Jueves, 15 Diciembre 2016 00:00 Columnistas

Por culpa de la plusvalía

Tatiana Hidrovo Quiñónez

Primera historia: La niña madrileña-portovejense, dormía meciéndose sobre su breve vida. Al despertar dijo: -Soy Mayte, desde que nací voy y vengo, porque soy un ave voladora. Pero ahora regreso para siempre y no podré volver por culpa del Banco Caixa, que nos quitó el piso. Llegaré a casa de mi abuelo, ahí estaré hasta que crezca y pueda ver nuevamente a mi madre. Ella dice que le quitará al Caixa nuestra casa y volveremos a dormir juntas. El Banco Caixa miente, mi mamá no le debe dinero, ya se lo dimos todo-.

Segunda historia: En los años 2000 una familia portovejense de ingresos medios entró en crisis. Migró a Estados Unidos, donde rápidamente los padres lograron trabajos medianamente remunerados, al mismo tiempo que accedieron a créditos, provocando la admiración de los amigos, por materializar tan rápidamente el sueño americano. Adquirieron tres casas para alquilarlas y vivir de las rentas, una de las cuales tenía un precio de $ 400.000.

En etapas paralelas, tanto en Estados Unidos como en España (1997-2007), la banca impulsó una falsa economía. Para ganar dinero, la banca española entregó créditos caros para viviendas, al mismo tiempo que se producía una especulación del suelo y las inmobiliarias, articuladas a los mismos grupos financieros, subieron los precios de los departamentos hasta alcanzar niveles irreales, que no correspondían a la inversión. Cuando el círculo de la especulación llegó a su tope y se incrementó el desempleo, la gente no pudo pagar las cuotas. Entonces los bancos, por medio de la fuerza pública, desalojaron a la gente de sus casas y departamentos. Miles de españoles y ecuatorianos se quedaron sin su refugio familiar, aunque sobraban espacios vacíos imposibles de revender, por la contracción. En Estados Unidos, la ‘burbuja’ también profundizó las contradicciones, generó desempleo y fue difícil pagar las deudas. La familia portovejense perdió sus tres casas; ahora los padres viven solos en un lugar impropio.

Actualmente se considera que la plusvalía es la ganancia sobredimensionada que se obtiene a partir del incremento del precio de un bien, sin que medie trabajo alguno. En la cultura capitalista formal se asimila como moral una plusvalía que corresponda al interés anual que rige el mercado. El capitalismo salvaje busca obtener ganancia de cualquier forma, aunque sea inmoral y no provenga del trabajo, sino de la especulación. A su vez la especulación financiera es el juego mediante el cual se busca obtener más dinero y reproducir el capital por medio del azar y sin que medie esfuerzo humano. La especulación no solo es inmoral, sino que además enferma más al sistema económico, que es de por sí contradictorio; provoca grandes pérdidas, incluso a los propios ricos, sea porque en su momento se deprecian los bienes de su propiedad, o en otros casos, las acciones de sus empresas.

Seamos sensatos y racionales: toda medida que evite el predominio de la especulación en la dinámica de la economía nacional y mundial es necesaria, por el bien de todos y todas. Los que viven de la especulación deben reconocer que viven en una sociedad y no en un mundo de ermitaños económicos. Al final de cuentas, una medida contra las plusvalía desmedida, no es per se una mera respuesta ideológica, sino una acción responsable, ante la advertencia de la historia.

¿Qué será de la vida de Mayte, el ave voladora? Han pasado tres años desde aquel viaje en el que ella se dibujó a sí misma, como un pájaro que atravesaba el océano. No sabemos si se reencontró con su madre; solo hemos constatado que el Banco Caixa todavía existe. (O)

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