Viernes, 18 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Trump y Macri, aquellos viejos negocios

Roberto Follari (*)

En Argentina han trascendido en estos días filmaciones -algunas reproducidas en los escasos espacios televisivos no afines al gobierno macrista- que muestran al actual presidente argentino narrando sus aventuras juveniles con el presidente electo de Estados Unidos. Mauricio Macri negociaba con Trump en Nueva York sobre emprendimientos inmobiliarios que pretendía hacer su padre en aquella ciudad, los que finalmente el padre de Macri -que hizo la fortuna que luego ha gozado su hijo- vio en gran medida frustrados.

En la filmación Macri llama ‘loquito’ a Donald Trump, lo que no está lejos de la impresión que muchos han tenido a través de las declaraciones del magnate estadounidense; pero es verdad que es una adjetivación fuerte, de parte de alguien que lo conoce bien. Luego se han conocido detalles de las declaraciones que Macri hizo hace unos siete u ocho años a la periodista y militante Gabriela Cerruti, donde habla de un gigantesco cheque que recibió de Trump en aquel momento, y de que él -Macri- se aburría en las reuniones de negocios, de modo que preferia invitar a Trump a “salir con chicas”, en vez de asumir las tediosas negociaciones comerciales. Toda una postal.

Lo cierto es que, así como, por ej., la flia. Bin Laden se conocía bien con la flia. Bush -según Michael Moore se encargó de documentar-, también se conocen largamente las flias. Macri y Trump, en este caso directamente a través de la figura del presidente electo en EE.UU., pues él hizo -no heredó- la fortuna monumental que posee. Y se ve que el padre de Macri -Francisco- quedó en malas relaciones con Trump, pues el negocio que pretendía se frustró. Mauricio, su hijo, más despreocupado de los negocios -pues su padre los sostenía- mantuvo buena relación posterior con Trump, jugando al golf con él y promoviendo visitas mutuas en algunas ocasiones.

Curiosa situación: en tanto la canciller Malcorra -miembro del gobierno de Macri- forma parte del staff político ligado a la ONU (a la que quiso infructuosamente presidir), esta apoyó expresamente a Hillary Clinton en la campaña. No solo eso: le envió un sorprendente tuit poselección, donde se lamentaba de que “no sea una mujer” la nueva presidenta de EE.UU.

También Macri, acorde a asesoramientos varios, apoyó expresamente a Clinton, y quedó malparado con la victoria de Trump.

Mientras, el pueblo argentino advierte con azoro la falta de mínimo tino en la política exterior del macrismo, que afecta a toda la ciudadanía. Conocía a Trump, pero apoyó a la figura perdedora. Lo curioso es que no debió apoyar a nadie: un presidente y una canciller no son ‘fans’ individuales, sino funcionarios de Estado. Como tales, deben velar por mantener relaciones con las posiciones, cualesquiera que surjan en otros países, más aún en el caso de una potencia como Estados Unidos.

Pero esto no es nuevo: Macri ya hizo un chiste absurdo a Putin, quien se quedó mirándolo fríamente; pretendió sorprender a la premier británica anunciando un apoyo de su parte a negociaciones por la soberanía de Malvinas, que el Foreign Office desmintió de inmediato; señaló ante la solemne diplomacia mexicana que lo que habló con el presidente Peña Nieto fue que este aprendiera “mis pasos de baile”.

Una abundante constelación, que muestra claramente que la política exterior no tiene las facilidades mediáticas y partidarias de la doméstica, para quienes representan el stablishment. (O)

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