Que se hable claro...

- 10 de octubre de 2017 - 00:00

Hasta cuando estas líneas escribo, no existe una explicación creíble sobre las razones que tuvieron la Fiscalía y la Judicatura para disponer la prisión preventiva del vicepresidente Jorge Glas.

Según reportaje de ese gran periodista que es Francisco Herrera Aráuz, el fiscal que interviene en la causa, Miguel Jurado, estuvo involucrado en la desaparición de unos papeles de la deuda externa, de lo que se induce que carece de la probidad indispensable para intervenir en una causa tan delicada como la de este caso.

También se descomponen los ánimos cuando aparecen los máximos voceros de la derecha, como  Lasso, Nebot, Lucio, Bucaram y los autodenominados anticorreístas, aplaudiendo con frenesí las preguntas de la consulta popular, en especial, la tercera, para descartar la posibilidad del retorno del neo “gran ausente”, que aspiraba a retirarse de la política, desde su cuartel en Bélgica.

No se dan cuenta sus enemigos de que es factible que la mayoría de los ciudadanos que lo respaldaron hasta último minuto puedan alcanzar una mayoría que diga NO a la pregunta pertinente.

Por allí uno de sus fervorosos partidarios dijo que en caso de que así no sucediera, él propondría que se presente un binomio Glas-Correa.

Lo cierto es que, en materia política, nada está escrito en piedra, y todo puede suceder.

De lo antes dicho, se infiere que la demanda de los sectores que analizan la política sin pasiones antojadizas, reclaman que se hable claro respecto a lo que está sucediendo.

Esta incertidumbre se agudiza porque nadie entiende qué aconteció al interior de Alianza PAIS, para que ahora se haya producido tal desacuerdo que no tiene explicación.

No se trata de indagar quién es partidario de uno u otro bando: lo que se requiere es que se defina con absoluta transparencia cuáles son los elementos que están generando discordia entre los que estaban unidos y ahora distanciados sin fundamento admisible.

La política ecuatoriana se ha caracterizado por este tipo de desacuerdos que carecen de lógica.

A partir de la llegada al poder del binomio Correa-Moreno se sintió que había total armonía y que se enterró la tradicional disputa interna entre los dos primeros mandatarios.

Terminado el primer período, y asignada la responsabilidad a Lenín Moreno para que permanezca en Ginebra en la dependencia de la ONU, promocionando la tarea de atender a la discapacidad, el binomio Correa-Glas completaba su período con normalidad.

Sus adversarios denunciaban al Presidente por manifestar su respaldo activo a favor de Moreno.

De pronto, esa armonía se desbarata y se genera una confusión total en el panorama de la política nacional. Mientras no se hable con claridad acerca de lo que está sucediendo, vivimos sin entender lo que acontece. (O)

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