en esta zona estuvo recluido Giovanny Arcesio Noguera por asesinar a Daniel Camargo, violador y asesino en serie, cuando se encontraba en su celda.

El Área de Separación Temporal —que hacía las veces de calabozo— es un habitáculo lúgubre y frío, al cual se llega luego de atravesar un largo pasillo, en cuyas paredes hay frases, dibujos y nombres de presidiarios. ‘Aquí estuvo el Negro Ángel’, se lee en uno de los espacios de este lugar que tiene un olor penetrante, difícil de describir.

Cada espacio tiene una historia que impacta a los visitantes, como lo describe María Elena Angulo, profesora de Ciencias Sociales del colegio La Condamine, quien recorrió con sus alumnos aquellas instalaciones.

Según comenta la catedrática, los estudiantes tenían interés por acudir a este sitio porque querían conocer una de las obras construidas durante el mandato de García Moreno.

Si bien esta visita pedagógica fue fructífera porque conocieron más detalles sobre el panóptico, la docente indica que durante el recorrido varios chicos comenzaron a sentirse mal. “Cuando salimos a los buses escolares, los muchachos estaban tan impactados a nivel emocional que casi todos sentían dolor de cabeza y náuseas”.

María Elena recuerda, en especial, a una alumna que después de conocer las celdas y las condiciones en las que vivían los presos no dejó de llorar.

“Todo el sufrimiento, el drama y, en general, toda la carga emocional que se concentró en este lugar podrían provocar esta serie de malestares, porque el ambiente, en realidad, es pesado. La profesora confiesa que también ella se sintió mal tras conocer el lugar.

“Como maestra, hay ser ecuánime en cualquier situación, pero incluso yo, que me considero una persona relativamente sana, experimenté un fuerte dolor de cabeza. Ese día, cuando llegué a mi casa, tomé 2 aspirinas para poder descansar”.

El ser humano es energía

Desde el punto de vista psiquiátrico hay una explicación para este conjunto de molestias que manifiestan muchas personas que concurren al expenal.

Según el ecuatoriano Armando Camino, médico psiquiatra, hay factores ambientales que influyen de forma significativa en el comportamiento de los seres humanos.

“Si voy predispuesto a un lugar donde hubo condiciones de vida difíciles, provocadas por el encierro y la violencia, se puede generar una proyección emocional o afectiva”.

Camino explica que cuando él conoció la Prisión Federal de Alcatraz, frente a la costa de San Francisco, en California, percibió un ambiente pesado, que, en ocasiones, generaba ansiedad, pero —según dice— él y otras personas fueron con la predisposición de que algo terrible sucedió allí.

“El ser humano es, principalmente, energía, la cual puede quedarse o transmitirse. Además, los ambientes sobrecargados inciden en el entorno en el que nos desplazamos”.

El psiquiatra cita como ejemplo a las plantas, al asegurar que, cuando hay personas que están de mal humor o enfermas, pueden secarse y morir, aunque se encuentren en ambientes favorables para su crecimiento y desarrollo.

Para Camino, es frecuente que los entornos considerados desfavorables, por las condiciones de encierro y dolor, generen en las personas sintomatología neurovegetativa, que se caracteriza por dolores de cabeza, zumbido en los oídos, boca seca, dificultades respiratorias, taquicardia, náuseas, vómito o diarrea, sensación de amortiguamiento en los brazos, entre otros síntomas.

Espacios sobrecargados

Las discusiones, los gritos, los enfrentamientos, los conflictos, propios de la interacción humana, dejan su marca en los espacios donde las personas habitan, como es el caso del antiguo panóptico.

De hecho, según aseguran los especialistas en feng shui, así como los seres humanos tenemos un aura, los espacios también tienen la suya, donde quedan grabadas todas las vivencias que ocurren, agradables o desagradables.

Sobre este tema, un estudio desarrollado por la Universidad de Bielefeld de Alemania advierte que “nuestros cuerpos físicos son como esponjas, porque somos capaces de absorber el ambiente que nos rodea”.

“Eso explica por qué hay personas que se sienten incómodas cuando existe un cierto grupo con una mezcla de energías y emociones”, señala la terapeuta alemana Olivia Lee Bader. Según dice, cuando se consiga avanzar en los estudios sobre la energía, será posible medir y conocer más acerca de cómo el ambiente incide en los seres humanos. (I)

Datos

A partir del 19 de diciembre de 2014 el centro de reclusión está abierto como museo.

Desde entonces, han visitado sus instalaciones más de 100.000 personas, entre estudiantes, turistas y ciudadanía en general.

La entrada y todo el recorrido son gratuitos. Su objetivo es reforzar la memoria histórica y el propio significado de una vieja cárcel.

En el pabellón E estuvo apresado y finalmente fue asesinado el general Eloy Alfaro, expresidente de Ecuador. (I)