Viernes, 27 Enero 2017 00:00 Columnistas

Se jodió

Sebastián Vallejo

(Nota del autor: Todas las propuestas o acciones mencionadas en este artículo son reales.) La semana pasada, Trump todavía era una amenaza. Hasta la semana anterior, Trump era oscuros nubarrones, un mal futuro, un trago amargo que no terminaba de caer. Una semana dentro de su mandato y el remezón se empieza sentir. El problema con la campaña de Trump es que todo fue tan descabellado que era difícil tomar muy en serio aquello que prometía, entonces, una vez iniciado el proceso, es difícil creer que de hecho lo está haciendo.

Había las propuestas de cajón del Partido Republicano, aquel grupo humano que, para desmentir el calentamiento global, llevó una bola de nieve al Congreso en febrero. “Mayormente, yo soy un ambientalista”,  bromeaba (¿?) el martes Trump en la Casa Blanca con una comitiva de CEO de la industria de autos. Acto seguido firmó un memo ejecutivo que daba paso a la construcción del oleoducto Keystone XL, que atraviesa Dakota y que afecta mayormente a comunidades de nativos americanos (las protestas de los nativos americanos llevaron a que Obama detuviera el proyecto).

El miércoles, Trump firmó una orden ejecutiva sobre migración. Uno de los párrafos manda a que el Departamento de Seguridad Interna publique una lista completa de las acciones criminales cometidas por extranjeros en Estados Unidos. La lista debe incluir detalles sobre ‘ciudades santuario’, ciudades que se rehúsan a entregar a migrantes para ser deportados. La orden también incluye la creación de nuevos centros de detención para migrantes y la contratación de 5.000 agentes para patrullar las fronteras. Las versiones preliminares de las órdenes a venir incluyen prohibir la entrada de refugiados sirios a Estados Unidos.

El mismo miércoles, Trump dijo que “una nación sin fronteras, no es una nación (…), y empezando hoy, Estados Unidos retoma el control de sus fronteras”. En la misma conferencia de prensa, anunció que se iniciaría la construcción de una muralla en el borde de México. En esta semana inició el gran peligro para el mundo. Primero, porque las órdenes son abiertamente racistas y atentan contra un chorro de derechos humanos. Trump dice que “sacarán a los malos (sic)”. Pero en la misma orden no se especifica cuál es el alcance de las deportaciones.

Es decir, un migrante ilegal es, bajo la ley norteamericana, un criminal. Tomadas todas juntas, las órdenes están poniendo el peso de todo el gobierno federal para atrapar a 11 millones de personas que están de manera ilegal o que son refugiadas. Como siempre pasa, el tolete también lo recibirán todos aquellos que ‘parezcan’ migrantes, como suele suceder con la comunidad afroamericana cuando la Policía detiene a ‘sospechosos’. Esto en un estado de vigilancia fortalecido por los últimos 15 años de guerra contra el terrorismo y el amplio espacio que se le dio a la NSA bajo la administración de Obama. La maquinaria está lista, solo faltaba la orden.

El otro problema, igual de grave, es que se legitima este tipo de acciones. Si pensamos la manera en que los partidos de extrema derecha tomaron confianza con la victoria de Trump, no es difícil imaginar a gobiernos que se sienten legitimados para seguir el ejemplo de Estados Unidos (como ya ha sucedido en el pasado). Significa repotenciar todo ese discurso nacionalista y xenofóbico que se está extendiendo en Europa con la oleada de refugiados sirios y de otros países de Medio Oriente que escapan de una guerra brutal y deshumanizada. El único posible consuelo es que Trump necesitará $ 16 mil millones para construir la muralla. Y la única manera de lograrlo -especulo- es con mano de obra barata que, por excelencia, viene de los que nacimos al sur del borde. Es decir, no solo que México no la va a pagar, sino que le terminarán pagando a México.

Pero, por el resto, se jodió. (O)

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