Viernes, 14 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Recuerdos del futuro

Roberto Follari (*)

Tras la caída de los gobiernos populares en Argentina y Brasil, el año entrante se decidirá la batalla presidencial en Ecuador. Sectores de ideología de derecha, ligados al gran empresariado y a una noción elitista de lo social, saben muy bien cuál es su opción, contraria a la del actual Gobierno. Pero más confusa es la expectativa de sectores de izquierda socialdemócrata (o al menos, de pretendida izquierda en ese caso), de grandes organizaciones sociales -entre las cuales las de indígenas no son las menores- o de grupos que se autoinvocan como partidarios de un cambio radical de sistema.

Entre estos sectores, pulula la confusa idea de que gobiernos como el actual -en homologación con otros similares aún existentes, caso Bolivia o Nicaragua- son “lo mismo” que la derecha. Mirado de lejos y con el bolsillo lleno, da igual que sectores pobres tengan acceso a educación o a salud; total, “no han hecho la revolución”, son capitalismo de todos modos, se alega. No falta quien desee un gobierno claramente reaccionario en la insólita lógica del “cuanto peor, mejor”, que tanto daño ha hecho a los pueblos latinoamericanos. Según ellos, un régimen reaccionario es mejor, pues no competiría con organizaciones populares a la hora de reclutar militantes, por ejemplo.

Sin dudas que hay en ello una minusvaloración acerca de la pesantez de los programas de la derecha para la región. Hay que mirar a Brasil y Argentina: persecución mediático-judicial de sus líderes, privatización de empresas en Brasil, liquidación de subsidios a las tarifas de servicios en Argentina. Estos días se denuncia espionaje y hackeo a cuentas de periodistas en Buenos Aires, mientras las acusaciones judiciales al presidente por ‘Panama Papers’ y a la vicepresidenta por posesión de dineros que no puede explicar, son cuidadosamente ignoradas por los medios. Homogeneización de la palabra pública, importaciones que liquidan la industria nacional, desempleo creciente, baja del poder adquisitivo del salario, una pegajosa retórica de pretendida redención, son parte del indigesto menú en aquellos países, y muy probablemente en cualesquiera otros en que gobiernos nacional/populares sean desplazados.

Por supuesto que desde las organizaciones que sostuvieron a esos gobiernos, ha habido fallas en aquellos procesos. Una muy clara durante la campaña argentina fue que los partidarios del kirchnerismo hablaron más de lo logrado que de lo nuevo por avanzar; más de lo hecho, que de lo que ahora se iba a hacer.

Y ningún pueblo vive de lo ya logrado. Quizá sea de lamentar, pero se toma lo conquistado por los gobiernos nacional/populares como natural, ya/dado, como si fuera una situación que no pudiera retrotraerse: retroceso que bien puede ocurrir con los planes neoliberales, tal como ocurre hoy con Brasil y Argentina, pero que grandes sectores sociales no visualizan como posible.

La inventiva, entonces, consiste en abrir hacia el futuro y, en todo caso, mostrar lo logrado como prueba de que lo que se promete se podrá cumplir. Todo un desafío, pues las derechas también hablan del futuro, y pueden hacerlo desde la facilidad que les otorga el olvido social que hoy puede existir sobre lo que fueron sus gobiernos anteriores, realizados quizá con otros nombres, pero con análogas políticas. (O)

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