Miércoles, 22 Marzo 2017 00:00 Columnistas

"Un discurso político sin saliva"

Juan Montaño Escobar

Un discurso de campaña electoral, triunfal y bajito para impacientes le fue pedido al otro yo de este jazzman. Esto es en clave de ciencia ficción, pero podría ser más de lo primero que de lo segundo. ¿Saben cómo es? Fácil, el esoterismo del ya-tú-ves concluye que todos tenemos un otro ‘yo’. Así como el parcero del doctor Merengue. Una caramba cruzada de lo que sea, eso es lo que hay. “Un discurso político sin saliva”, por si hay que tirarle una trola a la gente y el chorro de baba daña el montaje. En teoría de la derecha no son los derechos, es derecho al corazón crédulo de la masa.

Se pidió secreto profesional del escribidor barriobajero, pero no del pregón de esta jam-session. No sean voyeristas, la curiosidad mató al gato. En fin, algunas señales del prospecto: tiene sus cositas (o cosotas) off shore, la esnaqui hace narración de paraísos fiscales, dan números como de 49 empresas dejadas allá, ¿será? Mientras a unos se les hizo humo el dinero en esa fase amarga y trágica maldecida como ‘feriado bancario’, el man sacó un tren infinito de ganancias. No hagan juicio de valor, ¿aprendieron eso de capitalismo de bandidos? Ahora ya saben que no es intelectualismo izquierdoso.

Vamos con la arenga electoral. El discurso debe ser lo contrario de aquello que denuncia el carnal René Pérez (Calle 13): “Soy toda la sobra de lo que se robaron”. El discurso debe disimular con palabras cómodas la incomodidad del cliente en el mercado callejero de alimentos, por ejemplo, agarrar asqueado un pollo para el consomé (¡uf!). Las frases serán de fresa almibarada, para que diciendo nada digan todo. Eso es pepa, para que después el mundo de arrepentidos no reproche el tono de sus intenciones; Mauricio Macri es el prototipo. Valga esta frase marxista (de Groucho): “El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido”. Que sientan que el paraíso (¿otra vez el edén?) está por llegar, dígalo con cara de seriedad; haga que el electorado crea en el ‘sagrado pensar’ de los banqueros, eso ya sería un avance de la gente ecuatoriana; procure que la ideología se diluya en fanfarria, glamur, ilusionismo del empleo y confirme que causa arrugas; que cientos repitan: la zurda conducta del progresismo perjudica el comercio privado de salud y educación. En fin, un discurso que ahogue al pueblo en marullos, para salvarlo del ‘correísmo’.

Detrás del poder de su discurso está el poder a secas y bien mojado, para tragárselo, es metáfora e ilustración política. No invente frases para el mármol, es error lamentable, aplique mucho pragmatismo: aviénteles caliza a los ojos. Cuando se la saquen ya los tiene embarcados en sus propósitos, del cielo les llueven paquetazos económicos y se habrán argentinizado en el arrepentimiento. Ah, sí, le califican de ‘neoliberal’. Eso le resbala, es chicle que el electorado mastica y no traga; apunte bien, lo suyo es la demagogia (perdone mi sinceridad). (O)

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