Jueves, 10 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

¿Qué le pasó a la democracia?

Antonio Quezada Pavón

Democracia fue la más exitosa idea del siglo 20 y es muy fácil entender el porqué. Las democracias son en promedio las menos susceptibles de ir a la guerra y tienen el mejor récord de luchar contra la corrupción. Filosóficamente hablando, en democracia la gente puede expresar lo que piensa y de alguna manera dar forma a su propio futuro y al de sus hijos. Es por eso que mucha gente en diferentes partes del mundo está lista a arriesgar sus vidas por esta forma de gobierno, lo cual da testimonio de su muy sostenible atractivo. ¿Por qué entonces las democracias se han metido en tantos problemas y no sabemos si será posible hacer algo para revivir esta idea? Entre 1980 y 2000 las democracias en el mundo experimentaron algunos contratiempos, pero desde 2010 tienen muchos y graves problemas reales.

Varios autócratas fueron sacados de sus posiciones de mando, pero sus oponentes fracasaron en la creación de viables regímenes democráticos. Aún en democracias muy establecidas, fallas en su sistema han llegado a ser  visiblemente muy preocupantes y que desilusionan por su muy común y compartida política errónea. Y sin embargo, hasta hace unos pocos años, la democracia parecía que iba a dominar el mundo.

Pero estoy escribiendo esta columna cuando ya se terminaron las votaciones y Donald Trump arrasa con 283 votos electorales y se convierte en el presidente del mundo (y lo siento, pero es así) y nada de lo que se ha probado de su carencia de inteligencia política, de principios y valores, ha servido para sepultarlo en la intención de voto. ¿Por qué no podría ganar? Como dice Antonio Navalón, periodista español residente en México: “El mundo se reinventa cada vez y da la impresión de que, para crecer, necesita tragedia; la tragedia está servida”.

Y continúa: “Hillary es terrible, pasarán muchos años antes de que las mujeres del mundo puedan perdonar lo que pasó”. Y en cuanto a Estados Unidos de América, “se ha puesto a jugar a la ruleta rusa en nuestra cabeza”. Y concluye: “¿Puede ganar Trump? Puede ganar, pues es el voto de la ira y puede ganar porque sin que nadie se diera cuenta, poquito a poco… casi como el amor cuando se muere o casi como un virus, para gobernar es necesaria ilusión, y hace mucho tiempo que tenemos mediocres y corruptos administradores de la desilusión”. Trump es la destrucción del sistema y parece destinado a ganar. Me cuentan que la gente llora en los pocos estados que ganó Clinton, pero ya es tarde, pues como dice Navalón: “¿Un mundo que hace esto, merece ser salvado?…Prefiero que ustedes contesten la pregunta”.

Y lo curioso es que en el año 2000 se reunieron representantes de más de 100 países en el Foro Mundial de la Democracia en Varsovia para proclamar que “la voluntad de la gente era la base de la autoridad del Gobierno”. Y un reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos declaró que a la luz de los ‘experimentos fallidos’ con formas de gobierno autoritarias y totalitarias “parecería que ahora, una larga y duradera democracia está triunfante”. Suena ahora a  una incongruente retórica. Se van a un cuerno el capitalismo y el socialismo. ¡Viva el populismo! (O)

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