Sábado, 21 Enero 2017 00:00 Columnistas

Responsabilidad de los intelectuales: Trascendencia y vergüenza de su acción política

Edmundo Vera Manzo

Un intelectual es toda persona que gran parte de cada día y de su vida, por su cuenta o por estudios escolarizados, se dedica principalmente a reflexionar, a estudiar, al cultivo de su inteligencia, para comprender una actividad profesional, de un área y/o del conjunto de la realidad, a diferencia de otros que principalmente cultivan sus cuerpos, realizan trabajos manuales. Los autodidactas estudiosos, los profesores, abogados, periodistas, médicos, biólogos, ingenieros y todos los profesionales de nivel superior son intelectuales.

Todos “los intelectuales no son más que personas con privilegios”(Noam Chomsky) en sus  conocimientos comparados con quienes realizan una actividad preponderantemente manual como los obreros, campesinos, pescadores y artesanos, lo que conduce a la responsabilidad de devolver a los demás lo aprendido. Quienes se dedican a estudiar a solas, encerrados en sí mismos, deleitándose de la lectura y el estudio, tan solo para satisfacer su ego, realizan una actividad que los envilece. El gran intelectual Aníbal Ponce decía que “Cuando a la cultura se la disfruta como un privilegio envilece tanto como el oro”.

Porque el aislamiento, “practicar la indiferencia, es practicar la neutralidad política y nadie puede mostrarse indiferente frente a un pedazo de pan, porque al hacerlo quiere decir que pertenece al partido de los saciados”. El dilema es el conocimiento para satisfacer la vanidad y el narcisismo o la participación a los demás de los conocimientos adquiridos. Álvaro Yunque decía que “el intelectual más colmado de ideas debe ser como una rama cargada de frutos, que se inclina hacia abajo, hacia el pueblo y se las da. Cuando solo posee ideas, que pueden ser seductoras frases rítmicas, se eleva a los cielos y se aísla. Hay que saber cumplir nuestros deberes, dándonos a los demás”.

La responsabilidad primera de todo intelectual es esforzarse para estar siempre actualizado. Sus conocimientos deben encontrarse en la vanguardia de la ciencia y el arte para contribuir con el progreso, con el avance y mejoramiento de las condiciones de vida. En caso contrario representa el atraso, la inoperancia y en definitiva a la mediocridad. Un intelectual no actualizado constituye un peligro social. No es suficiente que tenga buenas intenciones  unido a una preparación deficiente, sus resultados constituirán un anunciado fracaso.

Una responsabilidad importante de todo intelectual es su compromiso y solidaridad social. Atender no solo a los que pueden pagar sus servicios, sino a quienes tienen menos ingresos y que no alcanzan a pagarlos. Es totalmente injusto y discriminatorio cobrar a todos por igual sin tomar en cuenta los ingresos de quienes necesitan sus servicios, lo que pone en juego a la solidaridad o la insensibilidad social. Todo intelectual forma parte de la guerra de las ideas. Qué vergüenza dan los intelectuales cuando se convierten en traidores a lo que fueron en su juventud, a su conciencia, a la humanidad y la naturaleza renegando lo mejor de sus vidas por un mendrugo de pan o por la figuración. Los intelectuales trascienden cuando por sus ideas ayudan a derribar las creencias que explotan, dominan y controlan a los pueblos y arriesgan la comodidad del presente por la proyección de las ideas que representan el futuro.

En cada etapa histórica un intelectual simboliza y asume su responsabilidad: Lao Tse, Sócrates, Jesucristo, Erasmo, Cervantes, Tomás Moro, Rabelais, Zola, R. Rollán, B. Russell, Sartre y en el presente Fidel y N. Chomsky. En nuestro país E. Espejo, J. Montalvo, P. Jaramillo y A. Cueva. Ninguna persona es perfecta y en el campo político tenemos que hacer un balance de sus errores y aciertos y cuando es ampliamente positivo debemos apoyar a los que luchan por la inclusión y la justicia en el Ecuador y el mundo, frente a los más poderosos y ricos que representan la opresión, explotación y dominación. (O)

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