Martes, 31 Enero 2017 00:00 Columnistas

Sostenibilidad (2)

Víctor Mendoza Andrade

En el artículo anterior destacamos el efecto cautivador irrefutable del término sustentable como condición ineludible para la utilización de los recursos naturales renovables (RNR) ante la depredación y consiguiente degradación ambiental ocasionada por el hombre.

La sostenibilidad fue incorporada en todos los programas de la ONU como factor indispensable para el desarrollo y ratificado en la reunión denominada Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992. Convirtiéndose en el paradigma para enfrentar el excesivo consumo actual de los recursos por la humanidad, los cuales -se calcula- constituyen el equivalente de 1,4 planetas cada año. Lo cual significa que la Tierra ahora necesita un año y cinco meses para regenerar lo que utilizamos en un año.

Convirtiendo los recursos a desechos más rápidamente que los desechos se convierten en recursos. Los expertos de la FAO consideran que esta situación nos pone en el sobregiro ecológico global, agotando los recursos de los cuales dependen la vida humana y la biodiversidad.

Este escenario establece la necesidad de definir indicadores de evaluación del consumo como son la ‘huella ecológica’, considerada como la principal medida mundial de la demanda de recursos por la humanidad sobre la naturaleza, determinando cuánta área de la tierra y del agua requiere una población humana para producir el recurso que consume y absorber sus desechos usando la tecnología prevaleciente y el indicador ‘umbral de resiliencia’, definido como el límite hasta el cual un ecosistema puede soportar perturbaciones sin desequilibrarse definitivamente.

La capacidad de carga ecológica está íntimamente relacionada con la fortaleza de un ecosistema, advirtiéndose que el objetivo fundamental de calcular las huellas ecológicas consiste en evaluar el impacto sobre el planeta de un determinado modo o forma de vida y compararlo con la biocapacidad del planeta, así como el umbral de resiliencia mide la capacidad de recobrarse de un biosistema, convirtiéndose en indicadores clave para evaluar la sostenibilidad.

Desde aquella memorable fecha (1992) del evento de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, los países subdesarrollados rescataron la legitimidad de emplear sus RNR, para alcanzar su desarrollo modificando la definición original, centrada en la preservación medioambiental del Informe Brundtland, ampliando su significado hacia la idea de la sostenibilidad en tres pilares que deben conciliarse en una perspectiva de desarrollo sostenible: el progreso económico, la justicia social y la preservación del medio ambiente.    

En conocimiento de estos antecedentes, es importante revisar los resultados logrados en la sostenibilidad de los RNR (considerada como responsabilidad planetaria) en relación a los intercambios comerciales de los países en desarrollo, proveedores de productos primarios; y las transnacionales de los países industrializados, productores de insumos y tecnología altamente contaminantes, sobre todo en los trópicos, donde existe la mayor reserva de RNR básicos y donde nuestro país geográficamente está localizado. (Continuaremos) (O)

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