¿Volverán las oscuras golondrinas?

- 07 de marzo de 2017 - 00:00

Desde el inicio de nuestra historia, la oligarquía puso y depuso presidentes a su antojo; su propósito, enriquecerse a como dé lugar, sin embargo, supo guardar las apariencias. En cambio, no deja de asombrar la simbiosis de sus descendientes con los delitos comunes, pues la actual ‘élite’ abdicó de la moral y la vergüenza, se volvió parasitaria y holgazana, víctima de placeres sibaritas y se rodeó de lujos de fácil adquisición pero de difícil manutención.

El latrocinio arribó adherido a los petrodólares, cuando, con el cuento de reactivar el aparato productivo, pero con el propósito de concentrar en sus manos los recursos de la nación entera, nuestros hambrientos empresarios obtuvieron el manejo de los fondos públicos, eximidos de total responsabilidad.

La resolución de la Junta Monetaria, que autorizaba el cobro de comisiones por emitir cheques dólares contra la recepción de papel dólar, fue el abracadabra que abrió las puertas al narcolavado y la Ley General de las Instituciones Financieras, que hizo desaparecer la vigilancia de la Superintendencia de Bancos, fue un florilegio de resoluciones para que los ejecutivos de toda laya accedieran a las más importantes áreas de la economía, favorecidos con subsidios al granel. Todo con total impunidad y a gusto de sus exigentes paladares. ¡De algo debían vivir nuestros pobres ricachones!

Así, el Estado les concedió jugosos créditos subsidiados, que destinaron para sus empresas inexistentes o al borde de la ruina. En el ínterin del festín, los banqueros se transmutaron en Ministros y los altos cargos públicos, en fuente de riqueza inagotable.

El derrumbe del castillo de naipes comenzó cuando los subsidios se convirtieron en un alto porcentaje del presupuesto estatal; entonces, con el apoyo de los Ministros de Finanzas, todos accionistas de bancos al borde de la quiebra, se dio inicio a un agresivo endeudamiento externo, promovido por organismos de crédito internacional.

A nombre del Estado y con el celestino sostén de la banca mundial consiguieron abrir líneas de crédito para sus empresas fantasmas. Erigieron así un baturrillo financiero y dirigieron la troncha hacia sus bolsillos sin fondo. La componenda reventó cuando nuestro país no pudo cumplir los compromisos contraídos por esta trinca de banqueros emprendedores, empresarios deudores y organismos de crédito multilaterales.

El total de la deuda contraída en dólares fue entonces sucretizada, pecado que consiste en que el Estado, o sea el país entero, pague la deuda de la banca y los empresarios. Semejante viveza ratonil la hizo el gobierno de Hurtado; Febres-Cordero la reeditó por siete años más. La sucretización llevó a la sociedad al linde del caos.

¿Qué hacer? ¿Cómo salir del embrollo? Reestructurar la deuda y que la pague el próximo gobierno. Desde ese momento se giró alrededor de este círculo macabro, pues la papa caliente  quemaba a cada nuevo gobernante. El país había modernizado sus caducas estructuras al ritmo del neoliberalismo y al poder había llegado la crema y nata de esta tendencia, abrazada al nuevo credo cual melcocha a palo de amasar.

Ecuador, en tus manos está evitar el retorno de los buitres hambrientos, con tu voto consolida la democracia. Que tu decisión sea salvar el porvenir. (O)