Venga esa mano, hermano

| 08 de Febrero de 2017 - 00:00

Cuando se lo encuentren, háganse el honor de estrechar su mano. “En veinte años de mi vida juntos no hubiera sentido lo que sentí allí en un minuto…”. Las palabras son de Michael Andrés Arce Méndez y las dejó sueltas para que nadie dude de su mejor triunfo: denunciar el racismo antinegro en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro. Otros jóvenes afroecuatorianos habían padecido calvarios racistas parecidos, pero se resignaron a ‘no hacerse problemas’.

Caramba, es así, las oligarquías de la raza van por ahí fomentando instituciones ‘sagradas’ y hasta los odios racistas parecerían serlo. Michael Andrés aceptó el reto implícito en las palabras de Ulises de la Cruz de “más jóvenes negros en la universidades que pateando balones”. Y Oshum sabe que no hay nada infamante en ser artista del balón. La esencia de lo dicho es triunfar en el engramado y en todo aquello que la juventud negra se proponga; el desafío antirracista es trastornar esquemas mentales. Miles de cimarrones juveniles van por ahí no pidiendo caridad de favores, sino driblando adversidades.

La Escuela Superior Militar nombrada Eloy Alfaro, homenaje a aquel que supo de la efectiva sabiduría militar de cientos de revolucionarios negros, mujeres y hombres, a pedido del comandante del Ejército, general Luis Castro, suspende las disculpas públicas que debería dar el teniente (¡ahora, capitán!) Fernando Encalada Parrales. En esta jam-session se repite el eufemismo del abogado de la causa, Juan Pablo Albán: “Es curioso (cursivas de JME) que el Tribunal acoja el pedido…” de suspender la reparación inmaterial. Cununeando fuerte y claro, no hay justicia reparativa para Michael Andrés; la negación de justicia favorece el abuso despiadado y vigoriza la maldita impunidad.

Este hermano, él y su familia ya son parte de nuestra mejor historia afroamericana, en el mismo sendero que Rosa Parks, ella nació el 4 de febrero de 1913, su actitud cimarrona de no levantarse de su asiento (debía hacerlo por ley) si una persona blanca lo exigía quebró siglos de odiosa resignación. Michael Andrés salió de la Esmil para instalarse en nuestro orgullo negro.

El racismo no es solo el acto de odio contra seres humanos provocado por un individuo, general Luis Castro, es la negación institucional (por medio de sus funcionarios) de derechos a quienes unos presupuestos históricos pretenden inferiorizar (o han inferiorizado). El racismo es relación de poder político (y social), sostenida por sistemas de ideas (cosmovisión), para obtener privilegios y a la vez negar legitimidad ciudadana a personas identificadas mediante esquemas de sometimiento. El racismo del ¿capitán? Encalada Parrales lo expresa desde la institución, su frase, por ejemplo, “ningún negro será oficial” no corresponde a una precisión individual de la amenaza. Para confirmar esa negativa aplicó métodos que suponen dañar la ‘superioridad física’ de personas negras, configurando delitos de maltrato físico y mental. Ya hablaron los jueces. (O)