¿Qué es lo que está en juego en las elecciones?

| 13 de Octubre de 2016 - 00:00

Yo vengo de una familia muy liberal; mi papá murió cuando yo era un  bebé y mi mamá, una profesora rural en esa época, me crió con una mentalidad de izquierda a pesar de haber sido lasallano hasta el bachillerato. Fue una época de mucha confusión e incongruencia, pues aprendía el dogma católico y los beneficios del capitalismo, pero leía (sin entenderlo) El Capital de Marx y las revistas Sputnik de la antigua Unión Soviética. Por algún tiempo mi mamá y mis abuelos estuvieron preocupados ante la posibilidad de que me hiciera sacerdote, nada raro en una familia de abogados, policías y por supuesto, curas.

Mi niñez en un hogar de clase media típica, no éramos realmente pobres de tal manera que no tuve chance de percatarme de lo que era pobreza extrema. En Puéllaro, de donde era mi abuelo, la pobreza no se notaba pues todos éramos de alguna manera pobres. Fue en la Politécnica cuando empecé a hacer política universitaria en la cual percibí claramente lo que era pobreza. Y surgió la pregunta. ¿Qué va a pasar con esta gente pobre en el país? ¿Y con los pobres en Latinoamérica, África, Asia  y el resto del mundo? Y empecé a buscar una respuesta de lo que les pasaría a los más pobres. ¿Su situación empeoraría o mejoraría?

Han pasado varias décadas y todavía se mantiene viva esta inquietud; más aún cuando las Naciones Unidas han fijado los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) con el fin de erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible que deberán alcanzarse en los próximos 15 años. Hay 169 metas en las que todo el mundo tendrá que hacer su parte: los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y usted mi estimado lector. No es extraño que el primer objetivo sea: Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo; y el segundo: Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.

Veamos lo que hemos hecho en el Ecuador en las últimas dos décadas. A pesar de que algunos ecuatorianos creen que la pobreza se ha vuelto peor y que hay mucha hambre en el país, la realidad es que la pobreza en el Ecuador bajó del 38% al 26% de 2006 a 2014, según las publicaciones “Reporte de Pobreza 2006-2014” y el “Mapa de Pobreza  y Desigualdad por consumo 2014” elaborado por el Banco Mundial, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) y el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de Ecuador.

De hecho, en los primeros diez años de 1995-2006 que fue una década perdida, la pobreza no se redujo, mientras que en la siguiente década 2006-2014, la pobreza disminuyó en 12.5 puntos porcentuales y la pobreza extrema por consumo pasó de 12,9% a 5,7%, es decir 7.2 puntos porcentuales. Este estudio revela también que la pobreza por necesidades básicas insatisfechas también se redujo en el mismo periodo de 52% a 35,8% y, por otro, la pobreza por ingresos se redujo de 37,6% a 22,5%. Son 1.5 millones de ecuatorianos que han superado la pobreza.

Estamos en una crisis, en el país y en todo el mundo que se agrava por la polarización política. Enfrentamos una motivación política asimétrica, es decir el fenómeno de asumir que mi ideología está basada en amor y la de los opositores ideológicos está basada en odio. Y eso es lo que realmente tenemos en juego en las próximas elecciones; gente pregonando que su partido es de oposición y está basado en benevolencia, queriendo ayudar al pueblo. Pero la otra gente del Gobierno es diabólica y trata de dañarnos. No podemos progresar en una sociedad con esta clase de asimetría. Vencer la pobreza y el hambre demanda de sentido común y de un profundo amor a la patria. (O)