Miércoles, 19 Abril 2017 00:00 Columnistas

Primero lo más importante

Lucrecia Maldonado

El problema es cuando no se sabe qué es. ¿La paz del país? ¿Que dejen de molestar? ¿La transparencia? ¿La institucionalidad? ¿Qué mismo es lo más importante en este momento? ¿El capricho de unos pocos? ¿La verdad? ¿Cuál verdad? En la desesperación de los candidatos perdedores por demostrar que se ha producido un fraude, y dando muestras de una madurez quizás exagerada en este tipo de circunstancias, el Consejo Nacional Electoral se ha ido allanando poco a poco a los antojadizos pedidos de los candidatos derrotados en las elecciones, como nunca.

Y quizás en un afán de mantener la paz y de no victimizar ni ceder a provocaciones, se les ha permitido un accionar más allá de lo aceptable. Pero ellos quieren más.

Convocan por redes a ‘salir a las calles’, un procedimiento que de suyo puede significar muchas cosas. Salir a las calles, ¿para qué? Para protestar. ¿Por qué? Alguien iba a salir a las calles, según se daba a entender en una convocatoria al pueblo, a protestar si ganaba Lenín. Así, tal cual. O sea, no solo los pájaros contra las escopetas, sino que salgo a protestar si no sucede lo que se me antoja. Salir a las calles a obstruir el tránsito. Salir a las calles a gritar. Salir a las calles a linchar a Eloy Alfaro. Salir a las calles a calentarlas. A quemar llantas. A confrontarse con los que no piensan igual.

Una de las falacias que circulan ahora por todas partes es que es el presidente Correa quien ha dividido al país. Y hay quienes, de buena fe, e ingenuamente, se la creen. Correa dividió al país en ‘pelucones’ y ‘despeinados’. Pero no es así. Este país, como casi todos los de América, siempre estuvo dividido entre los que medraban y los que les ayudaban a medrar, pero no medraban medio milímetro. Lo que sucede es que cuando los segundos comienzan a ser atendidos, a despertar y a darse cuenta de que aquel estado de cosas no es natural ni voluntad de los dioses, entonces protestan, conocen sus derechos y los reclaman… y se produce la temida ‘división’, que no es más que una ruptura del statu quo. Otras falacias ya han sido suficientemente atendidas. Otra es la que reza que este ha sido el gobierno más corrupto de la historia de este país.

Se cae de su peso, pero además sorprende la facilidad con que eso se afirma, como si fueran niños de 10 años cuyos padres jamás mencionaron un solo acontecimiento del pasado.

En actitud no de niños malcriados, sino de perversos que no van a facilitar la solución de ninguna manera, los derrotados en las elecciones continúan cruzados de brazos, entorpeciendo la vida normal del país. Y mientras esta disputa de la sinrazón se instala en nuestra historia patria, en el Austro (y en todo el territorio nacional) ya se acercan peligrosamente a una decena las mujeres desaparecidas y asesinadas. Eso, y no otras cosas, tendría que ser lo más importante. (O)

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense