Martes, 12 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

Pronta conciliación...

Alfredo Vera

Resulta incomprensible que a esta altura de la historia, la amistad de Rafael Correa con Lenín Moreno se haya resquebrajado y nadie atina a descubrir las razones de esta situación.

Después de 10 años de parecer como hermanos, se vuelven irreconciliables y nadie tiene respuesta a la pregunta: ¿cómo fue posible que algo así sucediera?
Pero es un hecho visible que no se puede ignorar,  puesto que es obvio que las cosas no andan bien, por más que pretendan, por decoro, disimularlo.

En una década, dos personas que mantienen una amistad semejante, con una mirada ya se entienden con total sencillez y no pueden romper ese nivel de vínculo sin que exista una justificación creíble de por medio.

Todo el mundo recuerda que, para el líder de Alianza PAIS, el ungido como sucesor era Lenín Moreno, y para este, el mejor Presidente de todos los tiempos era aquel; y ambos concertaron que el binomio sería Jorge Glas, sin duda.

Ahora resulta que este último es la piedra de choque para el distanciamiento de los dos y una amenaza para una ruptura al interior del movimiento.

La derecha, agobiada por la derrota, aprovecha la apertura al diálogo que formuló desde que era candidato y, desde entonces, han ido con habilidad endosándole sus proyectos y sacando provecho de la oportunidad.

El diálogo está bien si se acompaña con la ejecución de obras, porque pronto la gente va  a empezar a preguntar: ¿y dónde están las casas?

Es claro que el proyecto de la derecha es evidente: primero liquidan a Glas y después lo desbancan a Moreno.

Si ambos no se dan cuenta de esta jugarreta, el horizonte está tenebroso para el pueblo ecuatoriano, que tanto tuvo que esperar para que llegara un gobierno estable que pudiera empezar a resolver los problemas básicos de educación, salud y desarrollo agropecuario para generar fuentes de trabajo.

Están felices los testaferros que manipulan la información para convencer que el programa de la derecha era el válido para destruir la institucionalidad y lanzar la tesis de la consulta popular, a base de sembrar el odio contra Correa y beneficiarse con proyectos, como el de la billetera electrónica, la rebaja de impuestos para los ricos y gestar un paquetazo para el pueblo inmovilizado.

Si esta lógica es evidente, la conciliación de la cúpula de Alianza PAIS se vuelve mucho más factible y solo es cuestión de proponérselo.

Ojalá esta alerta temprana sea producto de equivocada suspicacia. Caso contrario, que los conductores de este proceso encuentren los mecanismos para una saludable, franca y frontal conciliación.

Hasta hoy los hechos que salen a flote revelan que hay muchos dimes y diretes, cuando lo que se necesita, y esperan los electores, es una dinámica de acción.

Las grandes masas no se alimentan con palabras, sino con acciones concretas, ejecutadas con limpieza, transparencia y manos limpias. (O)

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