Viernes, 07 Abril 2017 00:00 Columnistas

¿Tragedia, función de títeres, telenovela?

*Fernando Falconí Calles

La tragedia, como género teatral, nace en Grecia. El término proviene de la voz griega tragoedia y alude a la canción de los atenienses que era entonada en las procesiones que se organizaban en las fiestas de Dionisio, dios del vino y las diversiones. En cambio, para la derecha ecuatoriana es una tragedia haber sido derrotada -una vez más- por las masas populares.

El escritor francés Charles Nodier, quien fue un ferviente admirador de los títeres, escribió: “Al no poder fijarse la época precisa de su nacimiento, puede decirse que el títere más antiguo es la primera muñeca puesta en las manos de una niña, y que el primer drama nace del monólogo, mejor dicho del diálogo que sostiene la niña y su muñeca”.

En nuestra querida patria hay que observar con atención quiénes apoyaron al banquero en la segunda vuelta para inferir la existencia de algunos hilos que conectan a varios políticos criollos con Miami y Washington.

Las telenovelas se dividen en capítulos y algunos adherentes a la coalición neoliberal no son tan buenos actores. Intentan aparecer como demócratas, pero en el fondo no lo son. Así lo han demostrado luego de la segunda vuelta al armar protestas y algazaras callejeras por un supuesto fraude. Pero el asunto va más allá: se trata de deslegitimar al proceso electoral, a la institucionalidad y a la democracia en sí misma.

El primer capítulo se dio en la campaña porque escribieron el programa y eran otras las cosas que ofrecían conforme aparecían los más disímiles apoyos. El segundo lo dedicaron a insultar, difamar, acusar -sin pruebas- al binomio rival. El tercer capítulo tiene relación con la consigna ‘ganar o ganar’; no señores; en democracia se gana y se pierde. El cuarto tiene relación con el posicionamiento del fraude. ¿Y las pruebas? Los perdedores -inconformes con el resultado- pueden objetar, impugnar y apelar en las instancias correspondientes; están en su derecho. El pequeño detalle es que tienen que probar documentadamente que existieron irregularidades. El quinto capítulo lo dedicaron a las lágrimas que no fueron provocadas por las bombas de la Policía; fueron producto del coraje.

En la segunda vuelta un voto inclina la balanza. Esa es la democracia. Quienes se presentan a una lid electoral deben aceptar -patrióticamente, responsablemente- el triunfo o la derrota. Caso contrario, ¿para qué participan? Basta de shows mediáticos con cajas de cartón vacías.

Se trata -en el fondo- de erosionar sistemáticamente a una de las instituciones clave del sistema democrático: el Consejo Nacional Electoral. Además, fabrican un pretexto para coquetear con ciertos militares y dar un golpe de Estado que de blando no tendría absolutamente nada. Se trata, en definitiva, de hacer aparecer al binomio de las mayorías como producto de un fraude para deslegitimarlo y debilitarlo desde el inicio de su gestión. Y allí es donde juega un importante papel el estadista que va a gobernar para todos. La mano extendida del presidente electo Lenín Moreno no es debilidad: es generosidad y nobleza.

Hay que recuperar la política -como arte y como ciencia-, cuyo objetivo principal es el bienestar del pueblo. (O)

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