Sábado, 20 Mayo 2017 00:00 Columnistas

Una excelente educación: su importancia para el ser humano, el país y la humanidad

Edmundo Vera Manzo

Una excelente educación es aquella que a cada ser humano conduce a la plenitud en todas sus potencialidades, que lo lleva de lo que actualmente es a lo que le gustaría y debería ser, cubriendo el vacío existente entre una vida de supervivencia al desarrollo de realizaciones creativas y de altos valores éticos, morales y espirituales.  Una excelente educación debe cambiar “nuestra rutina cotidiana y los pensamientos y sentimientos de siempre (que) perpetúan el mismo estado del ser, el cual crea las mismas conductas y la misma realidad. Si queremos cambiar algún aspecto de nuestra realidad, tenemos que pensar, sentir y actuar de nuevas formas, tenemos que ‘ser’ distintos en cuanto a cómo respondemos a las experiencias.

Tenemos que ‘convertirnos’ en otra persona y crear el nuevo estado mental necesario para observar un nuevo resultado con una nueva mente. Desde un punto de vista cuántico, debemos crear un estado distinto del ser como observador y generar una nueva huella electromagnética” (Joe Dispenza). Mientras la huella electromagnética sea la de siempre se producirán los mismos resultados negativos. Podemos recibir la mejor educación académica, pero con los antiguos pensamientos negativos y hábitos de siempre no llegaremos a la excelencia. Se llega a la excelencia cuando superamos las rutinas y malos hábitos que arrastramos y perpetúan nuestras acciones. Se deben reemplazar con una coherencia entre los nuevos objetivos e intenciones de lo que queremos ser, con los nuevos pensamientos, sentimientos y acciones.

Recibir una excelente educación es llegar hasta el límite de las posibilidades a partir de las potencialidades y limitaciones que tiene cada persona. Una excelente educación debe ser una oportunidad de todos los seres humanos para desarrollar hasta el límite máximo de sus aptitudes y talentos, que sus sueños se hagan realidad y contribuyan a la felicidad de la sociedad. Una excelente educación abarca diversas dimensiones y sus estímulos deben ser óptimos cada uno de ellos. Es recibir los mejores estímulos ambientales libres de contaminación, una alimentación orgánica sin metales pesados y pesticidas, amor en la crianza familiar, desarrollo psicomotriz en el límite de sus posibilidades particulares, desarrollo emocional afectivo, pensamiento cuántico y complejo, desarrollo cognoscitivo crítico y creativo, autodesarrollo personal, conciencia de la realidad presente, ética profunda, moralidad libre de corrupción, comunidad participativa y solidaria, elevada espiritualidad, amor a los demás y sensibilidad para con los más necesitados y pobres.

Cada momento histórico plantea desafíos a la educación, presionada por el desarrollo de las tecnologías y las ciencias sobre el aparato productivo y las necesidades sociales, las mismas que deben ser tomadas en cuenta, pero no por encima del desarrollo interior del ser humano: la armonía interior y los valores espirituales, la paz interior, el amor, la solidaridad y el servicio, deben ser fortalecidos con la meditación, el pensamiento positivo y sano que equilibre al razonamiento analítico y la exagerada adquisición de bienes y productos materiales.

Una excelente educación es lo mejor que pueden recibir las personas en su vida; es lo único que no pueden perder o que se lo roben y que en cada momento enfrente y resuelva los retos y situaciones que se planteen. Una excelente educación permite a los habitantes de cada país, independientemente del tamaño, disfrutar un buen vivir y felicidad, libre de consumismo, contaminación y corrupción. Una excelente educación, en última instancia, con elevados conocimientos científicos, artísticos, espirituales, inspiración creadora e iluminación, trascenderá con sus productos culturales a la humanidad. José Martí decía que “la educación debe ser una síntesis viviente de los valores trascendentales de la humanidad”. (O)

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