Martes, 01 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

¿Resuelve la tecnificación la hambruna?

Víctor Mendoza Andrade

El crecimiento exponencial de la población del planeta (Actualmente cuenta con unos 7.300 millones de habitantes. Estimándose que para mediados del siglo, el 2050, alcanzará los 9.700 millones y a fines del siglo, para el 2100, la población mundial será de 11.200 millones de personas.) observado en relación al aumento lineal de la producción de alimentos y al incremento de la hambruna existente en el mundo, su diferencia constituye una preocupación constante de las organizaciones para el desarrollo humano (ONU: Alrededor de 795 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa. Eso es casi una de cada nueve personas en la tierra).

La respuesta instantánea como solución al problema ha sido la urgente necesidad de intensificar la producción agrícola (producción por unidad de superficie) mediante la tecnificación de los cultivos.

Esta solución, producto del intelecto humano de indudable importancia, es aceptada entusiastamente por el subdesarrollo llamándola ‘Modernización agrícola’. No obstante sus resultados espectaculares (Revolución Verde) no han sido suficientes para resolver el problema de la hambruna de vastas regiones en donde se localizan los países subdesarrollados y que paradójicamente ocupan los trópicos del planeta considerada como la última reserva de recursos naturales renovables con los que cuenta la actual civilización.

En este escenario incongruente, los representantes de las instituciones internacionales para el desarrollo, a las cuales nos hemos referido anteriormente, han reconocido que la Tierra produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial de 7 mil millones de personas. Sin embargo, un tercio de todos los alimentos producidos (1,3 mil millones de toneladas) nunca es consumido.

Y anotan: “Este desperdicio de alimentos representa una oportunidad perdida en la lucha por mejorar la seguridad alimentaria global, en un mundo donde una de cada ocho personas en el planeta va a la cama con hambre cada noche”.

El desperdicio de alimentos también ha significado la depredación de los recursos naturales renovables de los cuales se los obtiene y la contaminación ambiental provocada por los insumos (pesticidas,  abonos, etc.) y combustibles fósiles utilizados para la producción de estos alimentos, los cuales -se calcula- emiten un aproximado de 3,3 mil millones de toneladas de gases de invernadero.

A partir de los años 60, la comunidad científica ha denunciado no solo la depredación de los recursos naturales, sino también los excesos de la utilización de los combustibles fósiles para obtener energía y sintéticos, como son: abonos, pesticidas, etcétera, aplicados para obtener las producciones agrícolas intensivas sin obtener la disminución de las hambrunas y han provocado la contaminación ambiental que prioritariamente afectan a las poblaciones subdesarrolladas demostrándose que el hambre no la resuelve la tecnificación si no se acompaña de políticas como las enunciadas -pero no cumplidas- por la producción sostenible. (O)

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