Miércoles, 28 Junio 2017 00:00 Columnistas

Solidaridad con la patria de Bolívar

Leonardo Vicuña Izquierdo

Venezuela, desde ella, como base histórica, se gestó nuestra independencia, se fortaleció la integración solidaria latinoamericana y se sustentó el objetivo de la Patria Grande; para esta, con iniciativa de la Alba se aprobó la Celac, que hay que consolidar; es la OEA sin Canadá ni EE.UU., que siempre la asumió como su ministerio de colonias, desde la cual se estableció una política neocolonial, apoyó golpes de Estado y dictaduras militares y se orientó toda una estrategia antidemocrática, cuya expresión máxima fue la ‘expulsión’ de Cuba.

Hoy por hoy, con el traidor Luis Almagro, secretario general, se insiste en una política intervencionista contra Venezuela, que apunta a liquidar la Revolución Bolivariana que con éxito lideró Hugo Chávez, a quien el imperio y sus esbirros locales derrocaron para imponer un empresario títere y el pueblo lo restituyó al poder en 48 horas. El Gobierno, con gran apoyo popular y de la comunidad internacional, resiste, con la conducción del PSUV, frente a la acción violenta de la derecha entreguista, apoyada descaradamente por EE.UU., convertido una vez más en base y referente perverso contra los intereses de América Latina y la humanidad toda, que sufre las desquiciadas políticas de Trump; entre otras, la pretensión de construir un muro contra México y la región, el miserable trato a los migrantes, de cacería y deportación; y contra los acuerdos climáticos mundiales para preservar el planeta.

En estos años, conducidos por poderosos intereses transnacionales, las élites y multimillonarios venezolanos quieren volver al pasado, de atraco petrolero, a las políticas neoliberales, de sometimiento y exclusión social, a la economía del ensamblaje y de importación masiva de alimentos enlatados y bienes de lujo, a la concentración de la riqueza, que fue la mayor del planeta, junto a la pobreza de las masas, marginadas y expulsadas a los miserables ‘ranchos’ en las laderas de Caracas y otras ciudades.

Todo eso fue liquidado por la revolución; y el petróleo se recuperó y volcó al pueblo, y se creó una nueva institucionalidad, el Estado democrático y el poder popular; se reconocieron derechos y se posibilitó la creación de organizaciones políticas que han participado en elecciones, en las cuales fue una y otra vez derrotada la derecha. El presidente Maduro, como poco antes Hugo Chávez, le ganó a Capriles, principal dirigente de la oligarquía y doble perdedor; luego el PSUV triunfó en el 70% de los municipios, que fueron y son administrados junto a otras fuerzas progresistas.

¿Eso es dictadura? Por cierto que no; pero es lo que analistas y caricaturistas asalariados o ignorantes afirman, con muchas otras mentiras y calumnias, todos los días por todos los medios, en todo el continente. Está claro que el problema no es Maduro ni sus estilos, errores personales o del proceso, es solo el pretexto, lo de fondo es la necesidad de la oligarquía venezolana y el imperio, de la CIA, la SIP y su poder mediático, ONG a su servicio y otros, de liquidar la Revolución Bolivariana, que apunta a consolidar una sociedad de equidad y justicia y volver a atracar las riquezas petroleras.

La humanidad progresista está contra la intervención en la patria de Bolívar; parte de la Patria Grande anhela y exige que los problemas de Venezuela los resuelvan los venezolanos. Esa es la posición históricamente necesaria que mantiene la RC, en momentos que la derecha continental una vez más arremete contra los gobiernos progresistas en el continente.

La Venezuela altiva y soberana vencerá. Los bolivarianos y alfaristas estamos con ella, desde siempre y por siempre. (O)

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