Sábado, 01 Abril 2017 00:00 Columnistas

Universidad Central, memoria histórica de Ecuador

César Hermida

La Universidad Central nace en el período poscolonial en 1826, con el Decreto de Simón Bolívar (Congreso de Cundinamarca) creando las Centrales de Caracas, Cundinamarca y Quito. En 1836 Vicente Rocafuerte dispone que sea la Universidad Central de Ecuador. En 1946 se declara el 18 de marzo como su día.

En la sesión solemne de la Universidad Central, su rector, Fernando Sempértegui, destacó los logros académicos de los últimos tres años. Se fortaleció la academia con docentes de formación doctoral. 360 de ellos cursan dichos programas becados por la UCE en las mejores universidades del mundo. Se adquirieron laboratorios para varias carreras. Se desarrollan proyectos de investigación que ya publican en revistas indexadas.

Los proyectos de vinculación con la sociedad han crecido aceleradamente, y los territoriales de Cayambe y Pedro Moncayo son un éxito. Cecilia Mantilla, presidenta de las mancomunidades parroquiales de Malchinguí, Tocachi, La Esperanza y Tupigachi, agradeció a nombre de la comunidad y de los gobiernos autónomos. Entregó al rector una placa de reconocimiento por la cooperación de vinculación con la sociedad de las facultades, en la que estudiantes y comunidad aprenden mutuamente. Así lo hicieron también los mensajes de los alcaldes de Cayambe y Tabacundo.

El rector, al destacar los logros de docencia, investigación y vinculación con la sociedad, mostró que la UCE cumple a cabalidad con su deber y con su misión de defender, como él lo hizo apasionadamente, el fortalecimiento de la universidad pública y gratuita.

Entre otros, hay un destacado ejemplo: la Biblioteca Central, que cuida con esmero el acervo bibliográfico histórico, un tesoro de Ecuador. María Eugenia Gaibor, con su equipo de especialistas docentes y sus alumnos, desarrollan un estupendo programa de restauración, digitalización y cuidado de libros y documentos, como los incunables desde 1457. Ahí están las raíces universitarias de aquellas de los dominicos y jesuitas, de los siglos XVI y XVII. Y ahí, del período colonial del XVIII, entre otros, la tesis doctoral de Eugenio Espejo. Con el acervo del colegio Mejía y de la Casa de la Cultura, son los tres tesoros ecuatorianos de valor internacional.

Allí se respira la emoción de una obra trascendente.  Se siente el orgullo de la nacionalidad, la identidad cultural ecuatoriana, conservada con dedicación, vocación, capacidad, tecnología.

Ciertamente la educación, la salud, los bienes de nuestra cultura, deben ser públicos y gratuitos, y no mercancías para el enriquecimiento de pocos. (O)

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