Jueves, 01 Diciembre 2016 00:00 Columnistas

Recordando a Fidel

Ketty RomoLeroux G.

Nos conocimos personalmente en los primeros días de agosto, en La Habana, en el Primer Encuentro Latinoamericano de Juventudes. Al llegar al aeropuerto contemplamos desde el avión enormes letreros que decían: ‘Cuba, territorio libre de América’. ‘Cuba sí, yanquis no’. ‘Patria o muerte’. ‘Fidel, Cuba está contigo’. Entonces comprendimos lo que estaba ocurriendo. En la clausura, el 6, en el estadio El Cerro, ante una muchedumbre, cuando leía el Acta de la Segunda Independencia, se le fue la voz. Algunos cayeron de rodillas, rogando a Dios que pronto se la devuelva. Porque la gusanera en Miami se pondría  muy feliz si no se hacían las expropiaciones. ¡Que se cuide, que descanse! gritaban, pidiendo la presencia  de su hermano Raúl, quien continuó leyendo el documento.

Transcurridos unos diez minutos anunció: “Una mala noticia para el imperialismo yanqui. A Fidel le volvió la voz”. El júbilo no tuvo límite. Se lanzaron al aire sombreros, pañuelos, resonaban machetes al grito de ¡Fidel! ¡Fidel!, entonando el himno nacional. En ese día se leyó el Acta de la Segunda Independencia, con la que se nacionalizaron todos los bienes y empresas extranjeras. Desde entonces se inició la gran batalla desigual, entre un pueblo heroico con conciencia patriótica y un imperio soberbio. Han transcurrido cincuenta y siete años de resistencia y los logros son admirables.

Se realizó la reforma agraria. Se eliminó completamente el analfabetismo. La mortalidad infantil es la más baja del continente. Es el único país del hemisferio que ha eliminado la desnutrición infantil y exhibido la esperanza de vida más alta del llamado tercer mundo (78 años). Su pueblo ha alcanzado un alto nivel cultural.
Fidel es el conductor de aquel magno proceso.

Por eso, cuando cumplió 80 años en 2006, un grupo de hombres y mujeres progresistas de la provincia de Guayas organizamos en su homenaje un hermoso festival que dio origen a la Coordinadora Provincial de Solidaridad con Cuba. Y la suscrita publicó un significativo libro titulado La Revolución Cubana. Alba de la Sociedad del Futuro, destacando su papel decisivo en su conducción. Porque si bien los pueblos son los protagonistas de su propio destino, los grandes saltos revolucionarios precisan de aquellos conductores que, poseyendo el don de la comprensión del momento histórico, ganan la confianza de las masas, guiándolas a cambios sociales radicales. Fidel es uno de ellos.

Se identificó plenamente con el héroe de la independencia José Martí. Y con su orientación guió su acción. Lo proclamó autor intelectual de su gesta iniciadora, el asalto al Cuartel Moncada. Aquel se realizó el 26 de julio de 1953, por un grupo de 160 valerosos. El resultado fue fatal: 56 asesinados, como Abel Santamaría, a quien le sacaron los ojos; más 32 brutalmente torturados. Fidel y otros 19 compañeros lograron escapar. Fidel fue detenido el 1 de agosto. Muy admirado es su estremecedor alegato “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Ya libre, en la clandestinidad, crea el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Frente al peligro que corría viaja a México, en donde conoce al joven médico argentino Ernesto Guevara de la Serna. Decide instalarse en México. Y junto a Raúl, el ‘Che’, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y un puñado de aguerridos insurgentes deciden viajar a Cuba a iniciar en la Sierra Maestra la guerra de guerrillas. Fidel muere, precisamente cuando su pueblo se aprestaba a conmemorar, el próximo 2 de diciembre, el sexagésimo aniversario del desembarque del Granma. Con el que comienza el proceso revolucionario que cambió la historia de nuestra América Latina, dando inicio a una nueva era, a principios del presente siglo. La de los gobiernos progresistas.

¡Su legado perdurará! (O)

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