Una vil amenaza al país

- 30 de marzo de 2017 - 00:00

Con su conocido estilo soez, la derecha ha salido a amenazar a todo el pueblo ecuatoriano. No otra cosa significan las expresiones grotescas de Andrés Páez, acerca de que ellos tienen su propio centro de cómputo y que anunciarán los resultados electorales ¡45 minutos antes del cierre de las urnas!

Se trata de una amenaza al país entero, que por lo demás es una amenaza cargada de estupidez. ¿Cómo puede un actor político, que aspira a ser Vicepresidente de la República, desconocer el sistema electoral de la república e insultar groseramente al Consejo Nacional Electoral, acusando a sus miembros de ser unos delincuentes que traman un fraude electoral?

Pero la avilantez viene, en este caso, acompañada de una rampante estupidez. ¿Cómo puede alguien anunciar los resultados de una elección que todavía no ha terminado? Es tan torpe como anunciar los resultados finales de un partido de fútbol que todavía se está jugando…

Me temo que la cosa es todavía peor de lo que parece y que, detrás de tan audaz y cínica amenaza, hay algo aún más peligroso: me temo que estamos ante el prolegómeno de un intento de golpe de Estado. Y esto lo sostengo apoyado por algunas razones evidentes, que enumero a continuación. La primera es que se trata de una amenaza que busca invalidar o negar los resultados oficiales de una elección, a la que la derecha la ve perdida, pues todas las encuestas y aproximaciones electorales muestran que es cada vez mayor la diferencia entre Lenín Moreno y su contendor Guillermo Lasso.

La segunda es que quien formula esta amenaza es un personaje sombrío, que en el pasado ha liderado acciones de violencia al frente de sus ‘camisas negras’ y que, tras la primera vuelta electoral, no tuvo reparos en cercar el CNE e inventar supuestas pruebas de un fraude inexistente, acolitado por la gran prensa y televisión burguesas. La tercera es que la derecha ya usó tácticas de golpe de Estado durante la primera vuelta electoral: bombas enviadas a personajes públicos, denuncias de fraude y de supuestos actos de corrupción, escándalos montados por agentes provocadores extranjeros y por delincuentes prófugos de la justicia, calentamiento de las calles y llamados a una intervención militar.

Y la cuarta es que esta amenaza está formulada con turbia y perversa intención, en busca de movilizar a los grupos más agresivos de la derecha y crear el clima necesario para un eventual golpe de Estado, confiando en que algún otro general “se ponga nervioso ante la situación”, como en la vez pasada se puso el incalificable general Castro, y decida dar una patada al tablero electoral.  Con lo que la derecha oligárquica no cuenta es con la potencial reacción popular. El pueblo, ese ‘buey manso’ de la fábula, puede terminar enfureciéndose y atacando con mortales cornadas a sus enemigos. Algo de eso ya se vio en el intento de golpe del 30-S, cuando masas incontroladas salieron en Guayaquil a saquear negocios. ¿Se imaginan lo que ocurriría esta vez si el pueblo sintiera burlada su voluntad electoral?

Al Consejo Nacional Electoral le toca actuar con toda la calma y ponderación del caso, pero también, si fuera necesario, con toda la energía que exija la situación. Para comenzar, tiene que advertir públicamente a los medios de comunicación que clausurará y enjuiciará a cualquiera de ellos que pretenda difundir los dislates de Páez antes de las cinco de la tarde. Ojalá el poder disuasivo del Estado baste para impedir una hecatombe social como la que busca la derecha, ante su anunciada derrota electoral. (O)

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