Jueves, 06 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Todos contra Lenín

Jaime Galarza Zavala

Por más que se remueve los sesos para hallar la fórmula electoral salvadora, la oposición no sabe qué hacer para evitar desbarrancarse en la contienda política de febrero próximo, cuando la ciudadanía ecuatoriana elija presidente de la República, vicepresidente y asambleístas. Paúl Carrasco, dándose aires de profeta, declara en Ecuavisa “si existe un sentimiento patriótico, la Unidad debe ampliarse, caso contrario el correísmo podría ganar en primera vuelta”.

Para lograr el milagro de esta unificación, Carrasco apela al patriotismo de Cynthia Viteri, Guillermo Lasso, Dalo Bucaram y Paco Moncayo, olvidándose injustamente de Alvarito, quien bate su tambor guerrero (¡Adelante, ecuatoriano, adelante!), mientras su compañero Lucio Gutiérrez sopla la corneta. El eslogan de los cruzados de la derecha y sus ‘chulíos’ de centroizquierda, “Todos contra Correa”, fue lanzado hace algún tiempo, pero no surtió efecto cuando recién se cocinaban las candidaturas de este sector, pues al parecer en la olla de esta olorosa fanesca faltaba justamente el condimento invocado por el prefecto del Azuay, que además resultó ‘pateado’ por la Unidad en sus altísimas aspiraciones presidenciales. Ahora cada uno va a servirse su potaje en mesa aparte. Porque, de yapa, cada uno cuenta con una larga cola de aspirantes a la Asamblea, dedicados a ese juego que los niños llaman ‘sacamanteca’, librado a ‘purito rempujón’ en una estrecha banca que no alcanza para todos. Es decir que, si nos atenemos a la profecía del gurú morlaco, Lenín Moreno ganará en primera vuelta. En este caso, la oposición tendrá la penosa faena de provocar una ‘pugna de poderes’ desde la Asamblea, parecida a la que en su hora capitaneó León Febres-Cordero contra el presidente Jaime Roldós Aguilera.

Ahora bien, conforme avance la contienda y crezca la figura de Lenín Moreno, el eslogan sufrirá un cambio drástico, para convertirse en un franco alarido de ‘Todos contra Lenín’, lo que terminará por clarificar ante la ciudadanía el hecho real de que el problema no era Correa sino los postulados de cambio de la Revolución Ciudadana, que esta vez contarán con la conducción de un nuevo líder, que no viene a restar la figura del fundador de Alianza PAIS, sino a conducir una nueva etapa del mismo proceso, continuando en su camino de logros sociales exitosos y superando los escollos y vacíos de la primera etapa.

Claro que para obtener el triunfo en una sola vuelta, las exigencias de la historia y de la realidad serán numerosas, a partir de la necesidad imperativa de una autocrítica profunda y un espíritu de rectificaciones a toda prueba. Ello incluye, ante todo, la necesidad de superar todo sectarismo para abrazar la convicción de que el avance del proceso no será –nunca lo fue- obra únicamente de las individualidades ni de movimientos o partidos en particular, sino de todo el pueblo; es decir de las grandes mayorías, y no únicamente en calidad de votantes sino de actores en plenitud de sus derechos para proponer, participar, exigir y decidir, todo lo cual son atributos de una verdadera revolución, pues lo contrario resulta solo remedos de democracia participativa, resurrección de la partidocracia y puertas abiertas a la restauración conservadora-neoliberal. (O)

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