¿Y el socialismo en el siglo XXI?

- 29 de mayo de 2017 - 00:00

Parece que es y será la pregunta más incómoda, y cualesquiera que sean las respuestas, también serán tan incómodas como la pregunta. Algunos intelectuales mientras planteaban el fin del ciclo de la izquierda progresista, sentían un alivio consciente de no volver a tocar el tema del socialismo, porque simplemente al pronunciarlo se desatan todo tipo de contradicciones y no se permite el silencio. Ahora que esa fe en el fin de ciclo se cayó, la pregunta por el socialismo en el siglo XXI, vuelve una y otra vez; y no es un problema de necedad ideológica, sino de cómo seguir luchando, no por maquillar el capitalismo y sus formas de explotación, contra un sistema patológico que reivindica todo tipo de explotación como logro social. Hablar de socialismo ya es cuestionar la historia, lo que creemos como civilización y el futuro de la humanidad. Quizás son cuestiones demasiado universales cuando la gente lo que observa y demanda es la satisfacción inmediata de sus necesidades y tienen razón, pero el cómo se lo hace marca la diferencia. Hablar de socialismo es disputar otra forma de hacer política. Reivindicar el socialismo es vivir la política desde el disenso, la diferencia, las contradicciones. Dialogar es disentir de otro. Encontrar puntos en común, pero sobre todo significa no ocultar los mecanismo de acumulación y los déficits de redistribución de la riqueza: material, simbólica, tecnológica, educativa, etc. El socialismo necesariamente exige mayor justicia no solo jurídica, sino redistributiva, pero sobre todo, el socialismo exige mayor y mejor reconocimiento social. Reivindicar lo popular, el pueblo, lo nacional, una república, pero transformar el sistema productivo. El socialismo exige que se industrialice el país en lo que le corresponde. Que tenga aliados internacionales que le permitan el cambio de la matriz productiva. Mayor equidad de oportunidades, significa ineludiblemente disputar con los grupos de poder económico. El socialismo no es para cuatro años más. Bastan pocos meses para desarmar lo construido durante una década. Reivindicar el socialismo es reconocer que la razón, la racionalidad debe tener conducción humana, adaptada a las características propias de cada pueblo. Requerimos mayor fuerza de lo público que no es mayor fuerza del Estado, sino más ciudadanía. Pero eso no lo hacen los representantes electos, sino la gente común y corriente. El socialismo requiere más de lo popular que de las grandes mentes tecnocráticas. Lo popular tiende a ser socialista porque se encuentra en las reales posibilidades del diálogo. ¿Y la clase media quiere dialogar? Lo dudo, por ahora, tiene una gran demanda de consumir. Una glotonería imparable. La política le incomoda porque la delata en sus peores imágenes. Mientras Hollywood sea el referente de los valores mediáticos, muy difícil que esa clase se enrumbe, por ejemplo, en el disfrute literario, cuestionador de la novela o la poesía latinoamericana o en el activismo de la movilización callejera. Y sembrar árboles no pasará más que por ser Trending Topic en redes sociales. ¡Que el puerta a puerta de la campaña continúe con la discusión de los principios ideológicos de una revolución que recién ha comenzado! (O)