Martes, 27 Diciembre 2016 00:00 Freddy Ehlers

Punto de vista

Los zapatos del padre Pio

Freddy Ehlers Zurita

El padre Pio ha caminado por cerros, páramos, selvas y ciudades toda su vida, conoce buena parte del Ecuador a pie. Su amor cristiano no tiene límites, y su alegría de vivir es desbordante, como ocurre con los hombres buenos y sabios.

Silenciosamente, sin que nadie se entere, da comida y abrigo a los jóvenes campesinos de Zumbahua que tienen que caminar varias horas de ida y vuelta para llegar al colegio y conocer que se dice en el mundo más allá de los lejanos páramos de los Andes centrales del Ecuador.  

Camina Pio para llegar al hospital y apoyar en lo que puede; camina para ir a pequeños poblados perdidos en los cerros para compartir el sermón de la montaña; camina para acompañar a los voluntarios Mato Grosso en los talleres de carpintería y artes manuales; camina rezando el rosario y pidiendo al buen Dios el milagro de cada día. Y fue ese día precisamente cuando con una fuerte afección gripal, Pio se dirigía al canal de televisión para contar su aventura de vivir y luego dirigirse a cargar en su camioneta varios quintales de limones que la gente consciente le regala para dar sabor y salud a las comidas que comparte con quienes más necesitan en la pequeña Zumbahua.

Camina el padre Pio para gestionar con el Ministerio de Defensa y el de Agricultura y Ganadería unas pocas hectáreas ofrecidas para montar una escuela, la fábrica de productos lácteos y así dar profesión y trabajo a jóvenes desempleados del campo. Camina el padre Pio en el aeropuerto siguiendo invitaciones a su nativa Italia, y también Alemania, para conseguir donaciones por parte de personas ricas y responsables, sorprendidas por la manera como este hombre grande, en todo sentido, trabaja con los seres humanos que más necesitan en el lejano Ecuador.

Y fue en su último viaje cuando se le rompieron sus zapatos, estaban gastados de tanto caminar y un zapatero sin mucha experiencia los dejó medio arreglados, pero se descosió la suela y se salieron los clavos con lo que dañaba los brillantes pisos de los salones donde los donantes esperaban escucharlo y así entender que significa practicar el evangelio de verdad. Sorprendidos al ver los zapatos de su invitado especial se los pidieron para indagar si era posible arreglarlos.

De inmediato regresaron con un par de zapatos nuevos y de buena calidad, y contento Pio se los probó, no había usado zapatos nuevos desde hace ya tantos años, feliz Pio dio la conferencia, aceptó las generosas donaciones, y luego caminó hacia su habitación donde encontró a sus viejos compañeros de caminatas arreglados con calidad alemana. Como un niño en Navidad nos contó esta singular situación. Cuántos zapatos tienes, le pregunté y casi avergonzado me contestó: ahora dos, pero solo necesito un par, para qué más! Con su par de zapatos el padre Pio recorre el país desde hace más de 40 años, sembrando todos los días de su vida, esperanza, ilusiones, enseñanzas, con una bondad que solo se puede encontrar en aquellos hombres que saben que la razón de la verdadera felicidad es el servicio a los demás seres humanos, el amor a la naturaleza y la profunda convicción de que es el amor incondicional la esencia de la que estamos hechos.

Padre Pio Baschirotto Capuzzo, como es su nombre completo, gracias por compartir el pan nuestro de cada día con todos los hombres del mundo. (O)

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