Sábado, 24 Septiembre 2016 00:00 Columnistas

Un buen binomio presidencial debe ser como un matrimonio feliz

Edmundo Vera Manzo

Producto de mi artículo anterior ‘¿Quién será la mejor opción en su papeleta presidencial?’, me enviaron algunas profundas reflexiones sobre los nombres de los candidatos a la Vicepresidencia de la República y, además, sobre las condiciones personales del binomio presidencial para que funcione como una fraterna y creativa relación de equipo de trabajo. Como esta última parte no fue desarrollada en mi reflexión, he decidido continuar sobre lo que considero de mucha importancia. Al pensar en las relaciones entre el Presidente y el Vicepresidente de la República, enseguida pasaron por mi mente las imágenes de un matrimonio consolidado o de una pareja sentimental feliz. ¿Qué garantiza el éxito de dos personas en un proyecto político, matrimonial, de unión sentimental, sociedad comercial, de amistad verdadera y religiosa?

En mi criterio, las claves se encuentran en la identidad de objetivos, la confianza mutua y la complementariedad en los talentos, conocimientos y competencias para constituir un equipo de trabajo.

Es de fundamental importancia en la pareja la coincidencia en lo que constituye el objetivo más elevado de cada uno. Pueden no coincidir en objetivos secundarios, intereses deportivos y recreativos, pero el sueño principal, el anhelo más profundo debe ser compartido. La confianza mutua es imprescindible. Interviene lo que ahora se llama la inteligencia emocional, entra en juego la empatía, la simpatía, el sentirse bien con esa persona. No se puede trabajar con quien se tiene desconfianza, con quien se sienta temor o peligro de engaño. El tener aptitudes, talentos, conocimientos y competencias diferentes en un equipo de trabajo no es una debilidad, sino una fortaleza.

La complementariedad permite completar lo que por separado no se alcanza a tener o ser. Veamos algunas parejas en los máximos cargos políticos. La relación entre José María Velasco Ibarra y Jorge Zavala Baquerizo, provenían de binomios diferentes y fueron unidos por el voto del pueblo ecuatoriano, resultado: juntos, pero de espaldas. La relación entre Osvaldo Hurtado y León Roldós Aguilera, escogido este último por el Congreso Nacional después de la muerte de Jaime Roldós, fue como un matrimonio impuesto entre personas que no se querían. La relación entre León Febres-Cordero y Blasco Peñaherrera, fue como una unión por afinidad ideológica que terminó en desconfianza mutua. La relación entre Dilma Rousseff y Michel Temer fue confiar en un ‘zorro’ conspirador con mucha experiencia que terminó traicionando y devorando a su compañera.

Lo peor es escoger a alguien porque aporta dinero o votos, en las primeras dificultades y presiones se divorcian. Muchas veces el Vicepresidente de la República ha sido considerado como una persona decorativa o como un conspirador a sueldo para ‘serruchar’ al Presidente. Puede convertirse en un caballo de Troya infiltrado en el interior y al descuido traicionar. Si se escoge un binomio presidencial por mayoría de votos, consenso o unanimidad en una asamblea entre personas que existe rivalidad puede reducir la votación electoral; y, de ganarse, desarrollar conflictos por incompatibilidad de caracteres.

Compartiendo los criterios expresados por algunos lectores, el candidato presidencial escogido por la convención o Asamblea Nacional debe presentar una terna a la dirección nacional para que seleccionen al candidato a la Vicepresidencia o también que el candidato presidencial escoja a su binomio. No se puede dormir con su enemigo o estar con un ojo abierto y el otro cerrado vigilando al que puede ser considerado un conspirador a sueldo, porque genera mucho estrés y pérdida de energías y deja de ser un equipo de trabajo. Debe predominar la coincidencia en valores superiores y la armonía, solo así se garantiza que el binomio presidencial pueda realizar un intenso y profundo trabajo al servicio del país. (O)

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