Miércoles, 18 Enero 2017 00:00 Columnistas

Una ojeada a las elecciones (II)

Juan Montaño Escobar

Las encuestas podrían ser el espejismo electoral, el gran engaño para el progresismo ecuatoriano; que nadie ande por ahí derrochando ilusiones triunfalistas. Este jazzman tiene sus dudas sobre la comprensión de los escenarios (muy cambiantes, por cierto) por parte del liderazgo del movimiento Alianza PAIS o si lo comprende ha rebajado su atención confiando en los resultados de las investigaciones de opinión electoral. Desgranando la mazorca filosófica del Abuelo Zenón: “El pensamiento va tras ojos y oídos”.

¿Qué ve y escucha el progresismo? La voz de la calle no coincide con las encuestas, no solo por error de las mediciones, más bien es el esfuerzo publicitario de la oposición que da resultados y, si no fuera en su totalidad por aquello, entonces se está perdiendo, por goteo, al ‘correísmo’ pasivo y a una parte del electorado no le salen las cuentas de los aciertos gubernamentales; diablos, los episodios de corrupción son más estridentes que los hospitales de alto nivel, por ejemplo.

La historia reciente está ahí: Argentina y Venezuela, con las obvias diferencias sociales y económicas. En ambos casos se condujo el proceso electoral como una institución gubernamental, con el mismo aparataje (funcionario-ciudadanía), es posible que algo sume ese paso acelerado de abrazos y sonrisas; por allá se despreocuparon y perdieron las referencias al cumplimiento de la palabra empeñada y cumplida en políticas sociales, además, evidentes en la cotidianidad popular; la ineficiencia de autoridades locales de los ‘ismos’ (kirchnerismo y chavismo) no fue procesada por la gestión electoral y contribuyeron con capítulos emocionales adversos. Y lo peor, se atuvieron al fetichismo ‘confiable’ de las encuestas.

El liderazgo del progresismo ecuatoriano y de PAIS debe salir a la calle y verle la cara a la verdad (y escuchar su corazón), para evaluar sobre la marcha los escenarios electorales y mejorar o cambiar estrategias de la campaña electoral; se hace urgente. A pesar de ciertos anclajes de difícil reversión, por ejemplo, el evidente desgaste político del ‘correísmo’ (entendido como operativo político gubernamental), la influencia real de grupos contrarios mediáticos de opinión, la desilusión de sectores del electorado afín al progresismo; aún se puede atraer esa franja de electorado atrapado en las dudas o creyente en un relevo político suave por la derecha neoliberal.

Es cierto, aún no entra en acción la fuerza comunicacional de Rafael Correa y es probable que su ingreso active al ‘correísmo’ pasivo por credibilidad y efecto emocional de su discurso, aquello se cuenta como activo. En el teatro barrial de las pequeñas cosas, de los breves encuentros, de la memoria y oralidad simple del vecindario la actuación de las candidaturas a asambleístas completa el trabajo. La alianza antiprogresista latinoamericana ya concentró todo su esfuerzo en Ecuador y esa congregación no se cree sus propias mentiras, trabaja para hacerlas verdades. (O)

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