Viernes, 11 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Un triunfo que sacude al mundo

Pablo Salgado Jácome

Ya dos de las candidaturas de la derecha anunciaron sus binomios. Guillermo Lasso irá con Andrés Páez y Cynthia Viteri con Mauricio Pozo. En verdad, parece que trabajaran para la candidatura de Alianza PAIS. Ninguno de los dos candidatos a la Vicepresidencia genera entusiasmo o tiene carisma para seducir a las ‘masas’. Los dos forman parte de la vieja partidocracia, la misma que gobernó a punta de paquetazos y que llevó al país a la peor crisis de su historia -el feriado bancario de 1999- y generó inestabilidad, ingobernabilidad y pobreza.

Ninguno de los dos candidatos a la Vicepresidencia será el detonante para que tanto la candidatura de Lasso como de Viteri suban en la aceptación popular o, al menos, conquisten electores de otros sectores. Por el contrario, los ancla en el mismo nicho. Y lo que es peor, ninguno de los dos candidatos a la Vicepresidencia restará votos a la candidatura que va adelante, la de Lenín Moreno.

Lo que sí sacudió al mundo es el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Victoria inesperada y sorpresiva para muchos, aunque ya varios -como el documentalista Michael Moore- lo advirtieron hace meses y Los Simpson hace 16 años. Victoria que ha revelado, nuevamente, el caduco sistema electoral de la supuesta ‘democracia perfecta, ejemplo para el mundo’, en el cual se desoye el mandato popular y se deja que 538 privilegiados electores nombren al Presidente.

Muchos se preguntan cómo pudo ganar Trump con un discurso autoritario, misógino, excluyente, racista, xenófobo, machista y sexista. Un discurso que provocó miedo, al punto que se generaron marchas de protesta en varias ciudades norteamericanas una vez conocidos los resultados.

Sin duda, ese discurso populista de derecha extrema calza justo para una sociedad que ha sufrido el duro impacto de la globalización y la crisis económica -generada por el neoliberalismo- que sumió en la pobreza y la desocupación a millones de estadounidenses. Y que -como señala Sandra Borda- al mismo tiempo ‘los otros’ (los latinos y los afroamericanos) no solo crecen en número, sino que ocupan los espacios laborales y sociales que siempre pensaron eran prerrogativa y derecho exclusivo de los blancos norteamericanos.

De ahí que el discurso de Trump se convirtió en una especie de ‘última oportunidad’. Ese discurso les permitía rechazar a una clase política incapaz de darles respuesta. No importa que el discurso de Trump raye no solo en la ilegalidad, sino en el cinismo. Ese lenguaje ofensivo y descalificador -añade Borda- puede resultar emancipador para un sector social oprimido.  Por tanto, el triunfo de Trump es -de muchas maneras- también el triunfo de los enfadados, de los cabreados.

Ahora, cabe una pregunta: ¿Este resultado tendrá influencia en las elecciones ecuatorianas que se avecinan? El comunicado de Unasur expresa una seria preocupación de las implicaciones de este triunfo para América Latina. Y probablemente será un tema que los candidatos deberán incluir en sus discursos. Más aún si, como sabemos, existe un número importante de migrantes ecuatorianos en Estados Unidos.

Ya las fichas, incluida Monserrate Bustamante (el binomio de Paco Moncayo), están sobre la mesa y la campaña electoral se inicia. Y no debe extrañarnos que en la derecha populista de Ecuador se empiece también a reproducir el discurso populista de Trump. (O)

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