Miércoles, 16 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Una persona especial, Bruno

Padre Pedro Pierre

A Bruno lo conocí hace muchos años, poco después de que nació especial en una familia amiga de Francia. Acaba de fallecer a los 42 años: “Él nos ha cambiado la vida; gracias a él hemos ido a lo esencial”, dice su padre. “Ha pasado a ser el centro y el criterio de nuestra familia”, decía su madre. Bruno tenía dificultad para caminar, expresarse, agarrar cualquier cosa; no veía ni oía bien. Pero gracias a sus padres y sus dos hermanos, Bruno era una explosión de vida y de amistad. Cambiaron de casa para que pudiera jugar con los animales: perro, gato, conejos, borregos, gallinas… Aprendió de ellos las ganas de caminar, saltar, cantar, reír…

Aprendió también de Dios, porque sus padres eran activos en la parroquia y participaban en varios grupos de solidaridad. Recuerdo una vez que al final de una charla, donde yo hablaba de Ecuador, pregunté a la asamblea lo que era lo más importante para Jesús. Bruno fue el primero en contestar casi gritando: “Los pobres”. La asamblea lo aplaudió. Luego pregunté qué era lo más importante para nosotros, y Bruno contestó nuevamente primero: “La amistad”, a la sorpresa de todos, que volvieron a aplaudir.

Pensé entre mí: “Los pobres nos evangelizan”. Otra vez Bruno hizo comprender a sus padres que, cuando iban a misa, él también quería comulgar. De acuerdo con el párroco, toda la familia lo preparó a la primera comunión; Bruno había aprendido a rezar en familia y a escuchar la Palabra de Dios en las reuniones familiares. Fue una fiesta grande porque todo el mundo se admiraba del desarrollo humano y cristiano que había logrado Bruno.

Felizmente, en Ecuador las personas especiales se han hecho visibles y hemos aprendido a respetarlas y apreciarlas. Gozan de muchos derechos y, gracias a las ayudas que reciben, pueden integrarse mejor en la sociedad y desarrollar sus dones. Nos hacen ver que una persona vale más allá de sus destrezas o limitaciones físicas y mentales: valemos por nuestras capacidades al desarrollarnos personalmente en humanidad, amistad y compartir. En ese sentido, como en el caso de Bruno, estas ‘personas especiales’ nos enseñan qué es lo más importante.

En una época en la que se da demasiada importancia a la belleza corporal, ellas nos dicen que esta es muy secundaria si no hemos desarrollado una calidad de relación y de entrega. En una época en la que el individualismo y el llamado triunfo personal para alcanzar numerosos bienes son considerados ejemplos a seguir, estas personas nos dicen que la amistad y la comunidad son valores primordiales. En una época donde se quiere clasificar la fe en segunda categoría, ellas nos dicen que la espiritualidad es parte esencial del ser humano.

Gracias, Bruno, por tu sonrisa, más allá de tu boca torcida. Gracias por tu amistad reluciendo en tus ojos medio cerrados y en tus largos abrazos. Gracias por tu fe, que nos confirma en el camino a seguir. Por eso, en su tiempo, “Jesús se llenó del gozo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas (del Reino) a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos’”. (O)

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